Quienes compartimos nuestra vida con un animal sabemos que son un miembro más de la familia. Por eso, cuando enferman, la incertidumbre y la falta de respuestas se convierten en una de las experiencias más angustiosas que se pueden vivir. Esta es nuestra historia y, sobre todo, nuestro agradecimiento al equipo que lo cambió todo.
Un año de dudas sin respuesta
Durante un año entero, confiamos en nuestro veterinario de siempre. Llevábamos a nuestro perrito preocupados por sus analíticas, que mostraban constantemente niveles altos en hígado y riñones. Sin embargo, la respuesta médica se limitaba a recetar medicación y realizar un par de escáneres rutinarios.
Nunca se nos propuso realizar un TAC para ir más allá de los síntomas y buscar la raíz real del problema. Hoy, con el diagnóstico en la mano, la pregunta que nos hacemos como familia es inevitable y dolorosa: ¿Por qué nuestro veterinario no hizo esto antes? ### El punto de inflexión: La llegada a AniCura Albea
Movidos por la intuición y el deseo de ayudar a nuestro compañero, decidimos acudir a AniCura Albea Hospital Veterinario Universitario. Desde el primer momento en que cruzamos la puerta, el enfoque fue completamente distinto.
En menos de una semana, el equipo médico hizo lo que no se había hecho en doce meses de visitas previas. Con las pruebas diagnósticas adecuadas y un criterio clínico impecable, por fin supimos a qué nos enfrentábamos: nuestro perrito tenía un tumor en el hígado. Fue una noticia dura, pero por primera vez en un año, teníamos un diagnóstico claro y un plan a seguir.
Un equipo humano extraordinario
No es solo la tecnología avanzada o la rapidez lo que hace excepcional a este hospital, sino la empatía y la calidad humana de quienes trabajan allí. Actualmente, nuestro perrito está en tratamiento con ellos y, sin dudarlo, se han convertido en nuestros veterinarios de confianza para siempre.
Queremos dejar constancia de nuestro más profundo agradecimiento a todo el engranaje que hace funcionar a este hospital. Gracias a todo el personal administrativo y a los auxiliares, que son el primer rostro amable en momentos de nervios.
Y, por supuesto, una mención muy especial y llena de gratitud a los veterinarios y miembros del equipo que nos han acompañado en este proceso: Amanda, Clara, Jaime, Nisamar, Ithaisa, Ana, Sara, Marta, Sheila, María José, Elizabeth y Eligia. A todos ellos, y a los que trabajan entre bambalinas: gracias.
Gracias a su profesionalidad, no solo dieron con lo que nuestro perrito tenía, sino que han conseguido algo invaluable para nosotros: darnos un hilo de esperanza para luchar a su lado.
Gracias, gracias de corazón.
