Dh La Aldea
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Jorge Gabriel Santana, el más rápido en el XI DH La Aldea
La mañana del domingo 12 de abril la climatología fue respetuosa con el tradicional DH La Aldea, que cumplía su décimo primera edición, y dada las lluvias de los últimos meses lo hacía con un manto verde que cubría todas las inmediaciones del circuito que discurre por la zona conocida como Lomo del Trigo.
El Parque de Cactualdea volvió a ser el epicentro de esta prueba deportiva, organizada un año más por la Federación Canaria de Ciclismo, finalizando por segunda edición consecutiva en la zona conocida como el Estanque de Cactualdea. El evento terminó además con un salto espectacular que congregó a la mayoría de los espectadores que se dieron cita y que móvil o cámara en mano inmortalizaron la entrada a meta de los casi sesenta participantes que participaron en esta emblemática prueba del calendario regional.
La primera manga, que era clasificatoria para el orden de salida de la segunda, se disputó con normalidad y los corredores coincidieron a su llegada en meta que el circuito era bastante técnico y exigente, destacando los saltos a lo largo del recorrido y en especial el de entrada a meta.
El corredor más rápido fue Jorge Gabriel Santana del CD Huracán Bike Team con un tiempo de 1:50:865, le siguieron Raúl Chocho (1:51:584) y Cristian Curbelo (1:53:814).
Desde la Federación Canaria de Ciclismo destacan la participación de los aldeanos Isaac Jiménez, que tras no federarse en la presente temporada y permanecer muchos meses sin coger la bicicleta, fue segundo clasificado del “Open No Federados” en un circuito que conoce a base de “sacho y pico” ya que es quien lo diseña, lo acondiciona y lo encinta conjuntamente con su equipo de colaboradores. Mencionan también al rider José Luis Pérez que fue su primera edición y realizó una buena clasificación.
La entrega de trofeos estuvo encabezada por el alcalde del municipio Pedro Suárez a los que también se unieron los concejales Víctor Hernández, Ulises Afonso, Arcadio Araujo, propietarios de Cactualdea y miembros de la organización.
“Quiero agradecer la participación de todos los corredores en una prueba de gran dificultad como esta”, ha destacado el concejal de Deportes, Miguel Ulises Afonso, “también me gustaría hacer una mención especial a los cuerpos y entidades que han velado por la seguridad del evento, como Protección Civil, los Servicios de Salvamento y Rescate por Mar, Tierra y Aire del Grupo de Intervención Operativo de Rescate y Salvamento; a Transporte Sanitario García Tacoronte, Provital-Emergencia Costa Canaria y el club Entremobitra. Su labor ha sido fundamental para que la prueba se haya desarrollado con todas las garantías”.
“Quiero agradecer la visita durante este fin de semana de los riders de DH que nos han acompañado, llegados desde distintos municipios y desde islas como Tenerife, La Palma o Fuerteventura”, ha añadido el alcalde, Pedro Suárez, “asimismo quiero reconocer el trabajo de todas las personas y entidades que hacen posible este tradicional descenso de bicicletas de mountain bike, especialmente la Federación Canaria de Ciclismo y, en particular, a Isaac Jiménez por su dedicación y esfuerzo”.
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El Tablero Nuclear ¿es El Enriquecimiento De Uranio Un Derecho Soberano O Un Pulso Al Poder
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El tablero nuclear: ¿Es el enriquecimiento de uranio un derecho soberano o un pulso al poder?

Hablar del programa nuclear iraní suele ser un ejercicio de simplificación peligrosa. En el relato mediático dominante, el mundo se divide en dos trincheras: para unos, Irán es una amenaza existencial; para otros, una víctima del doble rasero de Occidente. Sin embargo, la realidad habita en una zona gris mucho más incómoda. Ni Teherán actúa con la transparencia que proclama, ni Washington —especialmente bajo la doctrina que marcó la era Trump— lo hace con la legitimidad que invoca. En el corazón de este conflicto subyace una pregunta que el derecho internacional responde con una claridad asfixiante: ¿Tiene Irán derecho a enriquecer uranio? La respuesta es sí… pero con matices. El derecho frente a la sospecha Desde el punto de vista jurídico, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) es explícito: reconoce el derecho inalienable de todos los Estados a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. Irán se aferra a este principio como una línea roja innegociable. Es una lógica comprensible; ningún Estado soberano acepta de buen grado que se le imponga un techo tecnológico. No obstante, el enriquecimiento de uranio no es una actividad neutral. Es una tecnología de doble uso. Cuando un país insiste en mantenerla mientras mantiene zonas de sombra ante los inspectores internacionales, el mensaje que proyecta no es solo de soberanía, sino de ambigüedad calculada. Irán no es el único responsable de esta desconfianza, pero tampoco es un actor inocente en este juego de espejos. Washington y la ley del más fuerte Sería un error de análisis —y un ejercicio de autoengaño— señalar únicamente a Teherán. Estados Unidos suele presentarse como el garante del orden global, pero su actuación es, con frecuencia, selectiva. Washington no discute solo el riesgo de una bomba; discute quién tiene el permiso para sostener el mando a distancia. Durante los últimos años, la estrategia estadounidense ha desbordado los límites del propio derecho internacional. Imponer sanciones masivas que asfixian a una población o amenazar con el bombardeo de infraestructuras no es una extensión de la norma jurídica, sino una expresión de poder puro y duro. En este escenario, las reglas dejan de ser principios universales para convertirse en instrumentos arrojadizos. 2015: El espejismo del equilibrio El acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) fue, por un breve periodo, la excepción que confirmó la regla. Demostró que era posible establecer límites verificables a cambio de reconocimiento y alivio económico. Su ruptura unilateral evidenció que el problema nunca fue puramente técnico, sino profundamente político. Hoy, el debate sigue atrapado en una paradoja circular: Irán tiene derecho a la energía nuclear, pero su comportamiento alimenta la desconfianza que limita ese derecho. Estados Unidos tiene razones para preocuparse por la proliferación, pero sus métodos coercitivos dinamitan la legitimidad de su postura. Una conclusión incómoda Quizá la reflexión más honesta sea que el derecho internacional no existe en el vacío; convive con un sistema donde el poder decide cuándo y cómo se aplican las leyes. La pregunta real no es si Irán tiene el derecho jurídico de enriquecer uranio, sino quién tiene la fuerza suficiente para decidir hasta dónde llega ese derecho. En el sistema internacional, la justicia y la política rara vez caminan por sendas separadas. Y como diríamos en mi tierra, en Telde, con esa sabiduría de quien ha visto mucho y se fía poco: “No hay muladar sin pulgas, ni linaje sin manchas”. En este tablero, si te despistas, te la juegan hasta el fondo. Porque al final, en las altas esferas del poder, las certezas absolutas suelen ser siempre la primera víctima de la guerra. ¡Qué cosas tiene el mundo! Claves del análisis: El Tratado de No Proliferación: El marco legal que ampara y, a la vez, limita las ambiciones de Teherán. La Doctrina del Doble Rasero: Cómo las potencias utilizan la seguridad global para proteger intereses estratégicos. Poder vs. Derecho: El conflicto donde la geopolítica se impone sobre los tratados firmados. ¡Qué cosas!