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Articulos - Julio César González Padrón

Cuba y el límite moral de la fuerza: una defensa del derecho desde la otra orilla

26 de mayo de 2026
Julio César González Padrón

Hay artículos que se escriben con la comodidad de la teoría y otros que se redactan con el nudo en la garganta. Escribir sobre Cuba, cuando se lleva el peso de la historia compartida en la sangre, pertenece sin duda a la segunda categoría. Para quienes compartimos ese cordón umbilical invisible pero indestructible que une a las Islas Canarias con el Caribe —donde Cuba y Venezuela nunca han sido tierras extrañas, sino extensiones de nuestro propio hogar—, la imparcialidad es un ejercicio difícil. Más aún cuando se observa la realidad cubana desde un anticomunismo visceral y confeso, desde el dolor de ver a un pueblo hermano sumido en la miseria, el miedo y la parálisis por un régimen que trocó sus promesas de justicia por el silencio de la represión.

Sin embargo, la honestidad intelectual y la decencia moral obligan a trazar líneas rojas insalvables. En los últimos tiempos, el debate político internacional ha visto resurgir, con alarmante naturalidad y preocupante desparpajo, la retórica de una posible intervención militar extranjera en la isla. Ante este escenario, el silencio no es una opción. Una invasión armada en Cuba no sería una gesta libertadora; sería un error histórico descomunal, una violación flagrante de la legalidad internacional y una crueldad imperdonable contra una sociedad civil que ya ha agotado sus reservas de sufrimiento.

El Derecho Internacional no fue concebido como un catálogo de sugerencias biempensantes o un adorno diplomático para lucir en las cumbres de las Naciones Unidas. Es, por el contrario, el único dique de contención que separa a la humanidad del caos y de la ley del más fuerte. El artículo 2.4 de la Carta de la ONU es taxativo: «Los Estados se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado». Este principio no contiene letras pequeñas, no admite excepciones basadas en la catadura moral del gobierno de turno ni ofrece cláusulas de escape para justificar que una potencia decida cambiar por las armas el destino de un país soberano.

Cuba hoy no representa una amenaza militar para nadie; no despliega tropas en fronteras ajenas ni desafía la seguridad global. Su drama, hondísimo y doloroso, es de carácter estrictamente interno. Si el mundo occidental claudica ante la tentación de legitimar invasiones preventivas o «quirúrgicas» bajo el pretexto de la democratización, perderá toda autoridad moral para condenar otras atrocidades. Si permitimos que Washington decida unilateralmente qué gobierno debe caer por la fuerza, desarmamos el argumento jurídico frente a las agresiones de Rusia en Ucrania o las pretensiones de China sobre Taiwán. El tablero internacional se transformaría en una jungla definitiva.

A este peligroso mesianismo militar se suma la hipocresía de una estrategia que lleva sesenta años demostrando su ineficacia: el embargo estadounidense. Lejos de debilitar la estructura del régimen comunista o forzar una apertura democrática, el bloqueo económico ha funcionado como un castigo colectivo infligido directamente sobre los ciudadanos de a pie. Son los cubanos comunes —nuestros hermanos isleños— quienes pagan el precio con apagones crónicos, colas interminables, escasez de medicamentos y una desesperanza asfixiante. La Asamblea General de la ONU no condena este embargo año tras año por capricho político, sino por una elemental razón humanitaria. Pretender que, tras seis décadas de ahogo económico fallido, la solución pasa por desatar una guerra es de una irresponsabilidad histórica mayúscula.

Quien propone la vía bélica demuestra un desconocimiento absoluto de lo que significa el tejido humano de la isla, o bien una alarmante indiferencia hacia él. La libertad no desembarca en los tanques de un ejército extranjero ni la democracia se siembra con misiles de crucero. Una intervención militar en Cuba se traduciría de inmediato en vidas civiles truncadas, infraestructuras destruidas, éxodos masivos y traumas que fracturarían a la sociedad durante generaciones. Convertir la isla en un escenario bélico para que líderes con complejo de justicieros de película del oeste jueguen a la geopolítica —o satisfagan intereses electorales y financieros— es una inmoralidad.

Rechazar frontalmente la guerra no significa, bajo ningún concepto, ponerse de perfil ante los abusos del gobierno de La Habana o validar su modelo político. Defender a Cuba hoy es defender a su gente, no a su régimen. Lo que la sociedad cubana necesita con urgencia no es fuego, sino aire: el fin de la asfixia económica, el apoyo decidido a su sociedad civil, la apertura de canales de cooperación real y el acompañamiento diplomático e inteligente en una transición que debe ser gestionada por sus propios ciudadanos, respetando sus tiempos y su soberanía.

El futuro de Cuba tiene que ser diseñado y construido por manos cubanas, desde dentro y sin tutelas imperiales. El mundo debe ayudar con diplomacia, humanidad y puentes, no con bombas ni retóricas de taberna. Frente al delirio de quienes ven los países ajenos como fincas particulares listos para ser conquistados, la razón del derecho y la compasión humana deben prevalecer. La dignidad de un pueblo herido exige respeto, no una invasión.

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Politica Local
Redacción NorteGranCanaria

Raúl del Toro traslada a Pesca del Gobierno de Canarias la defensa del litoral aldeano y solicita una reunión informativa en La Aldea

El secretario local de Coalición Canaria plantea la exclusión de las ZIA-GC8 y GC9 de la planificación acuícola y confía en que la evaluación ambiental tenga en cuenta las singularidades de la zona y determine la inviabilidad de este proyecto. El secretario local de Coalición Canaria de La Aldea, Raúl del Toro, mantuvo este lunes una reunión con el director general de Pesca del Gobierno de Canarias, Esteban Reyes Hernández, para trasladar la posición de la formación sobre el futuro del litoral aldeano y abordar las actuaciones que deben desarrollarse en torno al proyecto acuícola previsto en la costa del municipio. En el encuentro participaron también la diputada de Coalición Canaria por Gran Canaria, Vidina Espino, y la secretaria local de Organización de Coalición Canaria La Aldea, Cristina León. Uno de los principales resultados del encuentro ha sido la confirmación por parte de la Dirección General de Pesca de la celebración de una reunión informativa en La Aldea, una petición que la formación local ya había planteado en las alegaciones presentadas ante la Administración. Para Raúl del Toro, este encuentro permitirá que los vecinos y vecinas puedan conocer directamente el contenido del expediente, plantear sus dudas y recibir información de primera mano por parte de los responsables de la Administración. “Creemos que es importante que la Dirección General de Pesca venga a La Aldea y explique directamente a los vecinos en qué punto se encuentra el expediente, cuáles son las competencias de cada órgano y qué pasos quedan por dar. Ante tanto ruido mediático, queremos información de primera mano, transparencia y participación”, señala Del Toro. Durante la reunión, Coalición Canaria trasladó también las principales cuestiones recogidas en las alegaciones presentadas por la formación, en las que se ponen de manifiesto las deficiencias detectadas en el proyecto y se solicita que se deniegue la concesión acuícola proyectada en la ZIA-GC9. Desde Coalición Canaria se entiende que el procedimiento administrativo del proyecto debe continuar su curso y que corresponde al órgano ambiental competente realizar la evaluación de impacto ambiental, dentro del ámbito de la Consejería de Transición Ecológica y Energía. En este sentido, los nacionalistas confían en que durante el proceso de evaluación se tengan especialmente en consideración las singularidades ambientales del litoral aldeano, sus espacios naturales y los valores que justifican su protección, y que el resultado de dicha evaluación determine que el proyecto no debe ser aprobado. En cualquier caso, más allá del expediente actualmente en tramitación, Coalición Canaria ha planteado al director general de Pesca la necesidad de comenzar a estudiar los trámites necesarios para excluir las ZIA-GC8 y ZIA-GC9 de la planificación acuícola de Canarias. Para la formación, el debate debe ir más allá de un proyecto concreto y abordar qué modelo de litoral quiere La Aldea para las próximas décadas. “No queremos que dentro de unos años volvamos a encontrarnos ante el mismo debate con otro proyecto. Creemos que ha llegado el momento, una vez transcurrido el tiempo necesario, de hablar del futuro de las ZIA-GC8 y GC9 y de proponer su exclusión del PROAC”, afirma Del Toro. Esta petición adquiere, además, una especial relevancia en un territorio donde se está impulsando la protección de espacios de enorme valor ambiental y paisajístico, entre ellos Guguy o la Micro Área Marina Protegida de El Roque. Coalición Canaria La Aldea valoran positivamente el encuentro mantenido con la Dirección General de Pesca y asegura que continuará realizando seguimiento del expediente y defendiendo que, a pesar de estar actualmente incluidas en el PROAC, las ZIA-GC8 y ZIA-GC9 no son los lugares adecuados para la práctica de la acuicultura. “Vamos a seguir defendiendo nuestro mar, nuestra pesca y nuestro territorio. La Aldea tiene derecho a decidir qué modelo de municipio quiere para las próximas generaciones”, concluye el secretario local.