La mar y la democrácia
Reflexión De Un Viejo Lobo De Mar
Reflexión De Un Viejo Lobo De Mar

 El rumor del oleaje que aún guía mi escritura

Reflexión de un “viejo lobo de mar” jubilado

 Muchas noches, cuando desde mi terraza de la playa de las Salinetas, observo la mar tan plácidamente, me doy cuenta que hay cosas en la vida, que solo se aprenden en la mar. Son enseñanzas que no figuran en los manuales, ni en los reglamentos, y sin embargo sostienen la vida de quienes navegaron en el pasado reciente; hoy eso felizmente jubilado y quizás por ello, me viene a la memoria con relativa frecuencia las vivencias de aquellas pasadas y felices mareas. Son enseñanzas que se transmiten como un rumor antiguo. El crujido de una escora inesperada, el silencio que precede al temporal, la mirada del marinero de guardia, que me acompañaba por las noches en el puente que detectaba un peligro antes de que nadie más lo pidiera ver. Esa memoria —la memoria de los viejos lobos de mar, cutidos en mil temporales— es la que hoy, ya en tierra firme, vuelve a mí cada vez que, medito y escribo sobre nuestro tiempo.

Y la pasada noche que el calor no me dejaba conciliar el sueño, me fui a la terraza y allí a oscuras, puse a pensar en la democracia; la que ya conocí, algo mayorcito, con casi 20 años y me di cuenta que ésta como la misma mar, “no admite el descuido”. Ambas parecen calmadas y serenas cuando se las mira desde lejos, pero quienes las conocen, saben que bajo la superficie siempre hay corrientes que se mueven, fuerzas que empujan; señales que solo se perciben si uno mantiene la atención despierta. Porque el mar, la mar, no perdona nunca la confianza excesiva y curiosamente la auténtica democracia tampoco.

A lo largo y ancho de mi pasada vida marinera, he visto Cielos que prometían serenidad, tornarse en amenaza en cuestión de minutos. He sentido cómo una corriente marina traicionera, cambiaba el rumbo de mi barco, que parecía seguro. He aprendido que la rutina, si se vuelve complaciente, puede ser más peligrosa que la misma tormenta. Y ahora, cuando ya felizmente jubilado y en tierra firme, observo con tranquilidad la vida pública, reconozco esos mismos signos, como los retrocesos pequeños, casi invisibles, que si no se atienden a tiempo desvían el rumbo de todos. En la mar, la tripulación es “la democracia perfecta”. Nadie navega solo. Cada mano sostiene la travesía, cada mirada al horizonte evita un riesgo, cada gesto de responsabilidad mantiene el equilibrio. A bordo todos somos imprescindible, desde el capitán y su oficialidad, hasta el último marinero. En tierra, esa tripulación somos nosotros; los ciudadanos diversos, y si bien es cierto que a veces discordantes, siempre somos también imprescindibles, aunque no lo sepamos. Porque la pluralidad es como el viento que impulsa al velero y la indiferencia, la “calma chicha” que paraliza al buque.

La mar también me enseñó a valorar la virtud de la sinceridad”. A no prometer lo que no se puede cumplir.  Porque esta virtud jamas oculta sus límites. No disfraza sus tempestades. En cambio, la política —esa otra navegación que ahora observo desde la distancia crítica de la jubilación— a veces se llena de espejismos. Palabras huecas que brillan como el Sol sobre la superficie, pero que no iluminan el fondo. Por eso es necesario mantener la brújula bien compensada, el criterio despierto, la capacidad de distinguir entre el oleaje real y el ruido que lo imita y…” Cuando tengas que cerrar un ojo, hacer como el buen piloto, “abrir el otro”

Y, sin embargo y a pesar de todo, la mar nunca es solo amenaza. También es amanecer. También es oportunidad. También es ese instante en que el horizonte se abre y uno siente que puede corregir el rumbo para llegar a nuestro destino. La democracia, pese a sus tensiones y sus sombras, conserva esa misma posibilidad de renovación. No está condenada a repetir errores si quienes la sostienen deciden actuar con responsabilidad y coraje. Siempre el coraje y la valentía y la cabeza bien alta; pues como tanto gustaba recordar mi difunto padre a sus hijos… “Tened para la ofensa recibida, pronto perdón, olvido para el daño, y siempre exento de maldad y engaño, id por el mundo con la frente erguida” ¡Grande padre! ¡Gracias mil! No te olvido a pesar de los años que han pasado, desde que partiste para el Cielo.

Hoy, desde la serenidad de la jubilación y la sabiduría que me da la madurez de la vida, que nunca la vejez, esta inquietud que me lleva a escribir me hace imaginar a “la democracia” como un barco en travesía. No un barco perfecto — pues ninguno lo es—, pero sí uno capaz de avanzar, de su tripulación mantener el compromiso, la paciencia y la mirada fija en el horizonte. La libertad, como la mar, exige manos honradas y firmes porque la convivencia, como la navegación, requiere respeto. Y la dignidad, como el rumbo, verdadero solo se sostiene si no dejamos de vigilar y sabemos aplicarle a su debido tiempo, lo que los marinos llamamos la “Corrección Total”, que consiste en restar o sumar, según el signo la “Variación Magnética” del lugar, más el “Desvío de la propia Aguja” y teniendo siempre en cuenta qué … “De la carta al timón, varía la corrección” Jajajajaj

Si amigos, la mar me enseñó a respetar lo que cambiaba y a poder hablar con “la libertad de los condenados”. La democracia, a defender lo que no debe cambiar y entre ambas, quizá encontré la forma más noble de navegar con rectitud y honradez por mi vida, o al menos me la he pasado intentándolo siempre, y sin dobleces mundanas.

¡Lastima! Que la clase política actual; tanto las derechas, como las izquierdas, no hayan tenido la suerte que he tenido yo, al conocer un día de cerca a la mar, hacernos amigos y sobre todo el dejar que me enseñara a “crecer por dentro como persona” y descubrir, que la aplicación en el día a día de la doctrina Humanista, es posible. La mar, es una autentica enciclopedia de donde aprender; no en vano, lleva en este planeta, desde que el mudo es mundo y sigue tan joven, salada y vigorosa, como desde el primer día en que Nuestro Señor, el Gran Arquitecto, el buen Dios, la creara. Y es que, … ¡Casos se han dado!  

¡Qué cosas!

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Psoe Taya
Politica Local
Redacción NorteGranCanaria

Abandono en las viviendas de Taya: una realidad que el escaparate municipal intenta ocultar

Mientras la proyección mediática y la intensa actividad en redes sociales del gobierno local parecen centrar la atención fuera de las fronteras del municipio, el día a día de numerosos barrios de Gáldar continúa marcado por carencias históricas que siguen sin resolverse. La brecha entre el casco urbano y la periferia vuelve a quedar patente tras las denuncias realizadas por los residentes de las viviendas de Taya, quienes aseguran llevar más de una década conviviendo con el abandono institucional. Representantes del PSOE de Gáldar han recogido diversos testimonios sobre el terreno y  los vecinos describen un conjunto de deficiencias estructurales y de mantenimiento que, según afirman, deterioran su calidad de vida y la imagen del entorno: Jardines abandonados. La ausencia de un mantenimiento periódico ha provocado que las zonas verdes estén invadidas por malas hierbas y vegetación descontrolada, proyectando una evidente sensación de degradación urbana. Contenedores sin protección. La falta de un espacio habilitado (isla) o de elementos de sujeción convierte los contenedores de residuos en un riesgo permanente. En días de viento o cuando fallan sus sistemas de frenado, estos se desplazan de forma incontrolada, llegando a impactar contra vehículos estacionados en la zona. Parque infantil con problemas de accesibilidad. Los residentes denuncian que el acceso al área recreativa presenta importantes dificultades de movilidad y seguridad, además de carecer de bancos donde los acompañantes puedan permanecer mientras los menores juegan. Lejos de limitarse a la denuncia, los propios vecinos han planteado alternativas que consideran sencillas y de rápida ejecución: en el caso del parque infantil, proponen adecuar un acceso seguro en el espacio situado entre los contenedores de la zona este y la propia área recreativa, zona llana que con un pavimento adecuado permita la entrada al parque a personas en silla de ruedas. A su juicio, se trata de una actuación de escasa complejidad que permitiría mejorar la accesibilidad, incrementar la seguridad y facilitar el uso del parque por parte de todas las familias ( se adjunta foto de como quedaría la propuesta). «Se prioriza la proyección pública y la presencia fuera del municipio, mientras salir del casco urbano de Gáldar supone encontrarse con barrios que acumulan más de diez años de abandono y promesas incumplidas», lamentan los afectados. Desde el PSOE de Gáldar nos unimos a las demandas de los residentes de las viviendas de Taya que reclaman que el Ayuntamiento vuelva a situar las necesidades de los barrios en el centro de la agenda municipal y que se ejecuten, con carácter urgente, las actuaciones de mantenimiento e infraestructura necesarios. Consideran que atender estas reivindicaciones no sólo mejoraría la calidad de vida de quienes residen en la zona, sino que también contribuiría a reducir el desequilibrio existente entre el núcleo urbano y la periferia del municipio.