Mein Shiff
Mein Shiff
Muelle Santa Catalina y Plaza de Canarias

En un día de calima, con una temperatura algo más alta que la primaveral, fui a dar un paseo mañanero por el entorno del Parque y del Muelle Santa Catalina, llevando mi cámara fotográfica con la esperanza de poder tomar algunas imágenes marineras de los barcos atracados. La zona estaba llena de vida, un buen ambiente se suele decir, era un continuo trajín de idas y venidas de viajeros y de isleños noveleros.

Las guaguas turísticas panorámicas, las rojas de dos pisos de la empresa City Sightseeing que se pueden ver en casi todas las ciudades del mundo, llegaban y salían llenas de felices y sonrientes turistas, pues no por casualidad estaban de vacaciones en estas tierras que algunos insisten en llamar “el paraíso”, no uno más, sino el auténtico y genuino paraíso.

Mientras las bicicletas de alquiler de la empresa SiTYcleta permanecían descansado a la sombra de un arbolito, una serpiente multicolor de ciclistas pedaleando en las que alquilaba el propio crucero Mein Shiff, “mi barco” en español, recorrían las aceras de los muelles y las calles de la ciudad.

En este deambular por los alrededores, hay al menos tres cosas que merece la pena ver al pasear por el amplio espacio y los jardines de la Plaza de Canarias. Destaca desde lejos la escultura de color azul claro, titulada el “Greetingman”, obra monumental del artista surcoreano Yoo Young-ho, que nos saluda atentamente al modo oriental. Difícil resulta no devolverle el saludo reverencial.

Otra cosa interesante es la enorme estructura metálica, pintada de azul intenso, que es la histórica Grúa Titán. Es un monumento al patrimonio industrial y un recuerdo de la historia del Puerto de La Luz y de Las Palmas, pues esta grúa se utilizaba para mover los pesados bloques de hormigón durante la construcción y ampliación de nuestros muelles a principios del siglo XX.

Por último, sin que con esto se agoten las muchas cosas que hay que ver y disfrutar en esa singular área que pone la ciudad cara al mar y el mar cara a la ciudad, está el pequeño cenotafio en forma de monolito que nos recuerda el trágico naufragio del Villa de Pitanxo, aquel barco arrastrero español que se hundió frente a la costa de Terranova y Labrador (Canadá), el 15 de febrero de 2022. Veintiuna personas murieron en el naufragio, una de ellas era el biólogo grancanario de 33 años Francisco Manuel Navarro. “Siempre con nosotros, aunque sin vosotros”, reza el cartel junto a la placa conmemorativa.

Para otro paseo y otros reportajes quedaron el nostálgico Santa Catalina Park, el que antaño acogía a diario a Lolita Pluma y a las tartanas con sus caballos, el Museo Elder de las ciencias, el acuario Poema del Mar, etc.

Muelle de Santa Catalina

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Julio Marino
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1º de Mayo: Cuando la historia interpela al presente

El Día Internacional de los Trabajadores no es una efeméride más. Es una fecha que, cada año, nos obliga a detenernos y mirar de frente una verdad incómoda: la historia del trabajo es la historia de un conflicto permanente entre quienes producen la riqueza y quienes la administran, la reparten o la acumulan. Esa tensión, lejos de ser un vestigio del pasado industrial, sigue definiendo buena parte de las dinámicas laborales del siglo XXI. Para entender la fuerza simbólica del 1º de Mayo hay que volver a Chicago, 1886. A una ciudad que hervía de fábricas, inmigración y desigualdad. A un movimiento obrero que, harto de jornadas de hasta 14 horas, decidió exigir algo tan básico como la jornada de ocho. La huelga, la represión, la revuelta de Haymarket y la ejecución de varios sindicalistas marcaron un punto de inflexión. Aquellos hechos no solo alumbraron una fecha: alumbraron una conciencia; la conciencia de que la dignidad laboral no se concede, se conquista. Más de un siglo después, el 1º de Mayo sigue siendo un espejo. Lo que refleja hoy es un paisaje laboral profundamente transformado, pero atravesado por tensiones que resultan inquietantemente familiares. La sombra de la precariedad La economía global ha cambiado de forma radical. La digitalización, la automatización, la transición ecológica y la reorganización de las cadenas de valor han reconfigurado el empleo; sin embargo, estos cambios no han venido acompañados, en todos los casos, de una mejora equivalente en las condiciones de vida de quienes trabajan. La precariedad se ha extendido como una sombra persistente: contratos temporales, jornadas parciales involuntarias, salarios que no acompañan el coste de la vida e incertidumbre permanente. La brecha salarial, especialmente para mujeres y jóvenes, sigue siendo una herida abierta. Además, la fragmentación del mercado —con trabajadores de plataformas, falsos autónomos y empleos intermitentes— ha debilitado la capacidad de negociación de amplios sectores. La paradoja es evidente: nunca se ha producido tanta riqueza, y nunca ha sido tan evidente que esa riqueza no se distribuye de forma equitativa. El desafío tecnológico: ¿Progreso para quién? La digitalización es uno de los grandes vectores de cambio. Puede mejorar la productividad y reducir tareas repetitivas, pero también puede convertirse en un instrumento de control e intensificación si no se regula adecuadamente. El teletrabajo, por ejemplo, ha demostrado su potencial para conciliar, pero también ha difuminado fronteras y extendido jornadas. Por su parte, la inteligencia artificial puede aumentar la eficiencia, pero también desplazar empleos o precarizarlos si no se acompaña de formación y protección. El 1º de Mayo obliga a plantear una pregunta esencial: ¿Progreso en qué condiciones? La tecnología no es neutral; su impacto depende de decisiones políticas, empresariales y sociales. Una llamada a la acción Desde una perspectiva institucional, este día recuerda que el Estado no puede limitarse a observar. Debe actuar y garantizar que el progreso económico se traduzca en progreso social. El diálogo social —entre gobiernos, sindicatos y empresas— no es un trámite, es una herramienta imprescindible para evitar que los cambios generen exclusión. Pero el 1º de Mayo también tiene una dimensión combativa que no debe diluirse. No es aceptable que la precariedad se normalice, ni que la juventud viva con menos expectativas que generaciones anteriores. No es aceptable que la tecnología se utilice para intensificar ritmos en lugar de mejorar la vida. Esta fecha no es nostalgia; es una advertencia. Una llamada a no dar por sentado lo que costó generaciones conquistar. Una invitación a construir un futuro donde el trabajo no sea un factor de vulnerabilidad, sino un pilar de dignidad. Porque la historia lo demuestra: cuando los trabajadores avanzan, avanza toda la sociedad. Y cuando retroceden, retrocedemos todos. ¡Qué cosas!