Quejas sobre el Gimnasio Municipal de Guía
Nos envían la siguiente queja que creemos importante publicar. Ojo NorteGranCanaria no se hace responsable de las palabras aquí escritas. 
 
El gimnasio municipal del excelentísimo ayuntamiento de Santa Maria de Guía es un Pasillo de un polideportivo desde hace más de 15 años.
 
Maquinaria que supera los 25 años de antigüedad.
 
Maquinas que chirrían y están llenas de oxido y se rompen con solo mirarlas.
 
Los usuarios no pueden escuchar una música ambiental como en cualquier otro gimnasio, porque comparten el polideportivo con otras actividades deportivas, pero si tienen  que aguantar gritos y chillidos de dichas actividades.
 
Cuando hay competición o partido de alguna de estas actividades cierran el gimnasio.
 
El engaño de hace unos años de decir que el gimnasio iba a estar situado en un nuevo local que el ayuntamiento había comprado pero al final se usó para otro fin.
 
Mal mantenimiento y mala limpieza.
 
Ningún tipo de aireación ni ventilación
 
Entrenar bajo unas planchas viejas que cuando hace calor es una sauna.
 
Los usuarios que llevamos ya muchos años aquí estamos ya cansados y no aguantamos más el servicio prestado. O buscan un solución YA. O la buscaremos nosotros.
 
Extraída la noticia de:  FACEBOOK
 
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Eduardo García Benítez
Noticias Culturales
NGC

Eduardo García Benítez: El poeta que aprendió a sembrar versos sobre la piel

Bajo el antiguo pseudónimo de E. Savinien, el escritor aruquense ha cautivado a miles de lectores. Hoy, despojado de su máscara, nos revela la mirada profunda detrás de una de las líricas más apasionadas de la literatura canaria actual. Hay nombres que se escriben con tinta y otros que se graban a fuego. Durante mucho tiempo, en los círculos literarios y en los rincones más románticos de la red, circulaba un nombre que parecía rescatado de una novela del siglo XIX: E. Savinien. Se trataba de una voz enigmática, una suerte de «héroe romántico» moderno que llegaba a los corazones con una delicadeza casi quirúrgica, pero de quien poco se sabía más allá de su capacidad para conmover. Sin embargo, el misterio ha dado paso al hombre. Detrás de esa estela de romanticismo se encuentra Eduardo García Benítez, un poeta natural de Arucas que ha decidido que ya es hora de poner rostro a la palabra. Y lo hace con unos ojos negros, profundos, que parecen captar cualquier atisbo de belleza o melancolía que flote en el aire, transformándolo inmediatamente en métrica y sentimiento. Una poética de la siembra Lo que diferencia a García Benítez de otros autores contemporáneos es su fisicidad. Eduardo no escribe al amor como un concepto abstracto o lejano; su poesía se siente, se toca y se padece. Posee la extraña habilidad de sembrar versos con la misma precisión y urgencia con la que se siembran besos. En su obra, la piel es el lienzo y la palabra es el surco. Hay una conexión telúrica en su estilo, quizás heredada de esa Arucas de piedra y verde, que le permite hablar de la pasión sin caer en el cliché. Sus poemas son, en esencia, encuentros: Pasión sin filtros: Una entrega absoluta que no teme a la vulnerabilidad. Dualidad: El equilibrio perfecto entre la elegancia del antiguo Savinien y la honestidad cruda de García Benítez. Identidad: El arraigo a su tierra como motor de una sensibilidad universal. El rostro tras la rima Conocer a Eduardo es comprender que su poesía no es un disfraz, sino una extensión de su propia mirada. Al dejar atrás el refugio del pseudónimo, el poeta no solo nos regala sus textos, sino su transparencia. Esos «maravillosos ojos negros» de los que hablan quienes le conocen no son solo un rasgo físico, sino el espejo de alguien que no permite que la poesía pase de largo sin ser invitada a quedarse. En un mundo digital saturado de textos vacíos y sentimientos prefabricados, la irrupción de Eduardo García Benítez es un recordatorio de que el romanticismo no ha muerto; simplemente estaba esperando a que alguien con la valentía suficiente volviera a sembrarlo con la punta de los dedos. Arucas tiene en Eduardo una voz que no dejará indiferente a nadie. Porque, al final del día, todos buscamos a alguien que sepa leernos la piel como si fuera un libro abierto.