Falta De Limpieza
Falta De Limpieza
Gáldar necesita reforzar la limpieza de sus calles

Soy vecino de Gáldar y me dirijo a este medio para expresar mi preocupación por el estado de abandono que presentan muchas calles del municipio en materia de limpieza viaria.

No hablo de una situación puntual ni de una calle aislada. En distintas zonas del casco se aprecia una falta evidente de mantenimiento, con aceras ennegrecidas, suciedad acumulada y una imagen que no se corresponde con el cuidado que debería tener un municipio como Gáldar.

Un ejemplo claro puede verse en la calle Soront Semidán, paralela a la calle Capitán Quesada, conocida popularmente como la calle larga. Basta con pasar por allí para comprobar el estado de las aceras, que presentan una suciedad acumulada desde hace demasiado tiempo. Si esta es la situación en pleno casco, cuesta imaginar cómo pueden encontrarse otras zonas del municipio, especialmente en medianías y barrios más alejados.

Los vecinos pagamos nuestros impuestos y tenemos derecho a unas calles limpias, transitables y dignas. La limpieza viaria no es un lujo ni una cuestión menor: afecta a la imagen del municipio, a la salubridad, al bienestar de quienes vivimos aquí y también a quienes nos visitan.

Por todo ello, solicito al Ayuntamiento de Gáldar que revise el servicio de limpieza, refuerce las actuaciones donde sea necesario y atienda las quejas vecinales antes de que la situación siga empeorando. Gáldar merece unas calles cuidadas, no aceras negras y abandonadas.

Fernando Sosa
Vecino de Gáldar

 

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Imitar Sin Pensar
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Imitar sin pensar

Las modas nacen deprisa. Un gesto, una celebración, una fotografía o un vídeo bastan para que miles de jóvenes quieran imitar lo que ven sin preguntarse de dónde viene ni qué significa. Es el precio de vivir en un mundo donde la apariencia suele correr más que el conocimiento. Un muchacho se bajó los pantalones un palmo porque su ídolo lo había hecho. Otro lo imitó al día siguiente. Después llegaron cientos más. Ninguno sabía explicar el motivo, ni le importaba. Lo importante era parecerse a quien admiraban. Con el paso del tiempo descubrieron que muchos gestos, formas de vestir o maneras de comportarse tenían historias que desconocían. Algunas eran simples modas; otras habían nacido en ambientes marginales, en bandas, incluso en prisiones o en culturas muy distintas de la nuestra. Comprendieron demasiado tarde que copiar sin entender es la forma más rápida de dejar que otros piensen por uno. Los años pasan y la imagen que cada cual construye también deja huella. Se toman decisiones que parecen insignificantes en el momento, pero que acaban definiendo la personalidad, las costumbres e incluso la forma en que los demás nos perciben. Corregir ese rumbo siempre es posible, pero nunca resulta tan sencillo como haber reflexionado antes de imitar. Todo esto me viene a la cabeza al recordar la celebración del futbolista de la selección española Lamine Yamal. Un deportista de élite sabe que millones de ojos observan cada uno de sus movimientos. Los referentes no solo marcan goles; también marcan conductas. Quienes los admiran merecen mensajes que inspiren esfuerzo, respeto y criterio, no simples gestos vacíos destinados a ser copiados sin reflexión. La lección es sencilla: no conviertas la admiración en obediencia, no imites porque sí, pregunta, piensa y decide por ti mismo. La libertad empieza cuando dejas de seguir al rebaño. A buen seguro, quien renuncia a pensar acaba viviendo la vida de otros. Y esa es la peor de las derrotas: descubrir, cuando ya es demasiado tarde, que nunca fue uno mismo quien eligió el camino.