Para un viejo lobo de mar, retirado ya hace algunos años como yo, les puedo jurar que el hacer —o al menos intentar elaborar— una reflexión serena sobre el Derecho Marítimo, las responsabilidades y los próximos pasos a seguir ante una emergencia, es una tarea sumamente difícil.
Es cierto que los oficiales de la Marina Mercante somos reconocidos mundialmente como hombres de honor. Hablo, sobre todo, por mis colegas españoles: auténticos profesionales de la quilla a la perilla. Pero nunca dejamos de ser hombres de carne y hueso, con nuestras virtudes y también con nuestros errores, como todo hijo de vecino. Si algo tenemos grabado a fuego en el pecho, es que nuestro honor no acepta ciertas acciones por muy legales que las leyes al uso pretendan pintarlas. Por ello, pido perdón desde ya si en estas líneas opino de una forma excesivamente subjetiva o incluso áspera; mi honor y mi condición de marino de carne y hueso siempre pesarán más que las normas frías impuestas desde lejanos despachos internacionales.
La inminente llegada a Tenerife del buque MV Hondius, de bandera holandesa y afectado por un grave incidente de infección por un virus peligroso que ha obligado a desviar su ruta inicial, ha desatado un vendaval de interés mediático y social. En situaciones como esta, donde confluyen aspectos jurídicos, operativos y diplomáticos, conviene analizar los hechos con la cabeza fría, desde la perspectiva del Derecho Marítimo Internacional y de los usos consolidados de la navegación comercial. Solo así se puede comprender qué decisiones son razonables, cuáles son obligadas y qué margen de actuación real tienen los Estados involucrados.
¿Se están siguiendo los procedimientos legales?
A la luz de la información disponible, parece que, a primera vista, las actuaciones encajan dentro de los marcos normativos que rigen la navegación internacional. En casos de esta naturaleza, existen tres pilares fundamentales que se activan de inmediato:
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El Convenio SOLAS: Que obliga a los Estados a facilitar la seguridad de la vida humana en el mar y a colaborar estrechamente en situaciones de emergencia.
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El Convenio MARPOL: Que regula la prevención de la contaminación y establece los criterios para la gestión de buques potencialmente dañados o en riesgo.
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Las directrices de la OMI (Organización Marítima Internacional) sobre Puertos de Refugio: Que recomiendan a los Estados evaluar, caso por caso, la conveniencia de permitir la entrada de un buque en apuros, priorizando la seguridad humana y la mitigación de riesgos ambientales.
En este contexto, el hecho de que el crucero Hondius haya solicitado asistencia y que España esté evaluando su recepción —ya sea en puerto o en un fondeadero seguro— es plenamente coherente con las obligaciones internacionales de nuestro país. La clave aquí no es el simple «permitir o negar» por capricho, sino determinar técnicamente el lugar más seguro para las personas, el buque y el medio ambiente.
La hipocresía al otro lado del Estrecho
Ahora bien, como oficial de la Marina Mercante, hay una pregunta que me revuelve las tripas y me indigna sobremanera: ¿Es aceptable que el Reino de Marruecos haya rechazado la entrada del buque de buenas a primeras?
Mire, no hace falta que Mohamed VI venga ahora a darme lecciones diciendo que, desde un punto de vista estrictamente jurídico, «ningún Estado está obligado a aceptar un buque averiado o en emergencia en su puerto si considera que hacerlo puede comprometer su propia seguridad o soberanía». Las directrices de la OMI recomiendan cooperación, sí, pero no imponen obligaciones automáticas. ¡Qué lástima que el monarca alauita no se ponga tan exquisito ni tan legalista cuando recibe de la Comunidad Europea esos millones y millones de euros destinados a «ayudas sociales» y «desarrollo»! Esos mismos fondos que luego le sirven para asfixiar al campo español, inundando nuestros mercados con productos hortofrutícolas que no cumplen los estrictos controles fitosanitarios que sí se nos exigen a los europeos. Todo para que él siga engrosando su fortuna, siendo ya el rey más rico de África y uno de los más acaudalados del planeta.
Yo, que no soy más que un humilde lobo de mar, un maúro de Telde con muchas clacas incrustadas en los «egg» de tanto temporal soportado en una vida de navegante, le pregunto directamente a Mohamed VI con la libertad que da la experiencia:
¿Acaso ese dinero que le regalamos, sumado a la «morralla» de la que se desentiende cada semana enviándonosla en pateras para no tener que mantenerla en su país, le sirve para seguir levantando palacios, pagarse juergas en París y armarse hasta los dientes bajo un sospechoso interés expansionista? Ya lo hizo su padre, apropiándose por las bravas y con el cobarde consentimiento del gobierno español de la época, de la provincia del Sáhara Occidental y sus aguas.
Para su suerte, hoy en Madrid tenemos otro gobierno débil al que chantajear con esas misteriosas grabaciones obtenidas del móvil de Pedro Sánchez a través del sistema Pegasus; esas que, según cuentan las malas lenguas cristianas, guarda con celo para exprimir al máximo cuando llegue el momento.
Por tanto, que Marruecos haya declinado recibir al Hondius puede ser legalmente discutible bajo el principio de solidaridad marítima, pero moralmente es impresentable. Cada Estado evalúa sus riesgos, sí, pero lo verdaderamente importante es que, tras esa negativa, otro Estado costero —en este caso España— asumió la evaluación técnica y determinó la mejor solución. ¡Y con dos cojones! Porque así de solidarios somos los canarios y los españoles.
¿Fondeadero seguro o atraque en Granadilla?
La decisión de atracar en el puerto tinerfeño de Granadilla o permanecer fondeado dependerá exclusivamente de tres factores técnicos:
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La naturaleza exacta de la emergencia médica y operativa del buque.
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La capacidad del puerto para recibirlo sin comprometer el tráfico y la operatividad diaria.
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La evaluación de riesgos ambientales y de seguridad sanitaria.
En muchos casos, cuando un buque no presenta un peligro de hundimiento inmediato pero requiere una inspección o un desembarco controlado, se opta por un fondeadero seguro.
Lamentablemente, esto no se hizo en 1919 con el histórico vapor Valbanera, y así nos lució el pelo en Gran Canaria, tomando al pobre Capitán Padilla como cabeza de turco de una tragedia evitable. El fondeadero propicia un lugar relativamente alejado de la costa donde las operaciones pueden realizarse con mayor flexibilidad. Si, por el contrario, se determina que el desembarco debe ser en instalaciones fijas, Granadilla es una opción viable, siempre y cuando la Autoridad Marítima local lo estime seguro. Porque lo que es desde Madrid… ya nos han demostrado mil veces que no tienen ni puñetera idea de lo que es la mar.
Los pasos a seguir y el legado de Don Bernardo
Una vez que se complete el desembarco y se estabilice la situación sanitaria, el protocolo del Derecho Marítimo dicta una hoja de ruta muy clara:
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Inspección técnica exhaustiva por parte de la Capitanía Marítima (Estado rector del puerto).
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Evaluación de daños por parte de la aseguradora y la sociedad de clasificación del buque.
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Determinación de navegabilidad: Decidir si el buque puede salir por sus propios medios o si requiere remolque a un astillero.
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Protesta de Avería Gruesa: La obligatoria declaración del Capitán ante el cónsul o la autoridad competente.
(Aclaración para profanos: lo de «Avería Gruesa» no es por el tamaño del daño, sino porque en Derecho Marítimo define a aquellos actos deliberados y sacrificios intencionados realizados por el Capitán para salvar el buque y la carga en una situación de peligro común). ¡Dios! Mi profesor de Derecho Marítimo en la Escuela de Náutica de Tenerife, Don Bernardo Cabrera (que en paz descanse), estaría orgulloso de ver que a mis 74 años todavía recuerdo al dedillo sus doctas clases. ¡Jajajajaja!
Conclusión y aviso para navegantes
El análisis técnico, jurídico y operativo debe prevalecer siempre sobre la histeria colectiva y la presión mediática. Por eso les adelanto que no cuenten conmigo para alimentar el sensacionalismo; el encendido coraje que siento por las injusticias políticas me impediría ser del todo imparcial en el debate público, y es precisamente desde la serenidad técnica desde donde se gestionan estas crisis.
El caso del Hondius no es un hecho insólito en el ámbito internacional, aunque la prensa lo pinte como el fin del mundo. Las decisiones se están tomando dentro de los cauces previstos por la ley. La prioridad absoluta sigue siendo la misma que rige la mar desde la época de las carabelas: proteger la vida humana, preservar el medio ambiente y garantizar la seguridad de la navegación. A ver si se entera de una vez nuestro «vecino del sur» y deja de mirar de reojo a Ceuta y Melilla.
Nota final: Intencionadamente no he querido entrar a analizar en este primer artículo de emergencia las posibles repercusiones que esta alarma gratuita pueda acarrear al turismo de nuestras islas Canarias, principal motor de nuestra economía. Ya lo haré en la próxima entrega. Solo diré que dejen de escuchar a esos «sabios adivinos» de la televisión; las bolas de cristal se rompieron hace mucho tiempo y fallan más que una escopeta de feria. Y si no me creen, miren lo que le está pasando a Donald Trump con su guerra particular en Oriente Medio, que según él iba a durar una semana o dos, y ahí lo tienen: fondeado «a barbas de gato», metido en un barrizal por seguirle la corriente a líderes iluminados del lejano oeste. Así que, chiquillos, ¡abran el ojo y esparramen la vista con lo que nos intentan vender! ¡Qué cosas tiene la vida!
