Personal del SUC y del Centro de Salud de Agaete asisten un parto en ambulancia durante el traslado de la gestante al hospital
Parto En Ambulancia
Parto En Ambulancia
  • El trabajo de parto se inició de forma inminente, por lo que los equipos sanitarios decidieron detener el recurso sanitario para asistir el nacimiento con seguridad 
Personal sanitario del Centro de Salud de Agaete y del Servicio de Urgencias Canario (SUC) asistieron hace unos días a una mujer que se puso de parto cuando era trasladada en una ambulancia de soporte vital básico del SUC al hospital.
 
El incidente se produjo en torno a las cinco de la madrugada, cuando la mujer, tras romper aguas en su domicilio, acudió junto a su pareja al centro de salud de Agaete. Después de ser valorada por la médico y la enfermera de guardia, se comprobó que el parto era inminente, por lo que contactaron con el coordinador sanitario del SUC.
 
Con la información facilitada por el equipo sanitario, el enfermero coordinador dedujo que el nacimiento podía producirse antes de la llegada al hospital y activó de manera preventiva la ambulancia medicalizada del SUC con base en el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín para que saliera al encuentro de la ambulancia de soporte vital básico que se había medicalizado con el personal sanitario del centro de salud y estaba trasladando a la gestante y su pareja.
 
Cuando la ambulancia básica circulaba a la altura de Tinoca, la mujer inició el trabajo de parto, por lo que, tras comunicarlo a la sala de emergencias, el coordinador sanitario indicó a ambos recursos que se detuvieran en la gasolinera que se encuentra en esa zona para poder asistir el parto con las máximas garantías de seguridad.
 
Tras el encuentro de los dos equipos sanitarios, se decidió atender el nacimiento en el interior de la ambulancia de soporte vital básico. En la asistencia participaron los dos médicos, las dos enfermeras, los técnicos de emergencias de ambos recursos y el padre de la recién nacida que estuvo en todo momento dando apoyo a la madre.
 
El parto se desarrolló con éxito y la mujer dio a luz a una niña, Carmen, que junto a su madre fue trasladada posteriormente en la ambulancia medicalizada del SUC al Hospital Universitario Materno Infantil de Canarias para su valoración. Por su parte, el equipo sanitario de Agaete regresó a su centro de salud en la ambulancia de soporte vital básico tras finalizar la asistencia.

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Crisis Migratoria
Opinión Política
Redacción NorteGranCanaria

Pedro Sánchez se niega a declarar la emergencia mientras Ceuta se desborda

Ceuta vive una de las mayores crisis migratorias de los últimos años. En apenas unos días han accedido a la ciudad alrededor de 1.500 personas, una cifra que ha desbordado los recursos asistenciales, los dispositivos de seguridad y la capacidad de acogida de una ciudad de poco más de 80.000 habitantes. El propio presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Jesús Vivas, ha definido la situación como una «emergencia humanitaria y social» y ha solicitado formalmente al Gobierno de España la declaración de una emergencia nacional y la creación de un mando único que coordine la respuesta del Estado. Sin embargo, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha rechazado esa posibilidad. La explicación oficial es jurídica: la Ley del Sistema Nacional de Protección Civil no contempla las crisis migratorias como supuesto para declarar una emergencia de interés nacional. Según el Ministerio del Interior, esa figura está reservada para catástrofes naturales, accidentes tecnológicos o situaciones similares, por lo que considera que el marco legal actual no permite activar ese mecanismo. Esa es la posición oficial. Pero el debate político y social va mucho más allá de la interpretación de una ley. Cuando una frontera exterior de España y de la Unión Europea registra miles de entradas irregulares en pocos días, los centros de acogida se encuentran completamente saturados y los servicios públicos trabajan al límite de sus posibilidades, resulta legítimo preguntarse si el Estado está respondiendo con la rapidez y contundencia que exige una situación excepcional. Las autoridades ceutíes llevan días alertando de un auténtico colapso operativo. El Gobierno local ha reclamado más medios, la derivación urgente de personas acogidas hacia otros territorios y una implicación mucho mayor del Estado para evitar que la situación siga deteriorándose. Diversos medios locales reflejan además la enorme preocupación existente entre instituciones y ciudadanos por la presión que soporta la ciudad. Es evidente que gestionar una crisis migratoria exige respeto absoluto a la legalidad nacional, europea e internacional y la protección de los derechos humanos. Pero también es cierto que el Estado tiene la obligación de garantizar el control efectivo de sus fronteras, preservar la seguridad ciudadana y asegurar que ninguna ciudad quede desbordada por una situación extraordinaria. Algunos califican lo que ocurre en Ceuta como una «invasión». Ese término tiene una fuerte carga política y jurídica y no forma parte de la terminología utilizada oficialmente por el Gobierno de España. Lo que sí es un hecho objetivo es que la presión migratoria registrada durante los últimos días es extraordinaria, ha superado ampliamente la capacidad de respuesta de la ciudad y ha obligado al presidente ceutí a reclamar una actuación excepcional del Estado. La gran pregunta sigue sin respuesta: si una situación de este calibre no merece una actuación extraordinaria del Estado, ¿qué tendría que ocurrir para que el Gobierno considerase que se han alcanzado los límites de la capacidad ordinaria de respuesta? Mientras Madrid insiste en que el ordenamiento jurídico no permite declarar una emergencia nacional por una crisis migratoria, en Ceuta continúan llegando personas, los recursos siguen tensionados y crece la sensación de que la ciudad afronta prácticamente sola una crisis que afecta a toda España y, por extensión, a toda la Unión Europea. Porque Ceuta no es únicamente una ciudad autónoma. Es una frontera española. Y proteger una frontera española constituye una responsabilidad irrenunciable del Estado.