El Centro de Farmacovigilancia de Canarias y el SUC advierten sobre el uso y conservación de los medicamentos este verano
Enfermero Coordinador Servicio De Urgencias Canario
Enfermero Coordinador Servicio De Urgencias Canario
  • Sus profesionales recomiendan prestar atención a la población más vulnerable y su medicación habitual
  • Ante un episodio de altas temperaturas algunos medicamentos pueden favorecer o empeorar patologías asociadas al calor
 
El Centro Autonómico de Farmacovigilancia e Información Terapéutica de Canarias recuerda este verano la importancia de prestar especial atención a la conservación de los medicamentos que tenemos en casa y que usamos habitualmente, así como las medidas de precaución a tomar para evitar complicaciones en la población más vulnerable y que presentan mayor riesgo de deshidratación por el calor, como son las personas mayores, la población infantil, enfermos crónicos y pacientes dependientes.
Este organismo cuenta con el apoyo técnico cualificado de la empresa pública Gestión de Servicios para la Salud y Seguridad en Canarias (GSC), que depende orgánicamente de la dirección del Servicio Canario de la Salud y desempeña sus funciones en el Hospital Universitario de Canarias (Servicio de Farmacología Clínica).
Los profesionales del Centro de Farmacovigilancia aprovechan la llegada de las altas temperaturas para informar a la población sobre la seguridad de los medicamentos en período estival, con recomendaciones que van desde la importancia de la adecuada conservación y transporte, hasta indicar las formas farmacéuticas especialmente sensibles a altas temperaturas.
En ese sentido, es conveniente tener en cuenta los problemas más frecuentes asociados a los medicamentos que pueden empeorar o favorecer las patologías asociadas al calor, entre ellos, los que provocan alteraciones en la hidratación y / o trastornos electrolíticos; los que pueden afectar la función renal; aquellos cuyo perfil farmacocinético puede ser afectado por la deshidratación; y los que pueden alterar la termorregulación central o periférica.
Entre las precauciones más importantes se recomienda no consumir el medicamento si su aspecto exterior está alterado y seguir siempre las indicaciones de conservación, ya sea en nevera o temperatura ambiente para asegurar su transporte en condiciones de seguridad, así como evitar dejar los medicamentos en el interior de los vehículos al sol y en días de calor extremo.
Si una persona sufre una reacción adversa a algún medicamento debe ponerse en contacto con el servicio de emergencias donde un coordinador sanitario del Servicio de Urgencias Canario (SUC) le indicará cómo actuar.
Los medicamentos que hay que vigilar son los diuréticos, laxantes, antiácidos, antibióticos y antihipertensivos que ante temperaturas extremas pueden provocar problemas de salud como deshidratación, diarreas y alteraciones renales. Además, llaman la atención en el caso de los neurolépticos, antidepresivos, betabloqueantes y benzodiacepinas, que impiden la pérdida del calor o disminuyen las facultades para defenderse del calor.
Por último, los profesionales sanitarios recuerdan que es importante que la adaptación de un tratamiento con medicamentos en curso debe consultarse siempre con un médico y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, dispone de un enlace web con recomendaciones para la época estival dirigidas tanto a la población en general como a los profesionales sanitarios:

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Golpe De Calor
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Redacción NorteGranCanaria

El golpe de calor

CUANDO EL CUERPO SE RINDE Y LA SOCIEDAD MIRA A OTRO LADO. Mucho cuidado con las “calazas” (ver mi libro sobre el léxico canario) Cada amanecer trae su parte de tragedia: “una vida menos, arrebatada por un golpe de calor” y ello me trajo a la memoria, mi época de estudiante de Nautica, cuando recibíamos aquellas clases correspondientes a la asignatura de Medicina Naval y hablábamos de este tema tan serio, porque, aunque en tierra, el golpe de calor sea un concepto médico. En la mar, es “una emergencia que puede ocurrir en cualquier guardia”. Pero la a fisiología es la misma: el cuerpo pierde su capacidad de regular la temperatura, la sudoración deja de ser eficaz, la temperatura interna sube por encima de los 40 °C, y el organismo entra en una espiral peligrosa. Y, sin embargo, seguimos caminando por la calle o por cubierta, cuando se trata de un barco, como si el Sol fuese un viejo conocido incapaz de hacernos daño. Ahora mismo España y su mar arden literalmente, y mientras las temperaturas se disparan como un mercante navegando con arrancada, parece que aún no hemos entendido la magnitud del enemigo. No es alarmismo. Es supervivencia.  “El golpe de calor: la derrota del cuerpo” “El golpe de calor” no es un simple mareo, ni un sofoco, ni “estar acalorado”. Es una “emergencia médica extrema” en la que el cuerpo pierde su capacidad de gobernarse. La temperatura interna supera los 40 °C, y los mecanismos de refrigeración —sudoración, vasodilatación, respiración acelerada— “colapsan por completo” Es el equivalente fisiológico a que el barco pierda el timón en plena encalmada tórrida, “el organismo queda a la deriva, sin gobierno, sin respuesta”.     ¿Por qué ocurre? El golpe de calor aparece cuando la exposición al calor supera la capacidad del cuerpo para disiparlo. Pero sería ingenuo culpar solo al clima. Las causas científicas son claras: “Ambiente extremo”; temperaturas superiores a 35–40 °C. “Deshidratación”; sin agua, no hay sudor; sin sudor, no hay refrigeración. “Esfuerzo físico”; trabajos agrícolas, construcción, reparto, limpieza viaria. “Humedad elevada”; impide que el sudor se evapore. “Toma de Medicamentos” que alteran la sudoración o la presión arterial — medicación sensible al calor. Pero hay otra causa, menos mencionada y más incomoda que es…, “la falta de prevención real.”; como la ausencia de sombra en obras, la escasez de agua en turnos interminables, la cultura del “aguanta un poco más”, la precariedad que obliga a trabajar, aunque el termómetro marque barbaridades.    “El enemigo tiene horario” El golpe de calor no es caprichoso. Ataca cuando el Sol está en su cenit, entre “las 12 y las 18 horas”, cuando el aire parece un muro y la piel arde sin tocarla. Ataca en viviendas mal ventiladas, en talleres sin extracción, en vehículos cerrados. Ataca en silencio, sin avisar, sin piedad.    “El cuerpo siempre avisa; es la sociedad la no escucha” Antes del colapso, el organismo lanza señales claras, como: “Dolor de cabeza punzante. Mareos, aturdimiento. Piel caliente, seca o empapada sin evaporar. Náuseas. Confusión. Pulso acelerado o Calambres” Cuando aparece “desorientación, pérdida de conciencia o convulsiones”, ya estamos ante un golpe de calor severo — síntomas críticos.   “Niños y mayores suelen ser los más vulnerables, los más olvidados” Los niños sudan menos, por lo tanto, regulan peor la temperatura y dependen de adultos para hidratarse y protegerse, pero o peor es, que no suelen identificar el riesgo real; por su parte, las personas mayores, tienen menor sensación de sed; su sistema cardiovascular responde peor al estrés térmico y muchos toman medicación que altera la regulación térmica, amen que suelen vivir solos, aislados, invisibles, y, sin embargo, seguimos escuchando frases como “solo hace calor”, “siempre ha hecho calor”, “esto es verano”. No “compadre” esto es otra cosa. Esto es un fenómeno fisiológico que mata y mata de verdad.    “Existen una serie de consejos a tener en cuenta para evitarlo, basados en la prevención y no heroísmo” Estos podríamos resumirlos en: “Beber agua cada 20–30 minutos, incluso sin sed. Evitar las horas de máximo calor: reorganizar tareas entre 6–11 h y 19–22 h. Usar Ropa ligera y transpirable. Descansos frecuentes y sombra obligatoria — trabajo seguro. Ventilación cruzada en casa. Revisar a mayores que vivan solos. No consumir alcohol: deshidrata y confunde la percepción térmica y/o Nunca dejar a nadie en un vehículo cerrado, sobre todo a niños.   “Porque el calor no es el culpable, la indiferencia sí” El golpe de calor no es un accidente. Es la consecuencia directa de un país que aún no ha asumido que el clima ha cambiado y que la vulnerabilidad existe. No podemos seguir normalizando muertes evitables. No podemos seguir mirando hacia otro lado mientras trabajadores, niños y mayores se convierten en víctimas silenciosas de un enemigo que conocemos perfectamente. Como en la mar, cuando el sol cae a plomo y la cubierta arde, “el capitán responsable no espera a que alguien caiga desfallecido: actúa antes”. En tierra firme, la lógica debería ser la misma.   “El Sol en cubierta: donde el golpe de calor no es noticia, sino riesgo diario” Hay un lugar donde el golpe de calor no necesita explicación científica ni gráficos de la AEMET, ese lugar es “la cubierta de un barco”. Allí, el sol no es un fenómeno meteorológico, sino un “jefe implacable” que exige obediencia y castiga la imprudencia. Los marineros lo saben. Los oficiales lo aprenden. Y los capitanes lo recuerdan toda la vida. En cubierta, el calor no cae simplemente, o lo que es lo mismo, se “desploma literalmente”. La chapa metálica se convierte en una plancha ardiente, la radiación rebota en cada superficie, el aire se espesa y la piel empieza a sentir ese aviso sordo que solo los marinos reconocemos: “Aquí no se juega.”     “El golpe de calor en la mar; cuando la ciencia se vuelve experiencia” Pero en un barco, todo se agrava, pues allí “no hay sombra real, solo la que proyecta la propia estructura del buque. “El viento no refresca”,