Raíces
Raíces
Los cortometrajes del IES La Aldea de San Nicolás destacan en la 13ª edición de Cinedfest gracias al respaldo del público
La Aldea de San Nicolás ha vuelto a demostrar el talento y la creatividad de su juventud con la participación de los cortometrajes “Raíces” y “Enjauladxs” en la 13ª edición de Cinedfest, el Festival Educativo de Cine de Canarias. Ambas producciones, realizadas por alumnado del IES La Aldea de San Nicolás, han contado con una excelente acogida por parte del público durante el periodo de votación popular del certamen.
En concreto, “Raíces”, elaborado por estudiantes de 1º de Bachillerato A, logró situarse como el segundo cortometraje más valorado por el público de entre 90 producciones en la categoría de Bachillerato, mientras que “Enjauladxs”, realizado por alumnado de 4ºC de Educación Secundaria Obligatoria, alcanzó la cuarta posición en las votaciones populares de Secundaria, que contó con la participación de 131 filmes.
Más allá de los resultados obtenidos, la participación en Cinedfest supone una valiosa experiencia educativa y creativa para el alumnado, permitiéndoles desarrollar competencias vinculadas a la comunicación audiovisual, el trabajo en equipo, la expresión artística y la educación en valores. Los dos cortometrajes son fruto del esfuerzo conjunto de estudiantes y profesorado así como del compromiso del centro con el fomento de la creatividad y la cultura audiovisual.
El concejal de Educación, Miguel Ulises Afonso, ha destacado que “estar en esta fase de un certamen tan consolidado como Cinedfest supone un premio al esfuerzo, la creatividad y el compromiso demostrado por el alumnado y el profesorado del IES La Aldea”. Asimismo, señaló que “estos proyectos permiten desarrollar competencias educativas fundamentales mientras fomentan el trabajo en equipo, la reflexión y la capacidad de expresión de nuestros jóvenes”.
Por su parte, el concejal de Cultura, Víctor Juan Hernández, subrayó que “la presencia de dos producciones aldeanas en fases tan avanzadas de Cinedfest demuestra el enorme talento creativo que existe en nuestro municipio”. Además, añadió que “trabajos como ‘Enjauladxs’ y ‘Raíces’ contribuyen a proyectar la imagen de La Aldea fuera de nuestro municipio y ponen en valor la capacidad de nuestros jóvenes para contar historias con sensibilidad, calidad y compromiso”.
Desde el Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás queremos trasladar una felicitación especial al alumnado y profesorado implicados en la realización de ambos cortometrajes por el trabajo, la dedicación y la ilusión demostrados durante todo el proceso creativo. Su participación en Cinedfest vuelve a poner de manifiesto el talento de los jóvenes del municipio y el importante papel que desempeñan los proyectos culturales y educativos en su formación integral.
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La noche en que las brujas escuchan el mar

Crecí escuchando a mis abuelos hablar sobre la magia de la Noche de San Juan. Les encantaba contarme historias sobre mares que hablaban, llamas que mostraban recuerdos o situaciones que se debían dejar atrás y sobre voces antiguas que se mezclaban con el rumor de las olas y que solo se escuchaban a medianoche. Disfrutaba mucho escuchándoles, pero nunca creí ni una sola de sus palabras… hasta anoche. La Playa de Sardina todavía estaba vacía cuando llegué. A lo lejos, en el muelle, preparaban los últimos fuegos artificiales y el ambiente empezaba a oler a hoguera. Algunas personas reían, otras bailaban y otras terminaban de escribir sus deseos en pequeños trozos de papel que más tarde entregarían al fuego. El mío descansaba doblado dentro de mi bolsillo. Pero no era un deseo, sino una despedida. Llevaba algunos meses sintiéndome triste y algo me decía que nada tenía que ver conmigo. Varias sesiones de terapia después, entendí que mi dolor era demasiado antiguo, heredado quizá de mujeres que habían venido antes que yo, de un linaje que calló mucho, amó sin ser correspondido o murió esperando. Me acerqué a la orilla. Aquella noche la Luna parecía enorme y lucía más brillante que de costumbre. El mar reflejaba su imagen plateada sobre la superficie dibujando un sendero de estrellas. Entonces ocurrió. Una ráfaga de viento apareció de la nada y me acarició el cabello y a mi alrededor el aire se llenó de sal, romero y sahumerio. Cerré los ojos y agudicé el resto de sentidos. Una voz de mujer, suave y bajita, me habló al oído: —Llegó la hora, mi niña. Abrí los ojos y no había nadie, solos el mar y yo, respirando frente a frente. Sentí un escalofrío. Me metí la mano en el bolsillo y saqué el papel. Después lo acerqué al fuego y me quedé mirando con atención cómo era devorado por las llamas sintiendo, al mismo tiempo, que algo pesado abandonaba mi pecho. Aquella noche comprendí la magia a la que se referían mis abuelos. Ellos no hablaban de fantasmas o hechicerías, sino de atreverse a soltar, a cerrar puertas y dejar ir, a confiar en lo que está por venir, a renacer. Cuando el reloj marcó las doce, el cielo se llenó de colores y yo me metí en el agua. Las olas acogieron mis tobillos con amor, la Luna iluminaba mi piel y, durante apenas unos instantes, juré haber visto decenas de figuras femeninas rodeándome. Brujas, curanderas o, quizá, mujeres sabias; esas que, generación tras generación, habían encendido fuegos allí, en el mismo lugar, para recordar quiénes eran realmente. Me miraron, sonrieron y desaparecieron. Desde entonces, cada Noche de San Juan regresó al mar para recordar que, igual que las llamas consumen la madera y las olas borran las huellas de la arena, también nosotros tenemos derecho a dejar de ser lo que solíamos ser, borrar el pasado y todo lo que ya no somos ni nos pertenece para poder convertirnos, un poco más cada año, en la mejor versión de nosotros. Porque hay momentos especiales durante los que el Universos se acuerda de nosotros y permite que abramos una puerta, y la Noche de San Juan es un de ellas.