Imagen De Archivo Del Cgpc
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La Policía Autonómica evita que una mujer se precipite al vacío en Gran Canaria

  • La intervención se produjo tras recibir un aviso sobre una persona con ideas autolíticas en la zona de la Virgen de la Cueva

  • La intervención del Grupo de Seguridad y Atención Ciudadana evitó una posible tragedia gracias a la contención verbal y una aproximación sigilosa

 

Agentes del Grupo de Seguridad y Atención Ciudadana del Cuerpo General de la Policía Canaria (CGPC) han evitado que una mujer se precipitara al vacío en la zona de la Virgen de la Cueva, situada en la calle Doctor Jiménez Neira, en Las Palmas de Gran Canaria.

El operativo se puso en marcha tras recibir una alerta de la presencia de una persona con ideas autolíticas en dicha ubicación. Al llegar al lugar, las patrullas localizaron a una mujer de rodillas al borde del precipicio, mirando directamente hacia el vacío y en un estado de gran alteración emocional.

 

Ante la extrema delicadeza del momento, los agentes desplegaron de inmediato un dispositivo de intervención coordinado. Por un lado, un grupo de policías iniciaron una labor de contención verbal y distracción, entablando conversación con la mujer para mantener su atención y tratar de evitar que consumara el acto.

 

De forma paralela, otros agentes se aproximaron de forma sigilosa por la parte posterior, aprovechando la distracción generada por sus compañeros. En el momento oportuno, los policías atravesaron una valla de protección y lograron sujetar firmemente a la mujer por los brazos, apartándola del borde del precipicio y poniéndola a salvo.

 

Tras el rescate, la mujer fue atendida en el lugar por los servicios de emergencia y posteriormente derivada a los recursos sanitarios correspondientes para recibir la atención médica y psicológica necesaria.

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Imitar Sin Pensar
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Imitar sin pensar

Las modas nacen deprisa. Un gesto, una celebración, una fotografía o un vídeo bastan para que miles de jóvenes quieran imitar lo que ven sin preguntarse de dónde viene ni qué significa. Es el precio de vivir en un mundo donde la apariencia suele correr más que el conocimiento. Un muchacho se bajó los pantalones un palmo porque su ídolo lo había hecho. Otro lo imitó al día siguiente. Después llegaron cientos más. Ninguno sabía explicar el motivo, ni le importaba. Lo importante era parecerse a quien admiraban. Con el paso del tiempo descubrieron que muchos gestos, formas de vestir o maneras de comportarse tenían historias que desconocían. Algunas eran simples modas; otras habían nacido en ambientes marginales, en bandas, incluso en prisiones o en culturas muy distintas de la nuestra. Comprendieron demasiado tarde que copiar sin entender es la forma más rápida de dejar que otros piensen por uno. Los años pasan y la imagen que cada cual construye también deja huella. Se toman decisiones que parecen insignificantes en el momento, pero que acaban definiendo la personalidad, las costumbres e incluso la forma en que los demás nos perciben. Corregir ese rumbo siempre es posible, pero nunca resulta tan sencillo como haber reflexionado antes de imitar. Todo esto me viene a la cabeza al recordar la celebración del futbolista de la selección española Lamine Yamal. Un deportista de élite sabe que millones de ojos observan cada uno de sus movimientos. Los referentes no solo marcan goles; también marcan conductas. Quienes los admiran merecen mensajes que inspiren esfuerzo, respeto y criterio, no simples gestos vacíos destinados a ser copiados sin reflexión. La lección es sencilla: no conviertas la admiración en obediencia, no imites porque sí, pregunta, piensa y decide por ti mismo. La libertad empieza cuando dejas de seguir al rebaño. A buen seguro, quien renuncia a pensar acaba viviendo la vida de otros. Y esa es la peor de las derrotas: descubrir, cuando ya es demasiado tarde, que nunca fue uno mismo quien eligió el camino.