14 abril 2026 10:49 am
La Guardia Civil rescata al usuario de un Kayak que salió de Lanzarote y se encontraba a la deriva a 2,9 millas de Fuerteventura
  • Fue arrastrada por la marea y se localizó a 3,7  millas de Lanzarote (Faro de Pechiguera) y 2,9 millas de Fuerteventura 
  • El estado de la mar que provocó la situación de rescate era de mar gruesa con vientos de fuerza 4 a 5 y oleaje de 2 a 3 metros

La Guardia Civil del Destacamento Marítimo de Fuerteventura con la Patrullera Río Órbigo, ha rescatado la tarde del pasado día 01 de agosto en el mar territorial una canoa  tipo Kayak que se encontraba a la deriva entre las islas de Lanzarote y Fuerteventura al ser arrastrada por los fuertes vientos y la mar gruesa existente en esta zona. 

El dispositivo de búsqueda se activó cuando a las 16:20 horas él 112 recibió una llamada de una empresa dedicada al alquiler de kayaks ubicada en Playa Blanca en la que participaba que había alquilado una de estas canoas individuales a un turista  y este no había regresado.

Fue el propio rescatado el que participó al personal de la empresa que la propia corriente de la marea le impedía regresar al lugar de salida y que cada vez se alejaba más de la costa de Lanzarote.

Inmediatamente se activaron todos los servicios de emergencias que formaron un dispositivo de búsqueda con Protección Civil, Bomberos y el Helicóptero del Gobierno de Canarias en unión a la Patrullera Río Órbigo del Destacamento Marítimo de Fuerteventura.

Paralelamente Centro Operativo de Servicios (COS) de la Comandancia de Las Palmas coordinó la búsqueda que dio como resultado la localización de esta canoa que había sido arrastrada por la marea y que se encontraba a la deriva entre las islas de Lanzarote y Fuerteventura, concretamente a 3,7  millas de Lanzarote (Faro de Pechiguera) y 2,9 millas de Fuerteventura.

A las 17.30 la tripulación de la Patrullera Rio Órbigo de la Guardia Civil  rescató a este extranjero y su embarcación trasladándolo posteriormente al Puerto de Marina Rubicón encontrándose extenuado fue atendido en el lugar por una ambulancia presentando una ligera hipotermia.

Cabe destacar que este rescate se vio dificultado por el estado de la marea que fue lo que provocó esta situación de emergencia ya que había  una mar gruesa con olas de 2 a 3 metros con bastante viento de fuerza.

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Un Primer Paso
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Un primer paso por Olga Valiente

Mateo no quería convertirse en héroe ni dedicar sus días a salvar princesas. Él quería conquistar planetas. Mientras sus primos y amigos se aprendían los nombres de los dinosaurios, jugaban al fútbol o coleccionaban cromos, él memorizaba la distancia entre Mercurio y Venus, los nombres de las constelaciones y las temperaturas imposibles de Urano y Neptuno. Solía pasar horas leyendo los artículos que la NASA publicaba sobre las nuevas galaxias y los nuevos planetas descubiertos por alguno de los satélites que surcaban el universo, pero había uno en particular que lo obsesionaba: Marte. Desde muy pequeño le gustaba subir a la azotea para observarlo a través del telescopio de su padre, prometiéndose a sí mismo que, algún día, sería el primero en pisarlo. Siempre que lo escuchaban, sus padres sonreían y le acariciaban el pelo, y los profesores asentían como hacen los adultos cuando oyen a un niño fantasear con personajes de cuento. Pero Mateo no fantaseaba. Por las noches, cuando todos en casa dormían, se asomaba a la ventana y miraba el cielo, buscándolo, aunque no siempre fuera visible. —¿Y si no está deshabitado? —preguntaba, sin dejar de mirar. Él no creía que los planetas estuvieran deshabitados. De hecho, pensaba que en todos existía algún tipo de ser adaptado a las condiciones del lugar, esperando a ser descubierto. En su mente, en Marte los habitantes no respiraban como los humanos. Allí vivían con menos oxígeno, sus pieles resistían mejor los cambios de temperatura, eran de color rojizo y tenían los ojos más grandes para poder ver en la penumbra de las tormentas de polvo. A veces los dibujaba: altos, delgados, flotando debido a la escasa gravedad. —Ellos no necesitan hablar —decía—. Se comunican a través de la mente o de las emociones. Y en esos pensamientos siempre había una escena que se repetía: el momento de su llegada al planeta. Su primer paso. Un primer paso sin cámaras, sin banderas, sin retransmisiones en vivo ni discursos. Solo él descendiendo de la nave, levantando el polvo rojo con el andar de sus botas y, unos pasos más allá, ellos, observándolo con curiosidad. Mateo sabía que, en el fondo, ya lo estaban esperando, porque eran más sabios que nosotros y les gustaba recibir a quienes no iban a conquistar, sino a aprender de aquellos que tenían mucho que enseñar. Y así pasaron los años. Mateo siguió dibujando en sus cuadernos, aunque aquellos trazos dejaron de ser simples dibujos para convertirse en proyectos de estudio. Sus noches de observación se transformaron en horas de trabajo y su certeza, en disciplina. Pero nunca, nunca, dejó de creer. Siguió sintiendo que ese planeta seguía siendo suyo porque, quizá, en otra vida ya le había pertenecido. Y mientras el mundo seguía girando, ajeno a la promesa que un día se hizo cuando solo era un crío, él mantenía intacta la esperanza de demostrar que no estamos solos.