El SUC recuerda cómo ayudar en un accidente de tráfico sin correr riesgos o causar nuevos daños
  • El primer interviniente debe poner en práctica la conducta PAS (proteger, alertar, socorrer) y seguir las indicaciones del coordinador sanitario
  • Estos consejos cierran la campaña de verano ‘Cuando lo necesitas, el SUC actúa’ ante el riesgo que entrañan los desplazamientos por carretera
Una correcta y rápida actuación por parte de las personas que son testigos de un accidente de tráfico puede ser de vital importancia para evitar que se produzcan más daños y prestar ayuda a los afectados hasta la llegada de los recursos de emergencias.
Con motivo del fin de las vacaciones para muchos y el riesgo que entrañan los desplazamientos por carretera, el Servicio de Urgencias Canario (SUC), dependiente de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, recuerda los primeros pasos que deben dar los primeros intervinientes con el fin de prestar la mejor ayuda posible y lograr una eficaz intervención de los servicios de emergencia, especialmente del sanitario, y aumentar la supervivencia de los heridos.
Cuando presenciamos un accidente de tráfico debemos poner en práctica la conducta PAS (proteger, alertar y socorrer). En primer lugar, tenemos que proteger la zona, por lo que debemos detenernos en un lugar seguro que nos permita valorar la situación y asegurarnos de no correr riesgos propios o ajenos a la hora de actuar, evitando que se generen situaciones de peligro añadidas.
A continuación, es necesario alertar a los servicios de emergencia y facilitar toda la información que ayude a la localización del incidente, indicando si ha tenido lugar en una autopista o autovía y el sentido en el que circulan los vehículos, ya que ese dato es imprescindible para minimizar los tiempos de llegada de los recursos de emergencias. Asimismo, se debe comunicar con calma al coordinador sanitario del SUC todos los datos que nos soliciten sobre el número de heridos, si se encuentran atrapados y las lesiones que presentan, según lo que apreciamos externamente, prestando especial atención al nivel de consciencia, respiración y movilidad.
Finalmente seguiremos las indicaciones del médico o enfermero del SUC, sobre las acciones a seguir para socorrer y prestar la primera asistencia a los afectados hasta la llegada de las ambulancias. Durante la llamada, el alertante siempre contará con la ayuda de los profesionales sanitarios, que le facilitarán mediante teleasistencia cómo proceder de forma adecuada y no empeorar la situación.
Tras el accidente es posible que el herido presente traumatismos o fracturas por lo que el SUC recomienda no moverlo, a no ser que sea absolutamente necesario por su seguridad, y en caso de tener que hacerlo, se deben seguir siempre las indicaciones del coordinador sanitario.
Cuando el afectado se encuentra atrapado es recomendable apagar el contacto del vehículo y, si no hay riesgo, permanecer junto a él para trasmitirle tranquilidad mientras se espera la llegada de los diferentes recursos de seguridad y emergencias, ya que en estas situaciones actuar de forma incorrecta puede empeorar gravemente el alcance de las lesiones que en un primer momento haya podido sufrir la persona accidentada. Además, hay que tener en cuenta que nunca se debe dar de comer o beber a la víctima de un accidente.
Si bien la actuación de los primeros intervinientes es de vital importancia para la supervivencia de los heridos, no hay que olvidar nunca que antes de intervenir en un accidente de tráfico es fundamental mantener la calma y transmitírsela a la persona accidentada, seguir las indicaciones prestadas mediante teleasistencia por el SUC y esperar a la llegada de la ayuda especializada. Nunca se debe actuar por intuición sin saber si se están realizando las actuaciones correctas y apropiadas a cada caso.

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Redacción NorteGranCanaria

Democracia en tierra sureñas de alisios; el voto en blanco como acto de rebeldía cívica

“En las próximas elecciones municipales de Telde, mi voto será en blanco” La democracia nació en Grecia, pero su sentido más profundo se entiende mejor en lugares como Canarias, donde la vida siempre ha sido una negociación constante con la naturaleza, con la distancia y con el poder. Aquí, donde cada decisión colectiva puede cambiar la vida de un valle, un barrio o una isla entera, la democracia no es un concepto académico: “es una herramienta de supervivencia” Por eso, “votar no es solo un derecho; es un deber moral.” Es presentarse ante la comunidad y decir: “Aquí estoy, no cedo mi voz, no entrego mi responsabilidad”. La abstención voluntaria —salvo causa mayor— es una retirada. Un abandono del puesto de guardia, una falta absoluta de civismo. Un “que decidan otros; lo que en democracia equivale a renunciar a la propia dignidad política.  “El voto en blanco o la bofetada elegante” En estas islas, y muy especialmente en mi ciudad de Telde, a la que va dirigida mi artículo de hoy, donde la política se vive con cercanía y donde la ciudadanía sabe distinguir lo auténtico de lo impostado, “el voto en blanco es una herramienta de resistencia democrática”. No es apatía. No es indiferencia. No es desinterés. Y desde luego, “no es lo mismo que no ir a votar, ni que provocar un voto nulo”, que se pierde como una botella sin mensaje arrojada al mar. “El voto en blanco”,  es un voto “válido”, registrado, que dice con claridad: “Estoy aquí, cumplo con mi deber democrático, pero no me trago lo que me ofrecen, porque yo pienso y hablo con la libertad de los condenados” Es una bofetada elegante. Un portazo silencioso. Un “no” rotundo sin necesidad de gritar. Es la forma más fina —y más dura— de recordarle a los partidos que la ciudadanía no es un rebaño, que no se conforma, que no se vende y que no se deja seducir por discursos vacíos. Y en mi caso —como ciudadano de Telde que ha visto, escuchado y vivido demasiadas cosas, demasiadas promesas incumplida y demasiadas traiciones personales por los políticos que hoy nos representen en su Ayuntamiento— el voto en blanco será mi forma de decirles en las próximas elecciones municipales a todos los partidos, que después de tres años y medio,  “me han decepcionado,  me han traicionado y que  algunos ni siquiera entran en mi horizonte moral”, porque están en las antípodas de mis convicciones. Mi voto en blanco será, firme, limpio y sin estridencias; “una forma de estar presente sin regalar mi confianza a quien no la merece” como es el caso con los actuales partidos políticos, que nos gobiernan actualmente en Telde. “Un voto que exige cuentas, que desnudas carencias” El voto en blanco no destruye, pero incomoda. No insulta, pero señala. No divide, pero evidencia. Es un voto que obliga a los partidos a preguntarse, por qué una parte de la ciudadanía no se siente representada. Y esa pregunta, cuando se formula desde las urnas, pesa más que mil discursos. El voto en blanco mantiene intacta la “Participación activa” — El votante en blanco no se esconde; se planta. La “Exigencia política”— Es un examen suspendido, un no han hecho los deberes. La “Neutralidad responsable” — No favorece a nadie, pero deja claro que nadie ha convencido y, “la madurez democrática” — Participar incluso sin elegir demuestra más compromiso que votar por inercia. “Abstención y voto nulo, son dos formas de rendirse” “Confundir el voto en blanco con la abstención o el voto nulo”, es un error que conviene desmontar. La abstención voluntaria es una retirada. Es dejar el timón en manos de otros. Es renunciar a influir en el rumbo de la comunidad. El voto nulo, cuando es intencionado, es un gesto impulsivo que no deja huella. Ninguno de los dos construye. Ninguno exige. Ninguno mejora la democracia. Solo manifiesta una cobardía de quien se enconde tras él. “El voto en blanco”, en cambio, sí lo hace. Es un aviso. Un toque de atención. Un recordatorio de que la ciudadanía está presente, pero no satisfecha. Es el equivalente democrático a decir: “Estoy aquí, sigo aquí, pero no me volverán a engañan”.  “Un voto que pide más, que pide mejor, que no se conforma” En un archipiélago donde cada isla tiene su personalidad, donde la gente sabe distinguir lo auténtico de lo impostado, el voto en blanco es una herramienta poderosa. No destruye. No divide. No insulta. Pero sí exige. Y exige con fuerza. Es un voto que dice: “Sigo aquí. Sigo creyendo en la democracia. Pero quiero propuestas a la altura de esta tierra y no un nuevo manojo de machangadas” Cuando pienso en el voto en blanco para Telde, lo imagino como una luz encendida en mitad del océano: una señal de vigilancia, no de abandono. Una luz que dice que la travesía continúa, pero que el rumbo debe revisarse. Que la democracia necesita manos firmes, ojos atentos y ciudadanos que no se rindan. El voto en blanco es, en definitiva; es “la forma más civilizada de la rebeldía democrática”. Una rebeldía que no rompe, pero corrige. Que no destruye, pero exige. Que no calla, aunque parezca silenciosa y si hoy me he decidido a escribir este artículo sobre las próximas elecciones en mi Ciudad de Telde, diciendo públicamente, sin complejos, ni miedos lo que pienso, es porque, ya son muchos los lectores habituales de mis artículos de opinión o que me escuchan a través de mis muchas participaciones en radios locales, los que me han hecho esta pregunta. Soy consientes, que algunos, lo hacen desde la maldad, por verme como me escapo del   compromiso y contestarles con evasivas ¡Pobres pardillos! Se olvidaron que yo soy un mauro de Telde sí, pero hombre de dignidad, honestidad, recto proceder y honor, fuera de toda duda, como corresponde a los “auténticos lobos de mar, orgulloso de sus galones” y que han visto mucho mundo, para asustarse ahora ante las cosas mundanas y mucho