13 enero 2026 4:05 am

La ilusión

No es por el dinero. De hecho, nunca ha sido por eso.

La lotería de Navidad es uno de los pocos días del año en los que las personas de todo el país se permiten soñar sin miedo, sin vergüenza y, además, todos a la vez. Uno de los pocos días en los que la pena se va de vacaciones dejando espacio a la esperanza.

La ilusión se deja ver en cada cola interminable frente a las puertas de las administraciones, en los números elegidos “porque sí”, en los que se comparten con quienes más queremos, en los que se compran “por si acaso”. Aparece en la frase más repetida durante el mes de diciembre: “¿y si toca?”.

Ese “y si…” lo cambia todo. Nos cambia a todos.

De repente, la gente se imagina viviendo una vida completamente distinta. No siempre lujosa, pero sí más ligera y fácil. Pagar deudas, comprar una casa, dormir tranquilo, ayudar a alguien que lo necesita, respirar… La ilusión casi nunca habla de yates ni mansiones, sino más bien de descanso y alivio.

Por eso los 22 de diciembre no se viven en silencio. Se gritan. Se comparten. Se comentan. Porque la ilusión, cuando es colectiva, pesa menos y abriga más. El país entero se detiene y los números cantados dejan de ser solo cifras para convertirse en promesas y, cuando no nos toca, la decepción nos llega de manera breve, casi educada, quedando en nosotros la ilusión de haber creído en algo todos juntos durante un instante.

Y eso también es importante.

Porque la ilusión no se mide en premios, sino en conversaciones, en risas nerviosas, en momentos compartidos con una misma ilusión, en planes que aun no existirán pero que nos seguirán haciendo sentir vivos.

Quizá por eso, aunque casi nunca toque, todos volvemos cada año. Porque no compramos los décimos sabiéndonos ganadores, sino deseando volver a creer en la magia de la Lotería de Navidad.

Y mientras siga habiendo ilusión y sueños por cumplir, diciembre seguirá teniendo sentido.

 

 

 

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