El sábado 28 de octubre se llevará a cabo una nueva repoblación en la Montaña de Firgas con  motivo de la Ruta Doramas

Por decimoquinto año consecutivo, y como compensación a la HUELLA ECOLÓGICA de la carrera por montaña RUTA DORAMAS – Trofeo Loype en los Espacios Naturales Protegidos del Parque Rural de Doramas y especialmente, en la Reserva Natural Especial de Azuaje, se llevará a cabo por parte del Club de Montaña de Firgas – CLUMONFIR, organizadores de la Ruta Doramas, una repoblación forestal con especies de Monteverde y Termófilo en la ladera oeste de la Montaña de Firgas, en las cercanías del conocido como Llano de la Majada, contando con la colaboración del colectivo LA VINCA Ecologistas en Acción y del Ayuntamiento de la Villa de Firgas.

“Ya son quince años consecutivos en los que se viene desarrollando esta acción medioambiental de compromiso con la naturaleza, continuando con la dinámica de implicación ciudadana en la tarea de reverdecer la Villa de Firgas, y aportar nuevos esfuerzos para la recuperación de la Selva de Doramas, el legendario bosque de Laurisilva que antiguamente poblaba las medianías del norte de nuestra isla de Gran Canaria, y que en la actualidad se encuentra reducido a poco más de un 1% de la superficie original”.

Desde el año 2009 hasta la actualidad, en las diferentes repoblaciones llevadas a cabo (Las Huertecillas, Barranco de Azuaje y distintas ubicaciones en la Montaña de Firgas), se han plantado aproximadamente unas seis mil plantas, vinculadas dichas plantaciones a este evento deportivo y a su compromiso con la defensa de la naturaleza.

Para este año 2023, se ha vuelto a convocar la repoblación de la Huella Ecológica, estando prevista su celebración el sábado 28 de octubre, siendo el punto de encuentro a las 9.00 horas en la Plaza de San Roque (Firgas), desde donde las personas participantes se desplazarán a la zona conocida como Llano de la Majada, en la cara oeste de la Montaña de Firgas, para realizar la plantación de unas trescientas nuevas plantas a repoblar en la zona, proceder al riego de lo plantado en esta edición, y si fuese necesario eliminación de flora exótica invasora que se está extendiendo por algunas zonas del espacio natural.

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Eduardo García Benítez
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Eduardo García Benítez: El poeta que aprendió a sembrar versos sobre la piel

Bajo el antiguo pseudónimo de E. Savinien, el escritor aruquense ha cautivado a miles de lectores. Hoy, despojado de su máscara, nos revela la mirada profunda detrás de una de las líricas más apasionadas de la literatura canaria actual. Hay nombres que se escriben con tinta y otros que se graban a fuego. Durante mucho tiempo, en los círculos literarios y en los rincones más románticos de la red, circulaba un nombre que parecía rescatado de una novela del siglo XIX: E. Savinien. Se trataba de una voz enigmática, una suerte de «héroe romántico» moderno que llegaba a los corazones con una delicadeza casi quirúrgica, pero de quien poco se sabía más allá de su capacidad para conmover. Sin embargo, el misterio ha dado paso al hombre. Detrás de esa estela de romanticismo se encuentra Eduardo García Benítez, un poeta natural de Arucas que ha decidido que ya es hora de poner rostro a la palabra. Y lo hace con unos ojos negros, profundos, que parecen captar cualquier atisbo de belleza o melancolía que flote en el aire, transformándolo inmediatamente en métrica y sentimiento. Una poética de la siembra Lo que diferencia a García Benítez de otros autores contemporáneos es su fisicidad. Eduardo no escribe al amor como un concepto abstracto o lejano; su poesía se siente, se toca y se padece. Posee la extraña habilidad de sembrar versos con la misma precisión y urgencia con la que se siembran besos. En su obra, la piel es el lienzo y la palabra es el surco. Hay una conexión telúrica en su estilo, quizás heredada de esa Arucas de piedra y verde, que le permite hablar de la pasión sin caer en el cliché. Sus poemas son, en esencia, encuentros: Pasión sin filtros: Una entrega absoluta que no teme a la vulnerabilidad. Dualidad: El equilibrio perfecto entre la elegancia del antiguo Savinien y la honestidad cruda de García Benítez. Identidad: El arraigo a su tierra como motor de una sensibilidad universal. El rostro tras la rima Conocer a Eduardo es comprender que su poesía no es un disfraz, sino una extensión de su propia mirada. Al dejar atrás el refugio del pseudónimo, el poeta no solo nos regala sus textos, sino su transparencia. Esos «maravillosos ojos negros» de los que hablan quienes le conocen no son solo un rasgo físico, sino el espejo de alguien que no permite que la poesía pase de largo sin ser invitada a quedarse. En un mundo digital saturado de textos vacíos y sentimientos prefabricados, la irrupción de Eduardo García Benítez es un recordatorio de que el romanticismo no ha muerto; simplemente estaba esperando a que alguien con la valentía suficiente volviera a sembrarlo con la punta de los dedos. Arucas tiene en Eduardo una voz que no dejará indiferente a nadie. Porque, al final del día, todos buscamos a alguien que sepa leernos la piel como si fuera un libro abierto.