El Ayuntamiento ya expide certificados de empadronamiento con la nueva denominación mientras el expediente continúa abierto. Los residentes del Puerto de las Nieves denuncian que la medida amenaza la identidad arquitectónica del barrio y puede provocar un laberinto burocrático innecesario.
La indignación se ha instalado en el Puerto de las Nieves. Los residentes de la actual calle Alonso de Quesada han denunciado la actuación del Ayuntamiento de Agaete después de comprobar que el Consistorio ya está utilizando una nueva denominación para la vía pese a que el procedimiento administrativo continúa abierto y las alegaciones vecinales todavía no han sido resueltas.
La calle pasaría a denominarse “Joos Van Cleve, Pintor de la Virgen de las Nieves”, una decisión con la que los afectados aseguran no rechazar el homenaje al artista. Lo que cuestionan, con enorme malestar, es la elección de esta vía concreta, la ausencia de una transición clara y, sobre todo, que el Ayuntamiento parezca estar ejecutando el cambio antes de concluir formalmente el expediente.
Para los vecinos, no se trata de una simple modificación en el callejero. La actuación afecta a la historia del barrio, a la configuración original de sus viviendas y a la seguridad administrativa de numerosas familias, muchas de ellas formadas por personas mayores.
Un nombre fundido en la historia del barrio
El problema puede comprobarse a simple vista.
Las palabras “Alonso de Quesada” no aparecen en una placa metálica que pueda retirarse y sustituirse con unos tornillos. Las letras están troqueladas directamente sobre la fachada, integradas en el revoco y ejecutadas en relieve desde la construcción del Grupo de Viviendas Nuestra Señora de Las Nieves, en 1954.
Son, por tanto, parte material del edificio y de la imagen histórica del Puerto de las Nieves.
Los residentes advierten de que hacer desaparecer la denominación obligaría a picar la pared, arrancar las letras, cubrirlas con cemento o colocar una nueva señal sobre el rótulo original. Cualquiera de esas soluciones, sostienen, supondría alterar un elemento arquitectónico que lleva más de siete décadas formando parte del paisaje del barrio.
“No son carteles que puedan desatornillarse. Forman parte de la obra viva del edificio. Borrarlo es destruir la identidad del Puerto de las Nieves”, señalan los afectados en sus alegaciones.
La controversia plantea una pregunta difícil de eludir: ¿tiene sentido rendir homenaje a una figura histórica destruyendo, ocultando o mutilando otro vestigio de la historia local?
Los vecinos creen que no. Y reclaman al Ayuntamiento que busque otra calle, plaza o espacio municipal donde reconocer al pintor sin borrar de un golpe setenta años de memoria colectiva.
Dos nombres oficiales para una misma calle y en un mismo día
El episodio que ha terminado de encender los ánimos se produjo el 8 de julio de 2026.
Según la documentación aportada por los residentes, ese día el Ayuntamiento les notificó el inicio del trámite utilizando la denominación todavía vigente: calle Alonso de Quesada.
Sin embargo, también con fecha de 8 de julio, el propio Consistorio expidió certificados oficiales de empadronamiento en los que los domicilios ya aparecían situados en la “calle Joos Van Cleve, Pintor de la Virgen de las Nieves”.
Una misma administración, una misma vía y dos denominaciones diferentes el mismo día.
Los certificados comenzaron a llegar por correo certificado a partir del 17 de julio, pese a que los vecinos habían presentado alegaciones el día 14 y estas, según denuncian, todavía no habían recibido una resolución expresa.
La secuencia resulta difícil de justificar. Si el expediente seguía sometido a información pública y las objeciones de los residentes aún debían ser estudiadas, ¿por qué se modificó previamente la información del padrón?
Para los afectados, la emisión de esos documentos no es un error menor ni una simple anécdota administrativa. Consideran que supone dar por decidido el resultado de un procedimiento que formalmente continuaba abierto, vaciando de contenido su derecho a presentar alegaciones.
La indignación nace precisamente de ahí: de la sensación de que se les permitió alegar cuando la decisión ya había sido ejecutada en los registros municipales.
Un laberinto burocrático impuesto a los residentes
El cambio de nombre también abre un escenario de incertidumbre para los habitantes de la calle.
Los vecinos temen que la modificación les obligue a revisar y, cuando corresponda, actualizar su dirección ante distintas administraciones, entidades y empresas: documentación personal, registros de vehículos, servicios sanitarios, contratos de suministro, bancos, aseguradoras, Catastro, recibos tributarios y documentación relacionada con sus viviendas.
No todos esos trámites tienen las mismas consecuencias ni exigen necesariamente modificar los documentos de manera inmediata. Sin embargo, la falta de información municipal ha disparado la preocupación, especialmente entre las personas mayores o con dificultades para realizar gestiones electrónicas.
¿Qué dirección deben utilizar desde ahora? ¿La que aparece en la fachada y en sus documentos históricos o la que el Ayuntamiento ya ha introducido en determinados certificados? ¿Qué ocurrirá si diferentes administraciones manejan nombres distintos para un mismo domicilio? ¿Quién asumirá los costes y las molestias derivados de la modificación?
Son preguntas básicas que deberían haber quedado resueltas antes de comenzar a emitir documentación oficial con la nueva denominación.
Los afectados denuncian que se les está trasladando una carga administrativa que no han solicitado y para la que, aseguran, no se les ha ofrecido un calendario, un protocolo de transición ni asistencia municipal.
“Esto nos obliga a hacer gestiones, colas y comprobaciones en decenas de organismos sin que nadie nos haya explicado qué documentos hay que cambiar, cuándo deben modificarse ni quién asumirá las consecuencias”, señalan.
Los vecinos exigen la paralización inmediata
Ante lo que consideran una ejecución anticipada del cambio, los residentes han presentado un segundo escrito de alegaciones en el que reclaman al Ayuntamiento de Agaete la adopción de medidas inmediatas.
Solicitan la suspensión cautelar de cualquier actuación administrativa que emplee la nueva denominación mientras el procedimiento continúe abierto. También piden que se revisen o anulen los certificados de empadronamiento emitidos prematuramente con el nombre de Joos Van Cleve.
Además, exigen una resolución expresa y debidamente motivada que analice sus argumentos sobre el arraigo social de la calle, sus más de setenta años de historia y la singularidad de las letras integradas en la fachada.
Los vecinos también reclaman una explicación clara sobre la contradicción registrada el 8 de julio: por qué el Ayuntamiento notificó el procedimiento con el nombre de Alonso de Quesada mientras, simultáneamente, expedía certificados oficiales con la nueva denominación.
No piden que se renuncie al homenaje al pintor. Piden que no se utilice ese homenaje para justificar una actuación precipitada, innecesariamente conflictiva y potencialmente destructiva para la identidad del barrio.
Una decisión que exige explicaciones
Cambiar el nombre de una calle no consiste únicamente en aprobar una denominación en un despacho. Afecta a personas, viviendas, archivos, correspondencia, servicios públicos y elementos que forman parte de la memoria de un lugar.
Cuando, además, el nombre está literalmente fundido en la fachada desde 1954, la obligación de actuar con prudencia, transparencia y sensibilidad debería ser todavía mayor.
El Ayuntamiento debe explicar por qué comenzó a utilizar una denominación que, según los residentes, todavía estaba sometida a alegaciones. Debe aclarar qué efectos tendrá el cambio para cada domicilio y qué medidas adoptará para evitar perjuicios. Y debe justificar cómo pretende proteger unas letras históricas que no pueden retirarse sin intervenir físicamente sobre el edificio.
Mientras esas respuestas no lleguen, la polémica continuará creciendo en el Puerto de las Nieves.
Los vecinos ya advierten de que, si el Consistorio insiste en ejecutar la modificación sin resolver adecuadamente sus alegaciones y sin garantizar la conservación del elemento arquitectónico, estudiarán acudir a los tribunales.
Lo que comenzó como un homenaje corre el riesgo de terminar convertido en un ejemplo de cómo una administración puede enfrentar a todo un barrio por no escuchar, no explicar y actuar antes de tiempo.
Pie de foto
Las letras en relieve de “Alonso de Quesada” están integradas directamente en la fachada del edificio desde su construcción, en 1954. Los vecinos advierten de que eliminar u ocultar la denominación obligaría a intervenir sobre el revestimiento original y destruiría un elemento histórico del Puerto de las Nieves. Fotografía cedida por los residentes.
