2 marzo 2026 1:35 pm
Gibraltar: ¿Un paso al frente o una herida que se cierra en falso?

La noticia de que España y el Reino Unido han firmado un nuevo acuerdo sobre Gibraltar ha vuelto a levantar polvareda. Para algunos, quitar «la Verja» —ese muro que lleva tres siglos ahí— es un gesto de modernidad y pragmatismo. Pero para otros muchos, la sensación no es de alegría, sino de mosca detrás de la oreja. Y la verdad, sobran motivos para estar inquietos.

Aquí el tema no es solo lo que han firmado, sino lo que han preferido callar.

Un «fósil» en pleno siglo XXI

A estas alturas de la película, cuesta explicar que en mitad de Europa siga existiendo un territorio bajo bandera británica por un tratado de 1713. Mientras el mundo se ha ido descolonizando y la ONU ha dejado claro que estas situaciones deben terminar, Gibraltar sigue ahí, como una anomalía que hemos terminado aceptando por puro cansancio.

Si el Reino Unido le devolvió Hong Kong a China en el 97 porque tocaba cerrar la etapa imperial, ¿por qué con Gibraltar parece que las reglas del reloj histórico no cuentan? ¿Por qué nos cuesta tanto poner la soberanía sobre la mesa en los foros internacionales?

Lo que el mar se llevó (y el aeropuerto también)

Hay cosas de las que apenas se habla. Por ejemplo, de cómo el Peñón ha ido creciendo hacia el mar a base de rellenos, ganando casi un 15% de terreno. ¿Bajo qué ley se ha hecho eso? ¿Nadie en España ha dicho ni «esta boca es mía»? Da la impresión de que, al no decir nada, estamos aceptando los hechos consumados.

Y qué decir del aeropuerto, plantado en un terreno que siempre ha estado en disputa. Lo venden como «uso conjunto» para ser prácticos, pero en el fondo suena a tragar con una situación que España siempre ha cuestionado. Por no hablar de nuestros pescadores, los de toda la vida, que ven cómo les cortan el paso en aguas que sienten como suyas. Para ellos no es política, es el pan de sus hijos.

El bolsillo contra la bandera

Gibraltar es un imán de empresas gracias a su régimen fiscal. Unos dicen que es un modelo de éxito; otros, que es competencia desleal de manual. El contraste duele: cruzas la línea y tienes una prosperidad envidiable, mientras que en el lado español el paro sigue siendo una losa. ¿Es esto cooperación o es que somos el vecino que siempre sale perdiendo?

¿Qué sacamos nosotros de todo esto?

Está claro que quitar la Verja ayuda a los miles de españoles que cruzan cada día para trabajar. Para ellos, que la frontera sea fluida no es una cuestión de banderas, sino de llegar antes a casa y vivir mejor. Se dice que este acuerdo traerá inversiones y sacará al Campo de Gibraltar del olvido histórico. Ojalá.

Pero el miedo está ahí: si el acuerdo trae riqueza para todos, se podrá defender. Pero si solo sirve para que ellos sigan creciendo mientras nosotros nos quedamos mirando, va a ser muy difícil de explicar a la gente.

¿Socios o parientes pobres?

A veces parece que España actúa con complejo de inferioridad, y eso pasa cuando no se explica bien qué se negocia. Si los ciudadanos no saben qué se ha dado y qué se ha ganado, lo normal es que piensen mal.

La política no es solo darse golpes en el pecho con la bandera, pero tampoco puede ignorar el sentimiento de un país. Quizás priorizar la economía sobre la soberanía sea una estrategia inteligente, pero para que nos lo creamos hace falta transparencia y objetivos claros. Al final, Gibraltar es el espejo donde España se mira: o somos una nación acomplejada por su pasado, o un país capaz de defender lo suyo con firmeza y visión de futuro.

Y para terminar, como decimos por mi tierra, le diré al ministro Albares lo que se comenta en mi pueblo: “En esta jugada no vas a poder arrayarte un millo”. Aunque, chiquillo, con lo espabilado que se cree el «Choni inglés», no me extraña que piense que puede torear a cualquiera del gobierno. ¡Qué cosas se ven hoy en día!

Como buen maúro de Telde, un último consejo: a esa gente lo mejor es mandarlos “al jinorio”, que les encanta meterse donde nadie los llama. Que se acuerden de lo que les pasó con Nelson en Tenerife allá por 1797; claro que entonces mandaba un patriota de verdad como el general Antonio Gutiérrez de Otero, y no un «medio polvo» de los de ahora. ¡Jajajaja!

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter