Comunicado de la Plataforma Guía se Respeta

En la prensa local aparece publicado, con fecha de 13 de marzo de 2019, una amplia nota de opinión de don Javier Estévez sobre las plazas del centro histórico de la ciudad de Guía. Se nota, una vez más, que está muy bien documentado de datos históricos y que quede claro que es una opinión digna de todo respeto.

Pero desde la plataforma “Guía Se Respeta” consideramos que se deben de hacer algunas matizaciones:

  • Por un lado, omite que se trata de parte de un Conjunto Histórico-Artístico. Recordemos que el organismo oficial para el que trabaja parece empeñado en olvidar algo tan importante, por eso nos vemos en la necesidad de recordarlo por enésima vez: ese espacio como tal está sujeto a la Ley 4/1999, de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias (legado que debemos preservar entre todos, para nuestro conocimiento y disfrute, así como para que lo conozcan las futuras generaciones).
  • Así mismo, dice que el entorno de las plazas no tiene identidad propia. Creemos que sí que la tiene, y bastante.

Esta área se caracteriza, al contrario que otros centros urbanos de solera, por los distintos ambientes que lo forman. Si bien es verdad que no es así desde sus orígenes fundacionales a principios del siglo XVI, se han ido configurando poco a poco la Plaza Grande (como bien dice, a partir de cierto huerto particular), la Plaza Chica (que dejó de ser tan reducida a principios de los años 60 del siglo XX), así como rincones tan entrañables como la plazoleta de San José, cuyas gradas eran conocidas hasta no hace mucho como “Las Graditas” de la iglesia, para diferenciarlas de las gradas situadas ante el frontis de dicho templo.

La balaustrada de la Plaza Grande data de 1924. Cuando está a punto de alcanzarlo, ¿vamos a impedir (y fuera de Ley) que cumpla un siglo? Como antaño no había democracia, el pueblo no podía expresarse tan libremente como ahora, y por lo tanto los gobernantes hacían y deshacían a su libre albedrío. Y, dicho sea de paso, una votación donde sólo se dan a elegir entre tres proyectos (¿o propuestas?) sin opción al no, tampoco puede considerarse precisamente democrática.

Para comprender todo esto es esencial contar con cierto factor: tener cierta sensibilidad, pensar en la gran cantidad de generaciones en ese espacio han experimentado múltiples vivencias. Este hecho puede sintetizarse en el comentario de una de las personas que actualmente están firmando a favor de la preservación del entorno: “Si me quitan la Plaza Grande y la Plaza Chica es como si me quitaran buena parte de mi vida”. Y, por cierto, han desaparecido misteriosamente algunas hojas de recogida de firmas de algunos comercios donde estaban expuestas.

Desde la plataforma estamos completamente a favor de la promoción económica de Guía de Gran Canaria, y al mismo tiempo sabemos que en mercadotecnia hay unos conceptos llamados posicionamiento, propuesta de valor y ventaja competitiva. Pues bien, siendo la belleza del Conjunto Histórico y Artístico la mejor representación de los conceptos anteriormente nombrados que tiene nuestra Ciudad para su promoción económica y social, ¡por favor, recapacitemos!, cuanto tantos errores se han cometido ¡No sigamos confundiendo la necesidad de modernización con romper con lo que, colectivamente hemos heredado y en buena medida nos caracteriza!

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Imitar Sin Pensar
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Imitar sin pensar

Las modas nacen deprisa. Un gesto, una celebración, una fotografía o un vídeo bastan para que miles de jóvenes quieran imitar lo que ven sin preguntarse de dónde viene ni qué significa. Es el precio de vivir en un mundo donde la apariencia suele correr más que el conocimiento. Un muchacho se bajó los pantalones un palmo porque su ídolo lo había hecho. Otro lo imitó al día siguiente. Después llegaron cientos más. Ninguno sabía explicar el motivo, ni le importaba. Lo importante era parecerse a quien admiraban. Con el paso del tiempo descubrieron que muchos gestos, formas de vestir o maneras de comportarse tenían historias que desconocían. Algunas eran simples modas; otras habían nacido en ambientes marginales, en bandas, incluso en prisiones o en culturas muy distintas de la nuestra. Comprendieron demasiado tarde que copiar sin entender es la forma más rápida de dejar que otros piensen por uno. Los años pasan y la imagen que cada cual construye también deja huella. Se toman decisiones que parecen insignificantes en el momento, pero que acaban definiendo la personalidad, las costumbres e incluso la forma en que los demás nos perciben. Corregir ese rumbo siempre es posible, pero nunca resulta tan sencillo como haber reflexionado antes de imitar. Todo esto me viene a la cabeza al recordar la celebración del futbolista de la selección española Lamine Yamal. Un deportista de élite sabe que millones de ojos observan cada uno de sus movimientos. Los referentes no solo marcan goles; también marcan conductas. Quienes los admiran merecen mensajes que inspiren esfuerzo, respeto y criterio, no simples gestos vacíos destinados a ser copiados sin reflexión. La lección es sencilla: no conviertas la admiración en obediencia, no imites porque sí, pregunta, piensa y decide por ti mismo. La libertad empieza cuando dejas de seguir al rebaño. A buen seguro, quien renuncia a pensar acaba viviendo la vida de otros. Y esa es la peor de las derrotas: descubrir, cuando ya es demasiado tarde, que nunca fue uno mismo quien eligió el camino.