Presentación La Memoria Del Volcán
Presentación La Memoria Del Volcán
“La Memoria del Volcán” convertirá al Museo Municipal Casa Gourié de Arucas en un organismo vivo

*La propuesta escénica, primera entrega de la trilogía “Memorias de Tamarán”, tendrá lugar el viernes y domingo, 12  y 14 de junio, con doble pase a las 20:00 y 21:00 horas 

El alcalde de Arucas, Juan Jesús Facundo, el concejal de Cultura, Carlos González, y el director Mario Méndez han presentado este martes, 2 de junio, la primera de las obras que conforman la propuesta escénica “Memorias de Tamarán”: “La Memoria del Volcán”. Una pieza, creada especialmente para ser interpretada en el Museo Municipal. Casa Gourié, según destacó Méndez.

Se trata de un proyecto que nace con el objetivo de generar experiencias inmersivas en espacios patrimoniales, transformando, en este caso, el Museo Municipal de Arucas. Casa Gourié, en un escenario vivo donde arte y territorio dialogan con el público. “La Memoria del Volcán” propone un recorrido a través de microescenas inspiradas en los artistas canarios Guillermo Sureda, Abraham Cárdenes y Pino Ojeda.

El espectáculo tomará no solo el espacio museístico sino también su entorno, con una puesta en escena que toca varias disciplinas como la música, el teatro, la arquitectura y la danza. Una iniciativa que persigue revalorizar el patrimonio histórico-cultural del Museo Municipal de Arucas y acercar las artes escénicas contemporáneas a nuevos públicos.

La propuesta escénica “La Memoria del Volcán se estrenará en doble pase a las 20:00 y 21:00 horas, los próximos días 12 y 14 de junio, en el Museo Municipal de Arucas. Casa Gourié.

“Memorias de Tamarán” es una trilogía escénica itinerante creada y dirigida por Mario Méndez, bajo la marca artística LÓperArs, proyecto formado por tres espectáculos: “La Memoria del Volcán”, “Ecos de los Reyes” y “La Isla Rota”.

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Una visita papal en Canarias: entre la fe, el símbolo y la necesaria sensatez institucional

No estoy en contra de que el Papa León XIV visite Canarias. Conviene dejarlo claro desde el principio, porque el debate no debería reducirse a estar a favor o en contra de una visita religiosa de enorme relevancia para miles de creyentes. La cuestión de fondo es otra: si el despliegue previsto, el coste público, las alteraciones en la vida diaria de la ciudadanía y el mensaje político que acompaña a esta visita son proporcionales a la realidad social que atraviesan las islas. Canarias no vive precisamente un momento cómodo. Casi una de cada tres personas se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. La pobreza infantil supera el 40%. Hay familias trabajadoras que, aun teniendo empleo, no llegan a fin de mes. Hay mayores con pensiones ajustadas, jóvenes expulsados del mercado de la vivienda y barrios donde la precariedad no es una estadística, sino una forma cotidiana de vivir. En ese contexto, resulta legítimo preguntarse si tiene sentido movilizar cientos de agentes, vehículos, unidades caninas, cortes de tráfico, suspensión de clases, medidas de teletrabajo y millones de euros públicos para una visita de apenas unas horas en cada isla. Por supuesto que debe existir seguridad. Nadie sensato discutiría que la visita de un jefe de Estado y líder religioso mundial requiere protección, planificación y coordinación. Pero una cosa es garantizar la seguridad y otra muy distinta es convertir la vida ordinaria de una isla en un asunto secundario. La proporcionalidad importa. Más aún cuando hablamos de dinero público. Las instituciones tienen la obligación de explicar con claridad cuánto cuesta esta visita, qué parte asume cada administración, qué beneficios reales se esperan y por qué se considera razonable adoptar medidas que afectan a colegios, trabajadores, movilidad y servicios públicos. La ciudadanía no debería enterarse solo de los actos solemnes, las fotografías oficiales y los grandes titulares. También tiene derecho a conocer la factura completa. También es comprensible que el Papa visite Arguineguín y se reúna con migrantes. Canarias conoce de primera mano el drama humano de la migración. Lo ha vivido en sus costas, en sus puertos, en sus barrios y en sus servicios públicos. Negar esa realidad sería injusto. Pero también sería incompleto que la visita proyectara únicamente esa imagen y no mirara con la misma intensidad a los canarios que sufren pobreza, exclusión, precariedad laboral y emergencia habitacional. Porque en Canarias también hay dolor silencioso. Hay familias que hacen cola para recibir alimentos. Hay niños que crecen en hogares donde falta lo básico. Hay trabajadores pobres, autónomos ahogados, pensionistas que cuentan cada euro y jóvenes que no pueden emanciparse. Esa realidad merece algo más que menciones protocolarias. Merece presencia, escucha y compromiso. La visita del Papa podría ser una oportunidad para lanzar un mensaje potente sobre la dignidad humana, la justicia social y la obligación moral de no abandonar a nadie. Pero para que ese mensaje sea creíble, no puede limitarse a los gestos simbólicos cuidadosamente organizados. Debe mirar también a quienes llevan años esperando respuestas dentro de las propias islas. La pregunta, por tanto, no es si el Papa debe venir a Canarias. La pregunta es si las instituciones están actuando con sensatez, transparencia y coherencia. Si están midiendo bien el coste económico y social de la visita. Si están priorizando la imagen por encima de las necesidades reales. Si están escuchando a una ciudadanía que respeta la fe, pero que también exige responsabilidad. Canarias puede recibir al Papa con respeto, hospitalidad y altura institucional. Pero esa bienvenida no debería impedir una reflexión incómoda: una tierra con estos niveles de pobreza no puede permitirse gestos grandilocuentes sin una explicación clara de costes, beneficios y prioridades. La fe merece respeto. La ciudadanía, también.