Duque De Ahumada Gran Canaria Copia
Duque De Ahumada Gran Canaria Copia
El buque oceánico de la Guardia Civil “Duque de Ahumada” visitará las Islas Canarias la próxima semana
  • La ciudadanía tendrá la oportunidad de visitar el buque y conocer de cerca el trabajo que realiza el Servicio Marítimo de la Guardia Civil
  • Con motivo de esta visita, se celebrarán Jornadas de Puertas Abiertas con visitas guiadas en los siguientes Puertos, horarios y fechas:
    • En el Puerto de Las Palmas (Gran Canaria):
      • 14 de mayo de 17:00 a 19:00 h
      • 15 de mayo de 09:30 a 12:00 h y de 17:00 a 19:00 h
    • En el Puerto de Arrecife, Muelle de los Mármoles (Lanzarote):
      • 16 de mayo de 09:30 a 12:00 h y de 17:00 a 19:00 h

El nuevo buque oceánico multipropósito de la Guardia Civil “Duque de Ahumada”, realizará varias escalas técnicas en dos Puertos de la provincia de Las Palmas: 14 y 15 de mayo en el Puerto de Las Palmas (Gran Canaria) y 16 de mayo en el Puerto de Arrecife, Muelle de los Mármoles (Lanzarote).

La visita será realizada por orden de llegada, hasta completar el aforo en la zona de entrada. Las visitas serán guiadas por los guardias civiles del Servicio Marítimo que prestan servicio en el propio buque “Duque de Ahumada”, quienes explicarán el trabajo que realizan desde dicha embarcación. Se aconseja que las visitas se realicen con calzado cómodo.

El buque oceánico “Duque de Ahumada”

En septiembre del pasado año se hizo entrega de este nuevo buque oceánico multipropósito a la Guardia Civil. Fue construido en los astilleros Armón de Vigo, pasando a formar parte de la flota de embarcaciones del Servicio Marítimo de este Cuerpo, siendo este el de mayor tamaño. El buque tiene unas dimensiones de 82,15 metros de eslora, 14 de manga y 4,7 de calado, contando con

 

helipuerto, cinco cubiertas, un ROV (vehículo sumergible operado remotamente) para tareas de inspección y búsqueda subacuática, drones de vigilancia aérea y dos embarcaciones rígidas para interceptación y rescate. Tiene capacidad para 56 tripulantes que se distribuirían en 35 camarotes, y una sala de náufragos habilitada para más de 100 personas, dotada de espacio separado para mujeres y niños. Además, está equipado con una enfermería y espacio hospitalario con posibilidad de transmisión directa de telemedicina con Madrid. Su capacidad operativa sin tocar puerto se puedo alargar hasta 30 días, con una autonomía de

11.000 millas (20.400 km.), lo que amplía el radio y la duración de las misiones. El equipamiento incluye sistemas de navegación y comunicaciones de última generación. Las misiones principales asignadas a este buque, dentro de la Unidad del Grupo Marítimo del Estrecho (Cádiz), son la lucha contra el narcotráfico y crimen organizado, inmigración irregular, funciones de Policía Judicial y Gubernativa, inspección de buques y embarcaciones de pesca y recreativas, lucha contra la contaminación marina y contra el expolio arqueológico marino, así como operaciones de control y rescate en alta mar.

Este buque ha participado recientemente en dos grandes operaciones de intervención de cocaína en el Atlántico: la operación Abisal con el mayor alijo de cocaína de la historia, 30 toneladas, y la operación Alfa-Lima con 11 toneladas intervenidas y 8,5 de hachís en un despliegue de 14 días consecutivos.

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NGC

Almaraz: la batalla que el Gobierno no quiere mirar de frente

Un cierre entre la política, la economía y el destino de una comarca entera En el corazón del Campo Arañuelo, donde la niebla matinal se funde con el vapor blanco de las torres de refrigeración, la central nuclear de Almaraz sigue latiendo con la fuerza de siempre, como si el tiempo no corriera en su contra. Pero lo hace. Su desmantelamiento previsto, grabado a fuego en el calendario del apagón nuclear español, ha desatado un vendaval que va mucho más allá de una simple desconexión eléctrica: es el vivo reflejo de las costuras rotas entre la política de despacho, la economía real y el abandono del territorio. Mientras Moncloa insiste en que estamos ante una transición “ordenada y responsable”, desde las instituciones europeas hasta los ingenieros y los propios vecinos se preguntan si esto obedece a criterios técnicos objetivos o si, por el contrario, nos encontramos ante un empeño puramente ideológico con un coste social incalculable. El severo tirón de orejas de Bruselas Desde mi punto de vista, este empeño por clausurar Almaraz apesta a esa política de postureo que tanto gusta a nuestro actual «gobierno social-comunista», empeñado en presumir de un ecologismo de salón que choca frontalmente con el sentido común. Y no lo digo yo; lo advierte la propia Bruselas. Que la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo se pronuncie con semejante contundencia sobre una infraestructura nacional es un hecho insólito. En su informe, los eurodiputados no se andaron con rodeos: señalaron directamente que el cierre parece responder a motivaciones políticas y dogmáticas —impulsadas sobre todo por los socios comunistas de Podemos— antes que a razones técnicas o de seguridad. El rapapolvo europeo se sostiene sobre tres pilares demoledores: Falta de rigor: España no ha presentado una evaluación de impacto integral que justifique prescindir de la central. Incoherencia comunitaria: La decisión contradice la propia taxonomía verde de la Unión Europea, que reconoce a la energía nuclear como una tecnología clave de transición. Déficit democrático: El Ejecutivo de Pedro Sánchez, haciendo gala de su habitual soberbia, ha obviado un diálogo transparente y suficiente con las administraciones regionales y locales afectadas. En Bruselas, que de tontos no tienen un pelo, tienen claro que esto es política pura y dura. Y lo más sangrante es que ocurre en un momento donde el resto de Europa, escarmentada por las recientes crisis energéticas, se aferra a la nuclear para blindar su mix energético. Pero claro, la facción de la «izquierda eco-pija» que se sienta en el Consejo de Ministros grita mucho aunque razone poco. Sospecho, de hecho, que en el ala socialista del Gobierno más de uno se echa las manos a la cabeza en privado, pero no se atreven a rechistar a sus socios de coalición. Los temen más que a Mohamed VI con las famosas grabaciones secretas obtenidas del móvil de Sánchez a través de Pegasus. ¿Es rentable cerrar Almaraz? La guerra de los despachos Si la política polariza, la economía tampoco pacifica el debate. Los informes vuelan de un lado a otro como armas arrojadizas. Por un lado, el estudio elaborado por la URJC y la UPC para Greenpeace defiende que el apagón es «económicamente racional», asegurando que el 96,4% de la producción de Almaraz podría sustituirse con renovables en los primeros compases, evitando retrasar inversiones limpias. Presentan el cierre como una supuesta oportunidad de oro. Por el otro, chocamos con la cruda realidad técnica. El Consejo General de Ingenieros Industriales y otros organismos de prestigio —gente seria, no profetas de pancarta— recuerdan que la nuclear es una fuente barata, estable y libre de emisiones de CO₂. Advierten que apagar Almaraz nos obligará a quemar más gas, disparando tanto la factura como la contaminación. Para rematar, un demoledor informe de la consultora PwC avisa de lo de siempre: la factura de esta fiesta no la pagarán las eléctricas; recaerá, euro a euro, sobre los hombros de los consumidores. Al final, la pregunta del millón no es si Almaraz es rentable, sino qué modelo energético queremos financiar y a costa de quién. El drama humano: la vida más allá del Excel Como humanista convencido, a mí lo que realmente me quita el sueño es el factor humano. Detrás de los gráficos de barras y las tablas de Excel hay vidas de carne y hueso. Almaraz sostiene, de forma directa e indirecta, más de 4.000 puestos de trabajo. Familias enteras que solo piden ganarse el pan con dignidad y mantener un nivel de vida que ya quisieran para sí esos soñadores «eco-jetas» de camiseta del Che Guevara, que tanto adoran el comunismo caribeño pero que no se van a vivir bajo la bota de la dictadura cubana ni locos; prefieren disfrutar de las bondades del «terrible capitalismo degradador». A toda esa comparsa habría que explicarles que cerrar la central dinamitará un tejido empresarial del que depende una comarca entera, cuya renta per cápita es un 12% superior a la media extremeña gracias a la planta. En los bares de Navalmoral de la Mata, en los comercios de Almaraz, la pregunta es desgarradora: «¿Y ahora qué?» ¿Irán los líderes de la izquierda progre a pagar la universidad de sus hijos o a llenarles la nevera? Los alcaldes de la zona no quieren palabras bonitas ni las típicas promesas de Pedro Sánchez que luego acaban en un «cambio de opinión». Exigen un plan de reindustrialización real. Temen, con toda la razón del mundo, que la comarca se convierta en otro erial de prejubilaciones y olvido, calcando las nefastas gestiones que ya sufrimos con el fin del carbón. En cometer semejantes pifias, este Ejecutivo es verdaderamente doctor. Hablando con amigos de la zona, la sentencia común es unánime: «Julio, esto no es una decisión energética, es una condena social». Una transición sin rumbo Prescindir de Almaraz ahora, cuando aporta cerca del 7% de la electricidad nacional, es jugar a la ruleta rusa con el suministro del país. Sin embargo, en el Consejo de Ministros prefieren mirar hacia otro lado. Mientras no se pongan de acuerdo