210726 Formación En Soporte Vital Avanzado A Pacientes Con Ictus
210726 Formación En Soporte Vital Avanzado A Pacientes Con Ictus
Profesionales del SUC actualizan sus conocimientos en Soporte Vital Avanzado para atender a pacientes con ictus
  • Médicos y enfermeros que trabajan en la sala de emergencias, recursos aéreos y terrestres, así como en los servicios de urgencias sanitarios profundizan en los nuevos protocolos de actuación
La atención precoz y especializada a los pacientes que sufren un ictus es uno de los factores más importantes para reducir la mortalidad y las secuelas neurológicas asociadas a esta enfermedad. Con este objetivo, el Servicio de Urgencias Canario (SUC), dependiente de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, organizó una jornada de formación especializada en Soporte Vital Avanzado (SVA) orientada a mejorar la atención prehospitalaria de las personas afectadas por esta patología.
 
La actividad formativa reunió a médicos y enfermeros del SUC que desarrollan su labor en la sala de emergencias y/o en los recursos aéreos y terrestres, así como profesionales sanitarios que trabajan en los servicios de urgencias hospitalarios y de los centros de salud de Atención Primaria de las provincias de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas.
 
Durante la jornada, los profesionales sanitarios actualizaron sus conocimientos sobre los nuevos protocolos de actuación dentro del Código Ictus y profundizaron en los signos claves para identificar a los pacientes con sospecha de esta enfermedad.
 
Junto a la valoración inicial, estabilización y su traslado urgente a los hospitales de referencia, los profesionales sanitarios coinciden en que el trabajo en equipo y la aplicación de unos procedimientos homogéneos entre todos los miembros de la cadena asistencial permite optimizar los tiempos de respuesta y mejorar el pronóstico de los afectados.
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España, Campeona Del Mundo
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España, campeona del mundo “cuando un país entero cambia de rumbo”

La noche de Nueva York quedó suspendida en un instante que ya pertenece a la historia. España ganó el Mundial con justicia, con talento y con una serenidad que solo muestran los equipos que saben quiénes son y hacia dónde navegan. Antes de entrar en materia, corresponde —como buen gesto de gratitud nacional— felicitar a todos los que hicieron posible este triunfo; jugadores, cuerpo técnico, médicos, analistas, utilleros, y también a esa afición que, desde cada rincón del país, empujó como un viento favorable que jamás dejó de soplar. A todos ellos, gracias. Porque lo que lograron no es solo un título; es una página luminosa en la memoria colectiva de un país que, por unas horas, volvió a sentirse unido, orgulloso y capaz de todo. “La mente humana: grandeza, pequeñez y el misterio de lo colectivo” Hay fenómenos que revelan la grandeza de la mente humana, y otros que muestran su fragilidad. El fútbol —ese juego aparentemente simple— es uno de los espejos más nítidos donde ambas dimensiones se reflejan. Resulta fascinante observar cómo un acontecimiento deportivo puede alterar el estado emocional de millones de personas, modificar su percepción del futuro, influir en la política e incluso afectar a la economía de un país. No es exageración; es psicología social, es neurociencia, es sociología, es economía conductual. Y es, sobre todo, humanidad. Un partido de fútbol, incluso uno tan decisivo como la final de un Mundial, no debería tener la capacidad de mover el ánimo de una nación entera. Pero lo hace. Y lo hace porque la mente humana —esa brújula a veces precisa, a veces caprichosa— responde con intensidad a los símbolos, a las narrativas compartidas, a la sensación de pertenencia. Somos seres que necesitan historias para orientarse, igual que un capitán necesita estrellas para trazar su derrota. “El oleaje emocional de un país” Cuando España ganó en Nueva York, el país experimentó un fenómeno que los psicólogos llaman “elevación colectiva”; una mezcla de orgullo, alivio, esperanza y euforia que se propaga como una ola. Esa ola tiene efectos reales “En la política”, porque los gobiernos —todos, sin excepción— saben que el estado emocional de la ciudadanía influye en la percepción de la gestión pública. Un país feliz es un país más tolerante, más paciente, más dispuesto a escuchar. “En la economía”, porque la confianza es un motor tan poderoso como el capital. Tras grandes triunfos deportivos, el consumo suele aumentar, las inversiones se aceleran y el PIB registra pequeños repuntes. No por magia, sino porque la gente cree que las cosas van a ir mejor. “En la cohesión social”, porque por unas horas desaparecen las diferencias, las tensiones, los agravios. El país se convierte en un barco donde todos reman al mismo compás. Es sorprendente, sí. Pero también profundamente revelador. “¿Grandeza o pequeñez?” Aquí surge la pregunta esencial: ¿Es grandeza de la mente humana que un partido de fútbol pueda elevar el ánimo de millones? ¿O es pequeñez que algo tan trivial pueda influir en la política o en la economía? La respuesta, como casi siempre en la vida, es doble. “Es grandeza” porque demuestra nuestra capacidad para emocionarnos juntos, para compartir símbolos, para sentirnos parte de algo mayor que nosotros mismos. Esa es la base de toda cultura, de toda nación, de toda comunidad. Pero también “es pequeñez” porque revela nuestra vulnerabilidad ante estímulos que, racionalmente, no deberían tener tanto peso. La mente humana es un barco magnífico, pero a veces demasiado sensible al oleaje. “El rumbo que marca una victoria” Un triunfo como el de España en Nueva York no cambia por sí solo el destino del país. Pero sí cambia el ánimo, y el ánimo es el viento que mueve las velas de la política, de la economía y de la vida cotidiana. No es casualidad que los grandes momentos deportivos coincidan con repuntes de optimismo nacional, con mejoras en la percepción internacional y con un aumento del sentimiento de unidad. La victoria no es solo deportiva; es simbólica. Y los símbolos, en la historia de los pueblos, han movido montañas. España, tras este Mundial, navega con un viento nuevo. No es un viento permanente —ningún viento lo es—, pero sí es un viento aprovechable. Y dependerá de nosotros, como sociedad, decidir si lo usamos para avanzar o si dejamos que se pierda en la mar abierta. “Como conclusión final, puedo afirmar que, aquí la mar ejerce como metáfora de un país que avanza” La mente humana es como la mar; vasta, profunda, imprevisible. A veces calma, a veces tempestuosa. Capaz de reflejar el cielo con una belleza serena, y capaz también de desatar tormentas que cambian el rumbo de los barcos. El triunfo de España en Nueva York es una ola. Una ola hermosa, poderosa, luminosa. No durará eternamente, pero mientras dure, conviene aprovecharla para remar con más fuerza, para creer un poco más en nosotros mismos, para recordar que un país “ESPAÑA”, es, al final, una tripulación que necesita ánimo, confianza y horizonte. Y ayer, España vio el horizonte más claro que en mucho tiempo, y a mi solo me resta decirle a su selección y al mejor estilo marinero: “¡Buena guardia compañero! Y cuando estés de guardia, no olvides el sueño del piloto…Si cierras un ojo abre el otro, porque tú como los viejos lobos de mar sabemos, que durante la navegación … ¡Casos se han dado! ¡Qué cosas!