La exposición ‘Arqueología de la mirada’, descubre el legado fotográfico de Luis Diego Cuscoy en Cueva Pintada
  • La muestra, organizada por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, podrá visitarse del 1 al 24 de septiembre en el Museo y Parque Arqueológico ubicado en Gáldar
  • La exposición pone en valor la faceta menos conocida del arqueólogo como fotógrafo y humanista, a través de una selección de su ingente archivo fotográfico 

El Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada acoge del día 1 de septiembre al jueves 24 la exposición temporal ‘Arqueología de la mirada’, una muestra, organizada por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, que presenta al público el archivo fotográfico de Luis Diego Cuscoy (1907-1987), figura indispensable en la historia de la investigación arqueológica de Canarias.

La inauguración de la cita exposición, que tendrá lugar el día 1 de septiembre, a las 11:00 horas, cuenta con la colaboración del Gobierno de Canarias, a través del Programa EnSeñas de la Dirección General de Patrimonio Cultural, y podrá visitarse en el equipamiento arqueológico que gestiona la Consejería de Cultura del Cabildo grancanario en el municipio de Gáldar, de martes a sábado, de 10:30 a 19:30 horas, y los domingos y festivos, de 11:00 a 19:30 horas.

‘Arqueología de la mirada’ propone un recorrido por la ingente producción fotográfica de Luis Diego Coscoy y permite descubrir una faceta menos conocida de quien fue uno de los principales referentes de la arqueología en Canarias.

Su archivo revela, además, la personalidad de un humanista poliédrico, cuya curiosidad y capacidad de observación trascendieron ampliamente el ámbito de la investigación arqueológica.

Además de arqueólogo, Luis Diego Cuscoy desarrolló una intensa trayectoria como maestro y teórico de la educación progresista, historiador, etnógrafo y antropólogo. También cultivó la poesía y la prosa en diversos medios y mostró un profundo interés por el paisaje y el “paisanaje”, convirtiéndose en un atento observador de las personas, los territorios y las transformaciones de su tiempo.

Siempre cámara en mano, Cuscoy inmortalizó de forma sistemática múltiples aspectos de su trayectoria profesional y personal. Su mirada sagaz e inquisitiva se detenía en un sinfín de detalles allí donde se encontraba, tanto en Canarias como fuera del archipiélago, dejando constancia de una realidad que observaba con permanente curiosidad y en la que pocas cosas carecían de interés para él.

A través de estas imágenes, ‘Arqueología de la mirada’ invita al público a acercarse al legado de Luis Diego Cuscoy desde una nueva perspectiva y a descubrir al investigador más allá de su decisiva contribución a la arqueología canaria: como fotógrafo, intelectual y cronista de su tiempo, capaz de construir, a través de su cámara, un valioso testimonio de los paisajes y las personas que formaron parte de su vida.

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Redacción NorteGranCanaria

Un mes ya de traición

¿Es culpable el gobierno social comunista de Pedro Sánchez, de la actual situación que sufren nuestros hermanos compatriotas en Ceuta? Vaya por delante, que este articulo lo escribo con el corazón destrozado de un viejo lobo de mar, que, de joven en nuestra la Armada Española, juró —“lealtad a la bandera, servicio a la patria, defensa de tu gente, hasta su última gota de sangre”; juramento éste o cosas que no he perdido con los años.  Al contrario, lo he afilado más si cabe. Me he vuelto más claro, más exigente, más verdadero, más valiente. Y eso se notará en cada palabra que iras leyendo a continuación, dejando claro que mi es indignación es legítima. “La traición”, según la RAE, es quebrantar la fidelidad debida. Pero los marinos sabemos que esa definición es apenas una brisa suave comparada con lo que significa en cubierta. La traición, para un capitán, es ver cómo un oficial abandona su guardia en plena noche, cómo un timonel suelta la rueda cuando el barco escora, cómo un mando se esconde cuando la mar ruge y la tripulación depende de él. La traición es “romper el deber de mando”. Y eso, en la mar, no se perdona. jamás. Escribo estas líneas con la indignación de quien ha navegado océanos donde la palabra “España” era un faro, no una excusa. Con la rabia contenida de quien ha mandado hombres y barcos, de quien sabe que la autoridad no es un sillón, sino una responsabilidad que se ejerce con el pecho por delante. Y lo digo sin temblor, sin miedo, sin diplomacias, porque “lo ocurrido en Ceuta fue una traición a la patria en toda la extensión de la palabra”. Una traición de las que dejan grietas en el casco y vergüenza en la memoria. “El asalto fue un temporal anunciado” Ochenta mil personas cruzaron la frontera española como quien invade la cubierta de un barco sin capitán. No fue un fenómeno migratorio. No fue una desgracia humanitaria. No fue un accidente. Fue una” maniobra política” perfectamente orquestada por un país hostil a quien Pedro Sánchez y su cobarde gobierno social comunista, llama “vecinos fiables y amigos”. Fue una presión calculada, una orden silenciosa desde Rabat, que autorizó, porque nada se mueve allí, sin su consentimiento, por el propio Rey Mohamed VI Marruecos, quien ordenó abrir la compuerta y dejar que la marea humana avanzara como un temporal que arrasa sin preguntar, como ya lo hiciera su padre Hassan II en el año de 1975, con la Marcha Verde, sobre “la provincia española” del Sahara Occidental Y mientras tanto, nuestro Gobierno… Nuestro Gobierno actual, el social comunista que preside Pedro Sánchez, “decidió arriar velas, apagar luces, esconderse cobardemente en el camarote” y dejar que Ceuta quedara expuesta como un barco abandonado en mitad del Estrecho. Un capitán que se precie, sabe que cuando el mar ruge, se planta en el puente. Un Gobierno como el de Pedro Sánchez actual, se esconde en plena tormenta, traiciona sin mas y se van de vacaciones a La Mareta o a contemplar desde una zona VIP en Guadalajara eclipse solar, que los ayuda a quedarse ciegos y así, no tener que ver la realidad de lo que está pasando en su país España. “El deber de mando; lo que ellos olvidaron” Un capitán sabe que su primera obligación es proteger a su tripulación. No hay matices. No hay excusas. No hay diplomacias. Si un barco es atacado, el capitán responde. Si la mar se levanta, el capitán se mantiene firme. Si un peligro amenaza a los suyos, el capitán se interpone. “¿Pero ¿qué hizo el Gobierno social comunista de España? Lo contrario”. Mientras los ceutíes veían su ciudad desbordada, mientras la frontera cedía, mientras la soberanía nacional era puesta a prueba, el Gobierno de Pedro Sánchez, decidió “mirar hacia otro lado”, como si Ceuta fuera un islote perdido y no una parte de España. Y lo más grave: “otorgó a los asaltantes más derechos que a los propios ciudadanos españoles”. Sanidad, alojamiento, protección jurídica, garantías… Todo para quienes participaron en un ataque organizado. Y para los españoles de Ceuta, silencio. Silencio y abandono. Esto no es mala gestión. Esto no es torpeza. Esto es “TRAICIÓN”. “La Corona, como un faro apagado” Como marino que ha jurado fidelidad al Rey, debo decirlo con el mismo dolor que   firmeza, que “la ausencia del jefe del Estado fue un faro apagado en plena noche”. Cuando una ciudad española es atacada, el Rey debe estar. Debe hablar. Debe defender. Debe marcar rumbo. Pero esta vez, la Corona navegó en aguas de silencio. Y el silencio, cuando la patria sangra, es una forma de traición moral. ¿Alta traición? Si traición es quebrantar la lealtad debida, ¿Qué palabra describe mejor la actitud de un Gobierno que abandona a sus ciudadanos? Si alta traición es actuar contra la soberanía o la seguridad de la patria, ¿Cómo debe llamarse la decisión de ceder una frontera nacional, de minimizar una invasión, de tratar al invasor con más garantías que al invadido? Yo he mandado hombres. He tomado decisiones que podían costar vidas y los he visto hombres confiar en mí porque sabían que no los abandonaría. Sé lo que es el deber. Sé lo que es la responsabilidad. Sé lo que es la lealtad. Y lo que vi en Ceuta fue exactamente lo contrario; “una renuncia al mando”, una cobardía política, una claudicación diplomática, una traición a la tripulación llamada España. “España no es un barco a la deriva” España no es un casco viejo que se deja pudrir en un astillero. España no es una bandera que se esconde para no molestar. España no es una frontera que se abre por miedo a un monarca extranjero. España es un país que merece ser defendido. España es un pueblo que merece respeto. España es una tripulación que no puede ser abandonada. Lo ocurrido en Ceuta no fue un error. No fue una mala gestión. No fue un descuido. Fue una autentica