En el marco de las Fiestas Patronales de Juncalillo de Gáldar, la jornada del viernes dejó una tarde especialmente significativa, donde el cuerpo, la música, la palabra y la emoción se encontraron en la plaza para recordar algo esencial: la salud también se cuida en comunidad.
El acto estuvo organizado gracias a la colaboración entre la Fundación Lidia García y la Comisión de Fiestas de Juncalillo, en una propuesta orientada a unir tradición, cultura, bienestar y participación vecinal en el corazón de la cumbre grancanaria.
La tarde comenzó con una magnífica clase de zumba dirigida por la monitora Rosa Quintana, quien supo guiar con experiencia, energía y maestría una actividad dinámica, participativa y llena de vitalidad. A pesar del calor propio de una tarde de verano en la cumbre, los asistentes se dejaron llevar por el ritmo, el movimiento y la alegría compartida.
La zumba no fue solo una actividad física. Fue también una forma de conexión. El movimiento del cuerpo, la música, la coordinación y la expresión corporal jugaron un papel fundamental en el bienestar físico y mental de las personas participantes, demostrando que cuidar el cuerpo también es una manera de cuidar la mente.
Tras un breve descanso, la Plaza Mayor de Juncalillo se vio envuelta en la filosofía MAXIMÍN, de la mano del coach en gestión emocional y mindfulness Esteban Rodríguez García, quien desarrolló una charla participativa bajo el título “Cuidar la mente es cuidar la salud”.
Sin embargo, a medida que avanzaba el encuentro, el verdadero espíritu de la tarde encontró su propio subtítulo: “Cuidar la mente es celebrar la vida”.
Durante más de noventa minutos, vecinos y vecinas pudieron compartir una experiencia cercana, vivencial y profundamente humana en torno a la prevención de la salud mental. No se trató de una charla convencional, sino de un espacio de participación, reflexión y presencia, donde las personas pudieron reconocer las emociones que nos habitan y comprender que no existen emociones simplemente buenas o malas, sino emociones que, bien escuchadas y bien gestionadas, pueden aportar valor a nuestras vidas.
A lo largo del encuentro se trabajó la importancia de la comunicación asertiva, de mirar al otro con la misma consideración con la que necesitamos mirarnos a nosotros mismos, de cuidar la palabra y de comprender que el modo en que hablamos puede abrir caminos o levantar muros.
También se abordó la necesidad de fomentar la cooperación, la escucha y la flexibilidad, especialmente frente a la rigidez de ideas, pensamientos y comportamientos que tantas veces dificultan una comunicación verdadera con uno mismo y con los demás.
Desde la mirada MAXIMÍN, Esteban Rodríguez propuso una forma sencilla y profunda de acercarse al bienestar: descubrir cómo, a través de pequeños gestos conscientes, es posible alcanzar grandes beneficios emocionales. Porque, muchas veces, con lo mínimo podemos generar el máximo bienestar posible.
La tarde fue tomando forma como una experiencia compartida. Hubo reflexión, movimiento, palabra, emoción y también silencio. Hubo reconocimiento, participación y una conexión especial entre quienes se acercaron a vivir este encuentro en un lugar tan emblemático como Juncalillo de Gáldar.
El cierre llegó con un gesto profundamente simbólico: movimientos compartidos y un abrazo entre los asistentes. Un abrazo que no fue solo una despedida, sino una expresión de comunidad, de cuidado y de presencia.
La jornada terminó dejando una sensación común de satisfacción y gratitud. Dos actividades distintas, la zumba y la charla participativa, que encajaron de manera natural y complementaria: primero el cuerpo se puso en movimiento; después, la palabra y la conciencia ayudaron a mirar hacia dentro.
En definitiva, una tarde para recordar que la salud mental no empieza cuando algo se rompe, sino cuando aprendemos a escucharnos, a cuidarnos, a pedir apoyo y a celebrar la vida desde lo sencillo, lo cercano y lo compartido.
Juncalillo volvió a demostrar que la tradición, la cultura y la comunidad también pueden ser espacios para el bienestar.