El histórico dirigente nacionalista ofreció una charla abierta en la sede de Municipalistas Primero Canarias en la que invitó a aprovechar el creciente impulso del sentimiento de canariedad que se está viviendo en el archipiélago. Ante la situación de crisis global y sus posibles repercusiones, “el nacionalismo es la mejor opción política para garantizar el bienestar, el progreso y los derechos de Canarias”, señaló.
“El nacionalismo canario no es nostalgia ni romanticismo, es la respuesta política más coherente a los problemas reales de Canarias”. Es lo que afirma Marino Alduán, profesor universitario, educador e histórico dirigente nacionalista que este martes ofreció una charla abierta en la sede de Municipalistas Primero Canarias, en Las Palmas de Gran Canaria. En su opinión, el nacionalismo “está más vigente que nunca, especialmente entre la población más joven de Canarias”, gracias sobre todo a artistas y referentes culturales modernos que “están reavivando la llama de la canariedad e invitando a profundizar en nuestra identidad, nuestro sentido de pertenencia y nuestra soberanía”. Alduán animó a aprovechar este impulso para ofrecer el nacionalismo como “la mejor opción política para garantizar el bienestar, el progreso y los derechos de Canarias”.
En su conferencia, titulada ‘El nacionalismo canario imprescindible para la supervivencia de nuestra tierra’, estuvieron presentes, entre otros, el presidente de Municipalistas Primero Canarias y alcalde de Agüimes, Óscar Hernández, y el vicepresidente del Cabildo de Gran Canaria y alcalde de Gáldar, Teodoro Sosa. También acudieron a la cita los alcaldes de Telde, Juan Antonio Peña, de Ingenio, Vanesa Martín, de Santa Lucía de Tirajana, Francisco García, y de Tejeda, Francisco Perera, además de otros dirigentes municipalistas como Francisco Atta, de Valsequillo, Pedro Rodríguez, de Santa María de Guía, Jesús González, de Agaete, Samuel Henríquez, de San Bartolomé de Tirajana, Alexis Ramos, de San Mateo, Ingrid Navarro, de La Aldea, o Fernando Suárez, de Teror.
Alduán alertó de los graves riesgos que está viviendo Canarias en el actual contexto político: “la desigualdad con el resto del Estado está aumentando, no se está respetando el fuero específico de nuestro Régimen Económico y Fiscal (REF) y no se nos permite intervenir en la gestión de recursos que son esenciales para el desarrollo de las islas, como los aeropuertos y las aguas territoriales”. Frente a esta realidad, defendió que “Canarias merece y puede ser dueña de su destino”, para lo que se hace necesaria “la fortaleza colectiva de un pueblo que se reconoce, se respeta y decide en consecuencia”.
Marino Alduán habla con conocimiento de causa. Fundador en la década de 1970 del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de Canarias (STEC), militante a lo largo del tiempo de organizaciones como Unión del Pueblo Canario (UPC), Iniciativa Canaria (ICAN), Coalición Canaria (CC) y Nueva Canarias (CC), presenta una amplia trayectoria en el campo del nacionalismo y ha sido testigo directo, cuando no protagonista, de la creación y posterior desarrollo de algunos de los proyectos políticos con mayor respaldo popular de Canarias. También acumula una gran experiencia de servicio público como ex viceconsejero de Educación del Gobierno de Canarias (1993-1999), ex viceconsejero de Justicia (2003-2004), decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (2009-2016) y actual director general del Gabinete de Presidencia del Cabildo de Gran Canaria.
¿Para qué sirve el nacionalismo?
Una de las tareas pendientes del nacionalismo canario, afirmó Alduán, es la creación de un proyecto político nacionalista que resulte creíble y respetable, que genere confianza entre la ciudadanía y que pueda alcanzar el apoyo mayoritario de la población. “La gente tiene que darse cuenta de que el nacionalismo sirve para que la riqueza económica que se genera en Canarias se quede en Canarias, para que los jóvenes canarios puedan vivir en las islas donde nacieron sin que el mercado los expulse, para que la cultura sea enseñada con orgullo en las escuelas, para conservar el patrimonio medioambiental de las islas, para tener voz propia, como Cataluña o el País Vasco, en las mesas donde se deciden las políticas que nos afectan y para que podamos gestionar nuestra energía, nuestro mar, nuestras infraestructuras y nuestro futuro”, afirmó.
También abogó por hablar abiertamente de nacionalismo canario. “Tenemos que nombrarnos como lo que somos, nacionalistas, sin miedos ni complejos, porque la palabra nacionalista no solo nos describe y nos interpreta, sino que además nos empodera”, señaló. “Canarias no puede seguir siendo percibida como la periferia de España sino como un pueblo soberano en el centro del Atlántico, con una posición geoestratégica única, puente entre Europa, África y América, caracterizado por una identidad cultural propia, una historia diferenciada, un territorio único y una forma singular de ver y comprender el mundo”, añadió.
Frente a los partidos centralistas, que “tienen sus intereses y lealtades en Madrid o en Bruselas”, Marino Alduán defendió la acción política del nacionalismo, porque “responde mejor a los problemas reales de los canarios”. Pero esta lealtad canaria, en su opinión, no debe ser orientada solo hacia ganar en soberanía, sino también en justicia social. “No puede haber soberanía nacional sin justicia social, ni justicia social plena sin soberanía: son la misma lucha”, concluyó.
Así, se mostró partidario de conseguir mayores cuotas de soberanía cultural, para para crear en libertad, fieles a nuestras raíces y a nuestra identidad; soberanía económica, aprovechando las herramientas diferenciadas del REF; soberanía medioambiental, sacando partido a las condiciones óptimas del archipiélago en materia energética; y soberanía política, con mayores cuotas de autogobierno y una visión municipalista que permita vertebrar Canarias desde todos los rincones del archipiélago. Pero también reivindicó la búsqueda de la igualdad social, de forma que se reduzcan los actuales niveles de desigualdad económica y exclusión social; igualdad de género, con el pleno reconocimiento de los derechos de las mujeres; e igualdad intercultural, hacia una sociedad inclusiva que integre a las personas procedentes de otras latitudes que aprecian y comparten nuestra identidad.