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La Villa de Moya acoge una exposición de las talegas de San Antonio elaboradas por el Centro Ocupacional
  • La muestra recoge el proceso de creación, realización y evolución de este proyecto desde su comienzo en el año 2012
  • El alumnado del IES Doramas se suma a ‘Cosiendo Inclusión’ en el 2020 con la realización de unos diseños que ponen en valor el patrimonio local

La Casa de la Cultura de la Villa de Moya acoge una exposición dedicada a las tradicionales talegas de San Antonio, elaboradas por el Centro Ocupacional del municipio.

La muestra permite conocer de cerca el proceso de elaboración de estas piezas, así como su evolución desde que esta iniciativa se pusiera en marcha en el año 2012 por parte de las personas con discapacidad intelectual que integran el centro, consolidándose como un proyecto que une tradición, inclusión y creatividad.

El alcalde de la Villa de Moya, Raúl Afonso, destacó que “esta exposición es un ejemplo del enorme valor que tiene el trabajo que se realiza desde el Centro Ocupacional, no solo por la calidad de las piezas, sino por lo que representan en términos de inclusión, participación y desarrollo personal. Además, la incorporación del alumnado del IES Doramas ha enriquecido aún más este proyecto, uniendo generaciones y poniendo en valor nuestro patrimonio desde una mirada creativa”.

En 2020, el proyecto dio un paso más con la incorporación del alumnado del IES Doramas, que desde entonces se encarga del diseño de las ilustraciones de las talegas, aportando una mirada joven y artística que busca poner en valor el patrimonio del municipio.

A través de estas creaciones, se pueden reconocer espacios emblemáticos de la Villa de Moya como Los Tilos, la Heredad de Aguas, el Acueducto de Las Canales, el Montañón Negro, el acueducto de Trujillo o la ermita del Barranco del Laurel, entre otros.

Una iniciativa que refleja el talento, la implicación y el trabajo conjunto, poniendo en valor tanto las tradiciones como la inclusión social en el municipio.

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Imitar Sin Pensar
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Imitar sin pensar

Las modas nacen deprisa. Un gesto, una celebración, una fotografía o un vídeo bastan para que miles de jóvenes quieran imitar lo que ven sin preguntarse de dónde viene ni qué significa. Es el precio de vivir en un mundo donde la apariencia suele correr más que el conocimiento. Un muchacho se bajó los pantalones un palmo porque su ídolo lo había hecho. Otro lo imitó al día siguiente. Después llegaron cientos más. Ninguno sabía explicar el motivo, ni le importaba. Lo importante era parecerse a quien admiraban. Con el paso del tiempo descubrieron que muchos gestos, formas de vestir o maneras de comportarse tenían historias que desconocían. Algunas eran simples modas; otras habían nacido en ambientes marginales, en bandas, incluso en prisiones o en culturas muy distintas de la nuestra. Comprendieron demasiado tarde que copiar sin entender es la forma más rápida de dejar que otros piensen por uno. Los años pasan y la imagen que cada cual construye también deja huella. Se toman decisiones que parecen insignificantes en el momento, pero que acaban definiendo la personalidad, las costumbres e incluso la forma en que los demás nos perciben. Corregir ese rumbo siempre es posible, pero nunca resulta tan sencillo como haber reflexionado antes de imitar. Todo esto me viene a la cabeza al recordar la celebración del futbolista de la selección española Lamine Yamal. Un deportista de élite sabe que millones de ojos observan cada uno de sus movimientos. Los referentes no solo marcan goles; también marcan conductas. Quienes los admiran merecen mensajes que inspiren esfuerzo, respeto y criterio, no simples gestos vacíos destinados a ser copiados sin reflexión. La lección es sencilla: no conviertas la admiración en obediencia, no imites porque sí, pregunta, piensa y decide por ti mismo. La libertad empieza cuando dejas de seguir al rebaño. A buen seguro, quien renuncia a pensar acaba viviendo la vida de otros. Y esa es la peor de las derrotas: descubrir, cuando ya es demasiado tarde, que nunca fue uno mismo quien eligió el camino.