El arte que abraza la tradición: Felipe Juan y la esencia de la Bodega Tuscany en Valleseco
Barricas Con Arte
Barricas Con Arte

En el corazón de la histórica Plaza de San Vicente Ferrer, donde el aroma de la sidra artesanal se mezcla con la brisa del medianías, la Bodega Tuscany ha presentado un proyecto artístico sin precedentes. Este fin de semana, los visitantes de la Feria Km.0 Gran Canaria pueden contemplar no solo el producto, sino el alma de Valleseco, plasmada en la noble madera de dos barricas.

Lo que comenzó como un encargo de la bodega a la familia de Felipe Juan, ha cristalizado en una obra de arte colectiva. Durante tres intensas jornadas, el artista, junto a sus hijos Amado y Clara, y su musa, Cali, han intervenido las barricas, transformándolas en lienzos que narran la historia y la identidad local.

El Diálogo Visual: Félix Reyes, el Templo y el Fruto

Al contemplar las barricas en el stand de Tuscany, se inicia un diálogo visual fascinante.

  • Identidad y Templo: Una de las barricas presenta una fiel recreación de la Iglesia de San Vicente Ferrer, pintada por Felipe Juan, arraigando el producto a su origen geográfico y espiritual.

  • Homenaje a la Ofrenda de Félix Reyes: La segunda barrica rinde un tributo profundo a la icónica escultura «Ofrenda a la Virgen de la Encarnación«, obra del reconocido escultor grancanario Félix Reyes. Esta pieza, que preside la plaza del municipio, ha sido pintada con meticuloso detalle en la barrica, uniendo así la escultura física que los visitantes pueden ver con la representación pintada en la madera.

  • La Manzana Reineta, Corazón de la Sidra: En ambas barricas, el fruto que da vida a la sidra, la Manzana Reineta, ha cobrado protagonismo. Se han incorporado detalles realistas de Reineta apples, mostrando su característica textura russetada y color, integrándose entre las ondas de colores de la base.

  • Flora Local en Flor: Junto a las manzanas, se han sumado detalles de la flora local en flor, representando la primavera de las medianías y la biodiversidad de los huertos.

  • Naturaleza Viva: Mariposas (como la monarca de las imágenes) y otros detalles de la naturaleza completan la composición, evocando la vida en los campos de Valleseco.

Este trabajo ha sido posible gracias a la confianza de Vicente y la familia de la Bodega Tuscany, cuya apuesta por la cultura y la artesanía local ha permitido que estas piezas cobren vida.

Una Cita con el Sabor y el Arte: Feria Km.0

Para aquellos que deseen admirar estas obras de cerca y degustar la sidra artesanal, las barricas serán las protagonistas del stand de la Bodega Tuscany durante este fin de semana en la Plaza San Vicente Ferrer de Valleseco.

«Pintar estas barricas ha sido como embotellar la luz de Gran Canaria para que acompañe al aroma de la mejor sidra artesanal, rindiendo homenaje a maestros como Félix Reyes y a la fruta que nos da vida.»

Detalles del evento:

  • Fechas: 18 y 19 de abril.

  • Horario: De 09:00 a 14:00 horas.

  • Lugar: Plaza San Vicente Ferrer, Valleseco.

  • Actividades: Exposición de productos locales, presencia de productores, folclore y talleres.

Es una oportunidad inmejorable para apoyar el consumo de proximidad, disfrutar del folclore y maravillarse con un arte que abraza la tradición sidrera de Gran Canaria.

Notas sobre el diseño de las barricas:

  • Arte y Ofrenda: La representación fiel de la escultura ‘Ofrenda a la Virgen de la Encarnación’ de Félix Reyes (un racimo de frutas coronado).

  • Arquitectura: La Iglesia de San Vicente Ferrer, conectando el producto con su origen geográfico.

  • Fruto: Detalles realistas de Manzanas Reineta y flora local en flor.

Valleseco Barricas con Arte

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Jk5022, 18 Años Después, La Memoria De Una Tragedia Que No Debe Olvidarse
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Redacción NorteGranCanaria

JK5022: 18 años después, la memoria de una tragedia que no debe olvidarse

Hay fechas que no envejecen. El calendario avanza, las ciudades cambian, los aviones siguen despegando y aterrizando cada día y las generaciones se suceden. Pero hay una tarde que permanece detenida en el tiempo para cientos de familias. El 20 de agosto de 2008, a las 14:24 horas, el vuelo JK5022 de Spanair debía abandonar Madrid y poner rumbo a Gran Canaria. Era un viaje más. Para sus pasajeros significaba vacaciones, regreso a casa, trabajo, reencuentros o, simplemente, continuar con la vida. Pero nunca llegaron. A bordo del McDonnell Douglas MD-82, matrícula EC-HFP, viajaban 172 personas. 154 murieron y 18 sobrevivieron. Detrás de esas cifras hay nombres, rostros, familias, proyectos, conversaciones que quedaron interrumpidas y abrazos que nunca volvieron a producirse. Dieciocho años después, recordar el JK5022 no consiste únicamente en mirar hacia atrás. Consiste en preguntarnos qué ocurrió, qué pudo fallar y, sobre todo, qué debemos aprender para que una tragedia semejante no vuelva a repetirse. El vuelo que nunca llegó a Gran Canaria había partido de Barcelona y había llegado previamente a Madrid-Barajas. Desde allí debía continuar hacia Gran Canaria. La salida estaba prevista inicialmente para las 13:00 horas. Sin embargo, durante los preparativos apareció una anomalía relacionada con la indicación de temperatura de la sonda RAT. La tripulación decidió regresar a la plataforma. Los pasajeros permanecieron a bordo mientras se examinaba el avión. Los técnicos detectaron una avería relacionada con la calefacción de la sonda y realizaron las actuaciones contempladas por los procedimientos de mantenimiento y por la MEL, la lista que permite operar una aeronave con determinados equipos inoperativos bajo condiciones específicas. El problema que terminaría siendo decisivo, sin embargo, estaba en otro lugar. Quizá ahí comienza una de las grandes lecciones del JK5022: una emergencia no siempre nace de un único fallo. A veces comienza con algo aparentemente menor y termina convirtiéndose en una sucesión de circunstancias en la que varias barreras de seguridad dejan de funcionar. El despegue se produjo a las 14:23:19. El MD-82 inició la carrera, recorrió aproximadamente dos kilómetros de pista y levantó el morro, pero había comenzado aquella carrera con los flaps y slats retraídos. Los flaps y slats son dispositivos hipersustentadores. Durante el despegue modifican la configuración aerodinámica del ala para proporcionar la sustentación necesaria a velocidades relativamente bajas. No son un detalle menor: forman parte de la configuración esencial de la aeronave para despegar con seguridad. Cinco segundos después de abandonar el suelo se activó la alarma de pérdida. El avión apenas alcanzó unos doce metros de altura, alrededor de 40 pies. Perdió velocidad y altitud, se inclinó y comenzó a desviarse hacia la derecha. En la cabina quedó registrada una pregunta que, escuchada hoy, resulta estremecedora precisamente por su sencillez: «¿Fallo de motor?» La tripulación intentó recuperar el control, pero no hubo tiempo. El avión terminó impactando contra el terreno, se fragmentó y posteriormente se produjo un incendio de enormes proporciones. En apenas unos segundos, un vuelo comercial se había convertido en una de las mayores tragedias de la aviación española. El lugar de la tragedia Cuando los servicios de emergencia llegaron al lugar, habían pasado apenas unos instantes. Ante ellos se abría un escenario de destrucción y dolor que nadie podía haber imaginado. Centenares de profesionales participaron en las labores de asistencia: sanitarios, policías, bomberos y conductores de ambulancias acudieron al lugar del accidente. Se organizaron dispositivos de emergencia, hospitales de campaña y traslados a distintos centros hospitalarios de Madrid. Pero frente a la magnitud de la tragedia, la palabra que quedó fue supervivencia. Solo 18 personas sobrevivieron. Para ellas comenzaría otra historia, marcada en muchos casos por heridas físicas y psicológicas que irían mucho más allá de aquel día. Para las familias de los fallecidos comenzaba una espera todavía más cruel: la identificación de sus seres queridos. El lugar destinado a recibir a los familiares se convirtió en un espacio de dolor. Allí llegaron personas que pocas horas antes pensaban estar esperando a alguien en Gran Canaria y que terminaron esperando una confirmación que jamás habrían querido recibir. No fue simplemente un error humano La investigación de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC) estableció como causa inmediata del accidente el despegue con los flaps y slats retraídos. Pero quedarse únicamente con esa frase sería demasiado sencillo para explicar una tragedia tan compleja. El MD-82 disponía de un sistema diseñado precisamente para evitar una situación como aquella: el TOWS, un sistema de advertencia de configuración para el despegue. Su función era alertar a la tripulación si determinados elementos necesarios para el despegue no estaban correctamente configurados. Pero aquella alarma no sonó. La investigación concluyó que el TOWS no funcionó, aunque no pudo establecer de manera concluyente cuál fue el mecanismo exacto que provocó su fallo. También se estudiaron la avería de la sonda RAT, diversos elementos eléctricos, las actuaciones de mantenimiento y el posible papel del disyuntor K-33, relacionado con el sistema de advertencia. No pudo demostrarse de manera concluyente que la desconexión de aquel disyuntor fuera la causa del fallo del TOWS. Y esta precisión importa. Porque recordar el JK5022 exige hacerlo con rigor, sin convertir una tragedia compleja en una explicación cómoda. Lo que sí quedó claro fue que una barrera de seguridad diseñada para advertir de una configuración incorrecta no cumplió su función. Y ahí aparece una de las grandes lecciones de la aviación moderna: las personas pueden equivocarse. Por eso existen listas de comprobación, alarmas, procedimientos de mantenimiento, sistemas redundantes, supervisión, formación y controles. La seguridad no depende de que una persona sea perfecta. Depende de que el sistema sea capaz de impedir que un error humano aislado termine convirtiéndose en una catástrofe. En el JK5022 confluyeron varias circunstancias. La aeronave había sufrido problemas previos relacionados con la sonda RAT. Se produjeron actuaciones de mantenimiento, hubo decisiones operativas y existían procedimientos y listas de comprobación. Finalmente, el sistema de advertencia de configuración de despegue no proporcionó la alerta que debía haber proporcionado. El resultado fue irreversible.