14 abril 2026 10:21 am
Foto Hector Y Rosario La Orilla De Los Días 1
Foto Hector Y Rosario La Orilla De Los Días 1
La mínima hojarasca

Un libro  de poemas de Héctor Rodríguez Riverol, Lucía Rodríguez González, Juan Calero Rodríguez.

He aquí una propuesta de tres poetas que, por razones de la convivencia, de las lecturas y de las influencias mutuas, constituye casi una misma unidad expresiva. Unos textos actuales. Una poesía donde sientes  en pequeños flashes  la soledad y la dureza del paisaje palmero. 

HÉCTOR RODRÍGUEZ RIVEROL  

Así, no me ha llamado la atención que Héctor Rodríguez nos presente en este nuevo libro titulado La mínima hojarasca, poemas breves a la manera de haikus porque con mucha frecuencia aparece en su poesía el sentimiento hacia la naturaleza con la que dialoga, comunica y se solidariza. Se solidariza obstinadamente por salvarla de la dramatización del infierno en la noche y en el día. Es verdad que forma parte de su trabajo, pero lo hace con una mirada generosa, de apego y lucha hacia el hábitat y el propio hombre.

Se aferra a la belleza poética y escribe:

Me arrojo al abismo/ de un cielo virgen/ como las aves de paso.

Héctor está en contacto con las energías de la vida, con el silencio que llega hasta el edén y convierte el poema en un mundo propio, donde reina la sencillez, la naturalidad y la sutileza. Mide, pesa sus palabras, por lo que su escritura responde a la reflexión. Así escuchamos al poeta:

-¿Quién tendrá/ la osadía de morder/ el cuchillo, la manía/ de agasajar al miedo/ o el falso reflejo de la infancia/ que nunca tuvimos?

En este poema desnuda la palabra, con una gran fuerza melancólica, plantea también una poesía interrogativa y existencial, la visión del pesimismo, la tristeza, la oscuridad:

Todo es ceniza: / la ínfima vertiente, / los estambres del camino, / su movimiento y desgaste, / las misivas en el buzón de los sueños / mi boca ebria de cantares y herrumbre. 

En la mínima hojarasca, Héctor Rodríguez Riverol nos presenta el dolor, los sentimientos,  la angustia, el arrebato, la fatiga como una forma de memoria.   

LUCIA ROSA GONZÁLEZ, LA INTEMPERIE SE MUEVE

Nos describe Lucia Rosa González e

en La intemperie se mueve, la degradación, la crueldad y la muerte. La voz, su voz vuelve a la Naturaleza, a los pájaros, a los murciélagos gaviotas y grajas que cruzan. Vuelve al polvo, a la calima, al volcán. A los murmullos de las conversaciones bajo los pinos. Convierte el poema en pensamiento, para actuar sobre la conciencia del hombre.

Ahora viene el volcán / y degüella las rosas que quedaban. / Miro arriba y me espanto, / ¡el cielo desgastado pide ayuda! No sé qué va a hacer el cielo

Une belleza y muerte, el tránsito que se lleva la luz, quedando solo la ausencia y un cielo que, acaso carece de razón, pero comparten el mismo ser.

La intemperie se mueve, rinde tributo a las tierras donde ha nacido, a los antepasados que las habitaron, las plantas sagradas: el avellano, el orégano, el muérdago, los arándanos, el laurel, las grosellas. Un homenaje a la naturaleza. Un libro escrito con ese dominio de los tiempos, con esa voluntad indagadora en lo telúrico, enraizada a la tierra, a la lluvia, al viento.  Una poesía de la experiencia, confesional, de emociones, del paisaje y de los recuerdos, de la ternura hacia el delicado cabello de su madre:

-Madre, tu trenza que hipnotiza / brilla en la eternidad. /Vemos que parpadeas en la hondura. / Con la maternidad a la intemperie/  nos buscas en las piedras./ Qué harán de tus cabellos, madre, /las piedras que en la lava/ nos desaparecen.

Lucia Rosa va al encuentro de la conversación, de ese diálogo que es el centro de su poesía, donde concurren interrogantes, la intemperie que se mueve entre la oscuridad y la luz, la ceniza aún caliente y la lava que viene a comernos. Lo real y lo evanescente que araña las puertas del sentido. El Paraíso perdido del que hablaba Marcel Proust.

En La intemperie se mueve nos impulsa a la omnipresencia del volcán. Nos refuerza ese sentimiento que bajo el volcán todo desaparece, del volcán vigilante que nos convierte en su presa. Nos impulsa a la belleza cautivadora y cruel del universo.

Pero La intemperie se mueve, es también una respuesta al mundo, a la realidad que es el mundo interior de Lucia Rosa González; poeta. 

JUAN CALERO RODRÍGUEZ, ENHEBRANDO LLOVIZNAS

Juan Calero Rodríguez es un poeta que desde la soledad, la modorra y la desesperanza emocional de sus vivencias en Cuba y su vida en la isla de La Palma, ha sabido crear un lenguaje poético personal, un lenguaje que pertenece a la poesía como ejercicio de construcción de su pasado y su presente.

 En Enhebrando lloviznas, Juan Calero construye, al igual que los otros dos poetas que participan en este texto, poemas minimalistas, elípticos que, como vemos son muy breves, con un enfoque emotivo, esencial y aparentemente sencillo y digo aparentemente porque debajo de la naturalidad y sencillez se encuentra un trabajo serio de elaboración:

-Si tuviera al menos la incomprensión / pero ni tus súplicas al cielo hacen trampas. / Nadie tiene la culpa, /el mundo no puede cobijar más excepciones. 

Juan Calero Rodríguez es un poeta enamorado del mundo del arte, de los libros de la poesía y especialmente de la pintura. Le gusta hablar de la poesía, de los poetas, de las librerías y de los escritores. Le gusta recorrer la historia personal y la colectiva de los lugares que va conociendo a través de sus viajes, asumirla como descubrimiento de otras culturas y escribir, escribir como en este poema donde exclama:

 Madre, ahora que confundo los instantes del / equilibrio y el correo niega hasta el último de los/  mensajes recuérdame el nombre, la fecha de los/ auxilios. Los accidentes.

Escribe Calero, igual que si estuviese sumergido en el sueño de su origen, de sus capas más oscuras, en el amargo deterioro de la desmemoria, del olvido. Un poema con un tono intimista y confesional, un poema sobre imágenes vagas que atraviesan la mente del poeta, un poema que me ha hecho recordar la idea del Paraíso perdido de Marcel Proust.

Construiste templos donde esconder desiertos, / lugares medio mojados cada mañana, / y sin rostro, me preguntas, dónde queda la patria:

En estos versos asoma el tono de nostalgia, de la patria perdida, de ese arte tejido en el telar de los recuerdos. De esa memoria, íntima, sensorial del país de la infancia que marca tanto.

Todos dijeron ser inocentes / la lluvia, el viento, las horas, el amanecer /el brillo de la luna, los sueños con sus mitos / la mirada y su canción. Solo la mano del niño /no supo qué decir ante la rosa sin pétalos.

A través de los poemas, Juan Calero Rodríguez canta al amor, a la naturaleza, a lo ancestral, a lo urbano, a la búsqueda de la vida.  s el hallazgo de esa poesía como palabra en la memoria.      

Rosario Valcárcel, narradora y poeta

 

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