La fábrica de ron Arehucas detiene toda su producción y destila solo alcohol sanitario

La destilería ubicada en Arucas (Gran Canaria) dispone de 1,08 millones de litros de materia prima para destilar alcohol para geles hidroalcohólicos y alcohol sanitario

La fábrica de ron Arehucas, en la ciudad grancanaria de Arucas, se ha adaptado a las circunstancias. El gerente de la destilería, Carlos Iglesias, ha explicado que la empresa se ha sumado a la lucha contra el coronavirus con la destilación de alcohol de uso sanitario, al haber paralizado la producción de ron por el cierre preventivo de su fábrica.

Como ha dicho a Efe, esta industria canaria dedicada a la elaboración de rones y licores, ha puesto a disposición de Sanidad, «tanto nuestras existencias, como la capacidad productiva».

Actualmente la destilería ubicada en Arucas dispone de 1,08 millones de litros de materia prima para destilar alcohol, para geles hidroalcohólicos y obtener alcohol sanitario o para bebidas.

Además, Arehucas tiene 53.000 litros de alcohol neutro de más de 96 grados apto para uso sanitario y 10.000 litros de alcohol desnaturalizado de 96 grados, que sirve para fabricación de geles antisépticos.

Aunque la empresa siempre ha tenido esta producción de alcohol sanitario como segunda vía de negocio, apenas dedicaba a esta actividad un 5 por ciento de su producción y, ante el cierre de sus fábricas y de la distribución por «evitar exponer a los trabajadores al contagio», ha dedicado sus instalaciones a este fin.

El alcohol destilado es parte del producto de Arehucas, además del aguardiente que fabrican ellos mismos.

Este alcohol que viene de fuera, ahora «se destila para que alcance la graduación necesaria para su uso sanitario» y se distribuye a «farmacias, veterinarios, hospitales y para la fabricación de hidrogeles desinfectantes», entre otros usos.

La fabricación de ron «está parada», por lo que este producto en bruto se destila para que alcance los 96,4 grados o las características necesarias según el producto, por lo que la industria canaria «ha puesto todo a disposición de este fin».

Según ha señalado, «en España hay desabastecimiento de este alcohol», por lo que aunque hasta el momento se está distribuyendo en Canarias les han contactado para distribuir en Península.

«No hay fabricantes nuevos y no hay nuevos negocios», por lo que en España «están desabastecidos y casi nadie tiene alcohol», ha destacado Iglesias, quien agrega que el problema es que «no hay y habría que cultivar más caña para poder hacer más alcohol», lo que es un proceso largo.

Para obtener este producto para uso sanitario, Arehucas almacena el alcohol en depósitos en grandes cantidades y, una vez se va destilando, pasa a depósitos más pequeños de 20.000, 50.000 y 100.0000 litros; para la venta llenan botellas, bidones o incluso cisternas de transporte con capacidad para 24.000 litros si fuera necesario.

Como ha detallado el gerente de Arehucas, el alcohol tiene una «burocracia y un sistema de control complejo» que alarga el proceso.

La destilación «se puede realizar en un plazo corto de tiempo con el equipamiento adecuado», pero se requieren permisos y procesos específicos que llevan «varias semanas».

Como ha apuntado, «si Sanidad se coordina con las administraciones competentes» y se concede la exención de ciertos trámites o la agilización de estos «es posible generar este producto en apenas 24 horas».

En los últimos días antes de la implantación de las medidas, cubrieron “el abastecimiento de rones y licores a las grandes superficies y comercios” con “pedidos grandes para al menos un mes”.

En el caso de que la demanda sea mayor, «en los almacenes hay ‘stock’ para abastecer», por un periodo de tiempo.

Arehucas, fundada el 9 de agosto de 1884 por Alfonso Gourié, factura en torno a los 30 millones de euros y exporta a países de varios continentes, hasta 54.000 litros de cerca de una veintena de productos diferentes entre ron y licor.

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Redacción NorteGranCanaria

Negros nubarrones se ciernen sobre La Niña III

Si el anterior incendio puso de manifiesto el deterioro continuado de la seguridad pública al permitir el Ayuntamiento que pernoctaran en el interior de la carabela La Niña III indigentes y drogadictos, este segundo incendio debería de abrir los ojos a los que aún quieren confiar en la capacidad municipal para conservar esta singular pieza histórica. Tropezar voluntariamente dos veces en la misma piedra, da sobrados motivos para maliciarse que lo que realmente desea el Ayuntamiento es que desaparezca La Niña III en algún olvidado vertedero y así eliminar el recuerdo y el homenaje debido a la memoria histórica del hecho singular en la historia de la humanidad que fue el Descubrimiento de América por España. El ala política ultrasiniestra quedará así muy complacida. No se trata de otro “accidente” ni mucho menos de algo puramente incidental e imprevisible. Ha habido reiteradas advertencias de mucha gente, entre ellos yo mismo en artículos e intervenciones en radio, sobre las consecuencias destructivas que para nuestro patrimonio implica la negligencia culpable de las autoridades municipales al permitir y tolerar que la carabela fuera usada como dormitorio de marginados. Anunciaron a bombo y platillo que habían encargado un estudio técnico sobre la viabilidad económica de la recuperación, pero transcurrido el plazo que ellos mismos se dieron, no hay noticias de las conclusiones. Precisamente por este detalle, me temo lo peor y se acrecientan mis sospechas de que tal vez haya personajes que no lamenten que la causa, el abandono, haya producido este efecto, el incendio. Soy consciente de que hablar de Cristóbal Colón, el Descubrimiento de América por España y de La Niña III diseñada por el capitán Carlos Etayo, en los entornos municipales y cabildicios no es algo que les guste en demasía. Por eso, cuando se conoció la decisión de encargar un estudio para su restauración tras el primer incendio (por cierto, ya desde antes tenía serios problemas de integridad física por falta de mantenimiento), expuse varias reservas: No acababa de entender el porqué se encargó a un “arquitecto naval” el estudio de viabilidad de la restauración. En realidad no se estaba hablando de reparar un barco para que volviera a navegar, cosa que por razones obvias no se planteaba, sino de restaurar un monumento dañado por el fuego y el abandono. Ese estudio podría realizarlo cualquier experto en restauración de elementos de madera expuestos a la intemperie, como por ejemplo los grandes balcones canarios que vemos en nuestra isla. Si se decidía restaurar la carabela, no era necesario que el trabajo lo ejecutaran carpinteros de ribera, ni tampoco utilizar maderas especiales y por ende muy caras, pues no se esperaba que La Niña III volviera a navegar, sino que fuera un monumento estático singular. Lo que hace especial y única a esa carabela es el hecho de que ese barco viajó a América en el año 1992 tras la estela de Colón al mando del capitán Etayo. Por todo esto, espero y deseo que se tome una rápida y razonada decisión sobre el futuro de esta joya de la arqueología naval y que el ya cercano 12 de Octubre, podamos alegrarnos de que la pieza museística siga entre nosotros con una nueva andadura adscrita al Museo Elder de las Ciencias, que pudiera habilitar una sala especial para la enseñanza de la navegación medieval, los instrumentos de navegación y la cartografía náutica, al igual que hay una sala dedicada a la navegación aérea… paradójicamente somos isleños, rodeados del grandioso Océano Atlántico, pero muchos prefieren mirar los riscos en lugar del diáfano horizonte.