Año nuevo ¿mejor sin grandes proyectos?

La comida y las copas con los amigos, los brindis entusiastas, la euforia en la calle, los abrazos nada más terminar de ingerir las doce uvas. Que, por cierto, lo más normal es que alguna se quede sin tomar cuando toca. Casi todos los años los presentadores de las campanadas se equivocan, este año volvió a suceder en la Televisión Canaria con la transmisión desde Santa Úrsula, que si son los cuartos, que si todavía no, y mira que deben tenerlo ensayado.

Nochevieja es la convocatoria de los grupos de jóvenes que entran y salen de una fiesta, y, después de las copas, van en busca de los churros de madrugada. ¿Por qué todas las mujeres han de ir vestidas de negro en Nochevieja, si el negro es tan severo? Misterio. Tal vez les sentaría mejor el rojo o incluso el azul.

En estos días inaugurales todos podemos mirar en nuestro interior y lanzarnos un mensaje de autoayuda. Vamos a hacer las cosas de otra manera, vamos a cambiar. Son los grandes propósitos de la noche, aquello de bajar de peso, aprender inglés, hacer diez mil pasos a buen ritmo, dejar el tabaco, ser expertos en bailar reguetón, encontrar el amor en el programa First Dates, etcétera.

No te rindas, aun estás a tiempo / de alcanzar y comenzar de nuevo, / aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, / liberar el lastre, retomar el vuelo. Estos versos casi siempre atribuidos a Mario Benedetti son un buen prólogo para un año nuevo. Pero según internet, su autor es otro: Guillermo Mayer, que lo escribió en 1993, en la Patagonia argentina. Puede que la confusión, ampliamente divulgada en las redes, provenga del hecho de que Benedetti tiene un poema similar, No te salves.

Mucha gente se fija objetivos para el año nuevo, pero ahora nos dicen algunos psicólogos que lo mejor es no establecer ningún propósito, para así evitar la sensación de frustración si no cumplimos lo establecido. Debe ser que lo importante de la vida es seguir con vida, pues como siempre vendrán días malos y días buenos. Con el nuevo año si tenemos suerte cumpliremos otro aniversario, nos haremos un poquitín más viejos. Y el cordón de la vida es tan frágil que en cualquier momento puede venirte un volcán, una epidemia, un incendio del alma. La vida no es tuya y fácilmente puedes perderla, nada es eterno. Un accidente, un ictus, un infarto, un padecimiento repentino puede frenar tantísimas cosas que sería mejor vivir el día a día, solo eso.

En lugar de agobiarnos por tener que ponernos a establecer grandes metas, ser el mejor escritor de mi calle, soñar con viejos amores, ganar el premio Nobel, etcétera, deberíamos visualizar nuestra vida de una forma completamente distinta, quizás es más útil comenzar 2024 estando presentes en el ahora y mirarlo desde un punto de vista positiva. Haciendo esto, en vez de obsesionarnos con los próximos doce meses, estaremos haciendo las cosas bien.

 Nos ponemos unas metas, no las cumplimos y nos las volvemos a marcar para el año siguiente. Pero, ¿qué nos dice que los siguientes meses serán distintos y que cambiaremos nuestra forma de vivir? Por eso, tal vez sea mejor dejar que el año entre sin ningún tipo de presión sobre el futuro, simplemente estando abiertos a nuevos estilos de vida, a tratar de cometer menos errores. Que sin duda los vamos a cometer, porque los humanos somos así: aunque según los textos sagrados somos un reflejo de Dios, lo cierto es que básicamente somos imperfectos.

No te rindas que la vida es eso, / continuar el viaje, / perseguir tus sueños, / destrabar el tiempo, / correr los escombros y destapar el cielo.

Escribir estos versos fue un acto de profunda genialidad, bien sean de Benedetti o bien sean de Mayer. A veces los escritores aciertan de una manera tremendamente efectiva, porque la poesía también es un mandato de los dioses.