Mercado Municipal De Telde Y Julio
Mercado Municipal De Telde Y Julio
La herida abierta de Telde
Un mercado cerrado y una ciudadanía a oscuras

La historia reciente de Telde arrastra un patrón demasiado conocido: obras municipales que comienzan envueltas en promesas, continúan entre retrasos y terminan atrapadas en el silencio administrativo. Entre todas ellas, hay una que duele especialmente a muchos teldenses porque representa mucho más que una infraestructura pendiente: el Mercado Municipal.

Prometido, anunciado y convertido en bandera electoral por quienes hoy forman parte del gobierno municipal, el Mercado Municipal sigue donde estaba hace años: cerrado, paralizado y sin un horizonte claro. Lo más grave ya no es únicamente el estado de la obra, sino la falta de información hacia quienes deberían ser los primeros en conocer la verdad: los vecinos y vecinas de Telde.

La ciudadanía contempla, entre la indignación contenida y la sensación de tomadura de pelo, cómo avanza la legislatura sin que aquella promesa se convierta en realidad. Antes de las últimas elecciones municipales, el actual grupo de gobierno incluyó la reapertura del Mercado en su programa. No era una promesa menor. Se hablaba de recuperar un espacio histórico, dinamizar la economía local, apoyar al pequeño comercio y devolver vida al casco urbano. Palabras que sonaban bien. Demasiado bien, quizá.

Sin embargo, la realidad es otra. La legislatura avanza y el panorama apenas ha cambiado. Las obras siguen sin concluir, los plazos se diluyen y la ciudadanía observa cómo pasa el tiempo sin explicaciones claras. El Mercado Municipal se ha convertido así en el símbolo de una forma de gestionar que Telde conoce demasiado bien: proyectos eternos, planificación débil, ejecución incierta y comunicación prácticamente inexistente.

Porque un mercado municipal no es solo un edificio donde comprar fruta, pescado, carne o productos de cercanía. Es un espacio de encuentro, un motor económico y un elemento de identidad colectiva. En muchas ciudades, los mercados renovados se han convertido en polos de actividad comercial, gastronómica, cultural y turística. Telde podría haber seguido ese camino. Todavía podría hacerlo. Pero cada mes perdido es una oportunidad que se escapa.

La parte más dolorosa de este asunto es el silencio institucional. La ciudadanía puede entender retrasos, dificultades técnicas, problemas administrativos o imprevistos económicos. Lo que no puede aceptar es que se la mantenga al margen. La falta de información no es un detalle menor: es una falta de respeto hacia quienes pagan las obras, hacia quienes votan y hacia quienes sufren cada día las consecuencias de la inacción municipal.

No hay comunicados claros. No hay cronogramas actualizados. No hay explicaciones públicas suficientes. Solo queda un vacío que alimenta la frustración y la desconfianza. Y Telde merece algo mejor.

La ciudad necesita instituciones que informen, planifiquen, cumplan y rindan cuentas. No se trata de colores políticos ni de campañas electorales. Se trata de gestión, responsabilidad y respeto por el ciudadano. También por quienes confiaron en el actual grupo de gobierno y hoy se sienten decepcionados. En mi caso, lo digo con claridad: me siento traicionado y desilusionado. Y cuando un gobierno pierde la confianza de quienes lo apoyaron, debería preguntarse seriamente en qué momento dejó de escuchar.

El Mercado Municipal podría ser un símbolo de renovación urbana. Hoy, lamentablemente, es un símbolo de abandono. Pero aún hay margen para corregir el rumbo. La ciudadanía no pide milagros; pide claridad, compromiso y hechos.

Por eso resulta imprescindible exigir una transparencia real: la publicación de un informe actualizado sobre el estado de la obra, un calendario público con fechas concretas, responsables identificables y explicaciones comprensibles. También hace falta participación ciudadana, escuchando a comerciantes, vecinos y asociaciones. Y, sobre todo, una reactivación inmediata del proyecto. Si existen problemas, deben explicarse con valentía. Si existen soluciones, deben aplicarse sin más demora.

El Mercado Municipal de Telde ya no es solo una obra parada. Es un recordatorio de lo que ocurre cuando la política se desconecta de la ciudadanía. Telde merece un mercado vivo, no un edificio fantasma. Merece un gobierno municipal que hable claro, que asuma responsabilidades y que cumpla lo prometido.

Porque cumplir con la palabra dada no debería ser una excepción en la vida pública. Debería ser la norma. Y si quienes gobiernan no son capaces de hacerlo, al menos deberían tener la decencia de explicarlo mirando de frente a la ciudadanía.

Telde no necesita más excusas. Necesita respuestas. Necesita gestión. Necesita hechos. Y el Mercado Municipal, cerrado y silencioso, sigue esperando que alguien en el Ayuntamiento entienda que las promesas electorales no se hacen para adornar programas, sino para cumplirse.

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La Fiscalía Entre El Fuego Político Y La Ley
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La Fiscalía entre el fuego político y la ley “cuando el Estado deja de disimular”

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Aquí es donde lo jurídico y lo político se cruzan peligrosamente y que parece a todas luces de que, a Pedro Sánchez, esto es algo que se la trae al pairo. “El marco legal; lo que la Constitución exige y lo que la práctica niega” El artículo 124 de la Constitución Española establece que el Ministerio Fiscal debe actuar conforme a los principios de “legalidad e imparcialidad”, promoviendo la acción de la justicia en defensa del interés público. Pero también establece que el “Fiscal general del Estado” será nombrado por el Gobierno. Y es precisamente en este artículo constitucional, donde Pedro Sánchez, ha encontrado “un filón de oro”, para explotar e imponer sus criterios, aunque a todas luces, esa dependencia jerárquica, unida a la estructura piramidal del Ministerio Fiscal, genere una tensión evidente entre la teoría constitucional y la práctica política. La frase “sin delito no hay autor” es jurídicamente correcta. Pero su utilización como mensaje político en un caso de enorme sensibilidad revela, una “alineación institucional”, que debería preocupar a cualquier demócrata. Más aún cuando la Fiscalía no se limita a exponer su posición jurídica, sino que acusa, nada menos que al juez instructor de “inventarse una confabulación”; un lenguaje impropio de un órgano que debe representar la neutralidad del Estado. “La Abogacía del Estado”, por su parte, debería defender los intereses del Estado, no los del Ejecutivo. Sin embargo, en los casos que afectan al Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, su actuación parece cada vez más sincronizada con la del Ministerio Fiscal. (¿De quién depende la fiscalía?), y esa sincronización erosiona la separación entre Estado y Gobierno, una separación que es esencial para la salud democrática, pero que el mentado Pedro Sánchez, alumno aventajado de Zapatero y admirador del chavismo más puros y rancio, no quiere o no se ha enterado que, para una España europea y democrática, no cuela, ni con vaselina. “La deriva institucional: cuando el poder deja de disimular” Lo que inquieta no es solo este caso. “Es la trayectoria” en sí misma. Los nombres que se acumulan en la percepción pública —Pumpido, Tezanos, Lola, Ortíz, Peramato, etc, etc, — no son anécdotas aisladas, sino señales de una “degeneración institucional”, en toda regla, que tristemente avanza dio a día y sin pausa. La democracia no se rompe de golpe. Se desgasta. Se contamina. Se llena de gestos que, sumados, revelan una tendencia; la subordinación del Estado al Gobierno. Cuando la Fiscalía, como la actual, actúa como defensa jurídica del Ejecutivo, cuando la Abogacía del Estado actúa como el brazo técnico del sanchismo, cuando los titulares parecen redactados para proteger al poder, el sistema entero se inclina y termina derrumbándose como la torre de Babel. Y lo más peligroso es que el gobierno social comunista actual ya ni siquiera disimula. “La mar risada del Estado” Los marinos, viejos lobos de mar, como este maúro de Telde que suscribe, lo sabemos bien: “la mar risada es traicionera”. Parece calma, parece dócil, parece segura. Pero debajo se mueve una fuerza silenciosa que puede tumbar al barco más sólido. Y este buque que es el gobierno social comunista de Pedro Sánchez, ya solo lo sustenta, los ex etarras de Bildu, pues todavía les queda, que Marlaska les saque de la cárcel a unos cuantos criminales que les quedan pagando sus crímenes, y los “anti todo” comunistas de Sumar, que cuando se les acabe “el actual chollo” se van a tener que poner “a currar como todo cristo”, y a ver a dónde van a ir esa pandilla de fumados, caducos y trasnochados. Porque los otros dos partidos (vascos y catalanes), ya arriaron los botes salvavidas y se han alejado del barco, para que no los arrastre la corriente que a su alrededor se produce, cuando se éste se esté hundiendo sin remedio. España navega ahora en esa mar engañosa. La superficie parece tranquila: instituciones funcionando, comunicados solemnes, lenguaje jurídico impecable. Pero bajo esa superficie se mueve una corriente profunda, que es la erosión de la independencia institucional. La pregunta ya no es si este caso importa. La pregunta es si estamos dispuestos a aceptar que la Fiscalía sea “el ariete político del Gobierno”. Porque cuando eso ocurre, el Estado deja de ser Estado. Y la democracia deja de ser democracia para convertirse en una especie de “chavismo bananero” con piel de cordero manso. El barco aún flota. Pero el agua, compañero, “siempre termina entrando”. Y de un momento a otro escucharemos…. ¡Abandonen el barco! ¡Maricón el ultimo! Y no se preocupen por salvar el “joyero zapatero” o a los