Intersindical Canaria exige una OPE de consolidación de empleo para el conjunto de categorías profesionales del SCS

Históricamente, en los diferentes ámbitos de negociación, en sus acciones reivindicativas y en las calles, Intersindical Canaria ha venido luchando contra los excesivos niveles de precariedad y eventualidad a los que están sometidos el conjunto de trabajadores del Servicio Canario de la Salud (SCS). Venimos abogando, no por el engaño de la estabilización, donde efectivamente, se estabilizan los puestos de trabajo, pero donde los profesionales que llevan en el Servicio Canario de la Salud más de veinte años en precario y sometidos al abuso de temporalidad de las Administraciones Públicas, sencillamente, o pierdan el empleo o vean aún más precarizada su situación.

A una situación de altísima temporalidad, la más alta del estado, hay que añadir la sobrecarga laboral, ya que en este Servicio de Salud, el número de profesionales de todas las categorías, en base a la población asistida y en un territorio fragmentado es el más bajo del conjunto del estado español.

Por si hubiese que justificar algo más, esos mismos trabajadores a los que ahora se pretende someter a un examen en una OPE al uso, han hecho frente, en un contexto de desmantelamiento del Servicio Sanitario Público por los sucesivos recortes a una situación de emergencia sanitaria sin precedentes y han luchado contra una pandemia, la del coronavirus, con sus derivaciones, sin apenas recursos ni medios de protección personal.

Por estas cuestiones, solo podemos entender en el contexto socioeconómico y de salud de la población canaria, primero, un proceso de transformación en interinos de trabajadores eventuales de más de tres años, una ampliación de la oferta de empleo y por último, una Oferta Pública de permanencia y consolidación en el empleo para todas las categorías profesionales del SCS, respetando las especificidades, de manera coordinada a través del Consejo Interterritorial para evitar el efecto llamada. Algo de sobra justificado por lo precario de la situación.

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El Tablero Nuclear ¿es El Enriquecimiento De Uranio Un Derecho Soberano O Un Pulso Al Poder
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El tablero nuclear: ¿Es el enriquecimiento de uranio un derecho soberano o un pulso al poder?

Hablar del programa nuclear iraní suele ser un ejercicio de simplificación peligrosa. En el relato mediático dominante, el mundo se divide en dos trincheras: para unos, Irán es una amenaza existencial; para otros, una víctima del doble rasero de Occidente. Sin embargo, la realidad habita en una zona gris mucho más incómoda. Ni Teherán actúa con la transparencia que proclama, ni Washington —especialmente bajo la doctrina que marcó la era Trump— lo hace con la legitimidad que invoca. En el corazón de este conflicto subyace una pregunta que el derecho internacional responde con una claridad asfixiante: ¿Tiene Irán derecho a enriquecer uranio? La respuesta es sí… pero con matices. El derecho frente a la sospecha Desde el punto de vista jurídico, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) es explícito: reconoce el derecho inalienable de todos los Estados a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. Irán se aferra a este principio como una línea roja innegociable. Es una lógica comprensible; ningún Estado soberano acepta de buen grado que se le imponga un techo tecnológico. No obstante, el enriquecimiento de uranio no es una actividad neutral. Es una tecnología de doble uso. Cuando un país insiste en mantenerla mientras mantiene zonas de sombra ante los inspectores internacionales, el mensaje que proyecta no es solo de soberanía, sino de ambigüedad calculada. Irán no es el único responsable de esta desconfianza, pero tampoco es un actor inocente en este juego de espejos. Washington y la ley del más fuerte Sería un error de análisis —y un ejercicio de autoengaño— señalar únicamente a Teherán. Estados Unidos suele presentarse como el garante del orden global, pero su actuación es, con frecuencia, selectiva. Washington no discute solo el riesgo de una bomba; discute quién tiene el permiso para sostener el mando a distancia. Durante los últimos años, la estrategia estadounidense ha desbordado los límites del propio derecho internacional. Imponer sanciones masivas que asfixian a una población o amenazar con el bombardeo de infraestructuras no es una extensión de la norma jurídica, sino una expresión de poder puro y duro. En este escenario, las reglas dejan de ser principios universales para convertirse en instrumentos arrojadizos. 2015: El espejismo del equilibrio El acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) fue, por un breve periodo, la excepción que confirmó la regla. Demostró que era posible establecer límites verificables a cambio de reconocimiento y alivio económico. Su ruptura unilateral evidenció que el problema nunca fue puramente técnico, sino profundamente político. Hoy, el debate sigue atrapado en una paradoja circular: Irán tiene derecho a la energía nuclear, pero su comportamiento alimenta la desconfianza que limita ese derecho. Estados Unidos tiene razones para preocuparse por la proliferación, pero sus métodos coercitivos dinamitan la legitimidad de su postura. Una conclusión incómoda Quizá la reflexión más honesta sea que el derecho internacional no existe en el vacío; convive con un sistema donde el poder decide cuándo y cómo se aplican las leyes. La pregunta real no es si Irán tiene el derecho jurídico de enriquecer uranio, sino quién tiene la fuerza suficiente para decidir hasta dónde llega ese derecho. En el sistema internacional, la justicia y la política rara vez caminan por sendas separadas. Y como diríamos en mi tierra, en Telde, con esa sabiduría de quien ha visto mucho y se fía poco: “No hay muladar sin pulgas, ni linaje sin manchas”. En este tablero, si te despistas, te la juegan hasta el fondo. Porque al final, en las altas esferas del poder, las certezas absolutas suelen ser siempre la primera víctima de la guerra. ¡Qué cosas tiene el mundo! Claves del análisis: El Tratado de No Proliferación: El marco legal que ampara y, a la vez, limita las ambiciones de Teherán. La Doctrina del Doble Rasero: Cómo las potencias utilizan la seguridad global para proteger intereses estratégicos. Poder vs. Derecho: El conflicto donde la geopolítica se impone sobre los tratados firmados. ¡Qué cosas!