14 abril 2026 11:21 am
Casa De La Cultura 1
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La Villa de Moya se convierte en municipio piloto del programa ‘Polo Canario de Desarrollo Cultural y Creativo’
  • Un proceso de análisis y planificación participativa con el que conocer la realidad cultural del municipio y definir una estrategia para los próximos años 

  • “Es una oportunidad para seguir fortaleciendo la identidad de nuestro municipio. Nos permitirá afinar nuestra programación y reafirmar nuestro compromiso con la cultura”, destaca el alcalde, Raúl Afonso

El Ayuntamiento de la Villa de Moya, a través del Área de Cultura, ha puesto en marcha el proyecto “Diagnóstico y Plan de Acción Cultural de la Villa de Moya”, un proceso de análisis y planificación participativa que permitirá conocer en profundidad la realidad cultural del municipio y definir una estrategia común para los próximos años.

Este proyecto se enmarca dentro del programa “Polo Canario de Desarrollo Cultural y Creativo” del Gobierno de Canarias y está financiado por el Instituto Canario de Desarrollo Cultural (ICDC), entidad pública adscrita al área de Cultura. La Villa de Moya ha sido seleccionada como municipio piloto para el desarrollo de este modelo de planificación cultural local, con el objetivo de generar una experiencia replicable en otros municipios del Archipiélago.

“En la Villa de Moya llevamos años apostando por la descentralización de la cultura y ahora tenemos una oportunidad para seguir fortaleciendo la identidad de nuestro municipio y poner en valor el talento, la creatividad y la participación ciudadana. Este programa nos permitirá afinar nuestra planificación para continuar acercándola hasta nuestros vecinos y reafirmar nuestro compromiso con la cultura”, resalta el alcalde, Raúl Afonso. 

El estudio está siendo desarrollado por un equipo interdisciplinar de profesionales vinculados a la cultura, la educación y la gestión pública, con el impulso y la implicación del Ayuntamiento de la Villa de Moya, a través de la concejalía de Cultura. “Estamos trabajando mano a mano con los técnicos con el objetivo de que este diagnóstico sea una herramienta útil para construir entre todos una cultura más viva, participativa y conectada con la identidad de la Villa de Moya”, añade el concejal de Cultura, Octavio Suárez. 

El diagnóstico contempla cinco fases de trabajo: 1.- Investigación documental y análisis de políticas culturales previas; 2.- Mapeo y cartografía cultural, identificando infraestructuras y agentes locales; 3.- Procesos participativos mediante entrevistas, talleres y una encuesta ciudadana anónima; 4.- Diagnóstico estratégico con identificación de fortalezas, debilidades y oportunidades; 5.- Plan de acción cultural, que incluirá ejes, líneas y proyectos para el desarrollo cultural sostenible del municipio.

Ahora, se anima a la ciudadanía a que participe activamente en este proceso, aportando su visión y propuestas a través de la siguiente encuesta cultural: https://forms.gle/S9FKxaNcmamGrkN89

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Un primer paso por Olga Valiente

Mateo no quería convertirse en héroe ni dedicar sus días a salvar princesas. Él quería conquistar planetas. Mientras sus primos y amigos se aprendían los nombres de los dinosaurios, jugaban al fútbol o coleccionaban cromos, él memorizaba la distancia entre Mercurio y Venus, los nombres de las constelaciones y las temperaturas imposibles de Urano y Neptuno. Solía pasar horas leyendo los artículos que la NASA publicaba sobre las nuevas galaxias y los nuevos planetas descubiertos por alguno de los satélites que surcaban el universo, pero había uno en particular que lo obsesionaba: Marte. Desde muy pequeño le gustaba subir a la azotea para observarlo a través del telescopio de su padre, prometiéndose a sí mismo que, algún día, sería el primero en pisarlo. Siempre que lo escuchaban, sus padres sonreían y le acariciaban el pelo, y los profesores asentían como hacen los adultos cuando oyen a un niño fantasear con personajes de cuento. Pero Mateo no fantaseaba. Por las noches, cuando todos en casa dormían, se asomaba a la ventana y miraba el cielo, buscándolo, aunque no siempre fuera visible. —¿Y si no está deshabitado? —preguntaba, sin dejar de mirar. Él no creía que los planetas estuvieran deshabitados. De hecho, pensaba que en todos existía algún tipo de ser adaptado a las condiciones del lugar, esperando a ser descubierto. En su mente, en Marte los habitantes no respiraban como los humanos. Allí vivían con menos oxígeno, sus pieles resistían mejor los cambios de temperatura, eran de color rojizo y tenían los ojos más grandes para poder ver en la penumbra de las tormentas de polvo. A veces los dibujaba: altos, delgados, flotando debido a la escasa gravedad. —Ellos no necesitan hablar —decía—. Se comunican a través de la mente o de las emociones. Y en esos pensamientos siempre había una escena que se repetía: el momento de su llegada al planeta. Su primer paso. Un primer paso sin cámaras, sin banderas, sin retransmisiones en vivo ni discursos. Solo él descendiendo de la nave, levantando el polvo rojo con el andar de sus botas y, unos pasos más allá, ellos, observándolo con curiosidad. Mateo sabía que, en el fondo, ya lo estaban esperando, porque eran más sabios que nosotros y les gustaba recibir a quienes no iban a conquistar, sino a aprender de aquellos que tenían mucho que enseñar. Y así pasaron los años. Mateo siguió dibujando en sus cuadernos, aunque aquellos trazos dejaron de ser simples dibujos para convertirse en proyectos de estudio. Sus noches de observación se transformaron en horas de trabajo y su certeza, en disciplina. Pero nunca, nunca, dejó de creer. Siguió sintiendo que ese planeta seguía siendo suyo porque, quizá, en otra vida ya le había pertenecido. Y mientras el mundo seguía girando, ajeno a la promesa que un día se hizo cuando solo era un crío, él mantenía intacta la esperanza de demostrar que no estamos solos.