¡Ni una cama más en Fuerteventura!

AGONANE BEN MAGEC- Ecologistas en Acción contrarios a la vuelta del Marquesado de las Dunas a la alcaldía de La Oliva

AGONANE colectivo federado en Ben Magec- Ecologistas en Acción ante la situación post Covid-19 quiere dirigirse a la opinión pública para solicitar a los gobernantes que no se proyecte instalar ni una cama más hotelera en ningún municipio de la isla de Fuerteventura. Y que todos los proyectos de infraestructuras en curso se paralicen, para adecuar la inversión pública a los nuevos tiempos. Los planes deben proteger el territorio y no causar más daños a la biodiversidad y a la sociedad majorera.

El Coronavirus tiene que enseñarnos algo. El monocultivo del turismo, la especulación del territorio y la construcción, deben parar. No se puede poner un céntimo más de nuestros impuestos en destruir la vida y en incrementar el cambio climático.

AGONANE/  Ecologistas en Acción consiguió demostrar con su batalla legal – de más de veinte años- que es posible hacer otra Fuerteventura. Logró inhabilitar al mayor depredador del territorio, Domingo González Arroyo, precursor de planes parciales por todo el municipio (Sentencia 000176/2015)

Además, ganó en el Supremo el Plan Parcial de Majanicho incumplido posteriormente por todos los gobernantes de La Oliva. También con sus actuaciones los ecologistas lograron paralizar la urbanización SAU 8 en El Faro de El Cotillo, donde se pretendía construir cinco hoteles y un campo golf.

Por eso, para AGONANE es inadmisible que partidos que se llaman progresistas –como PSOE y Podemos-  acepten coronar a la hija de Domingo González Arroyo como alcaldesa de La Oliva. Se trata sin lugar a dudas de una puñalada en el corazón y en la memoria para la lucha ambiental del municipio.

El grupo ecologista del norte, representante de Ben Magec, rechaza la vuelta de los herederos de Domingo González Arroyo, – su hija, Pilar y Pedro Amador,- ligados a toda la regencia anterior de este delincuente prevaricador de forma continuada, sentenciado así por los Tribunales por su avaricia y prepotencia.

El daño, más que en sentencias, es visible en la propia piel del territorio norteño, llena de heridas por maquinaria pesada de construcciones ilegales, de hábitats vírgenes violados y, sobre todo, se palpa en una población empobrecida, maltratada y cuya calidad de vida ha sido completamente rebajada hasta límites inmorales.

Los gobernantes posteriores a González Arroyo tampoco son del agrado de AGONANE. No han sido valientes en la defensa del territorio y la mayoría de ellos se han plegado a los intereses urbanísticos y de la construcción. Por eso, pedimos al PSOE y a PODEMOS que no permitan alcanzar la alcaldía a la hija del Marqués de las Dunas. Hay un juez llamado tiempo que pone a todos en su lugar y esta pandemia es una clara demostración de ello.

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Antonio Cerpa Y Rodrigo Trujillo
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El Camellero y el Desierto

Los añorados ochenta del milenio pasado, esos mismos que los más veteranos del lugar recordamos con una visión distorsionada, cargándonos de imágenes y anécdotas que nuestras mentes empiezan a dibujar con trazos cada vez más idealizados e irreales, haciendo propio aquello de «cualquier tiempo pasado fue mejor», también contaban con desiertos culturales donde las oportunidades de manifestarse creativamente se antojaban más crudas que hoy en día. Ahora, las nuevas tecnologías y las redes sociales muestran oasis donde muchos —quizás más de los llamados— tienen la oportunidad de mostrar su talento y creatividad, o la falta de ambos. Aquellos duros desiertos de soledad y falta de oportunidades se intentaban paliar con mucho ingenio y pocos medios. Proliferaron los fanzines de todo tipo: algunos básicos, rayando el panfleto artesanal de fotocopias de instituto, y otros con una calidad que podía pasar por una publicación profesional. Eran los años de la Movida madrileña, que marcó muchas de las pautas de estas publicaciones artesanales. En nuestro archipiélago, «La Hormiga de Pan», en Tenerife, se dispuso a cruzar ese desierto árido que se plantaba delante de las inquietudes artísticas de los amantes del cómic; pero fue un auténtico Camello, en Gran Canaria, quien cruzó la playa de Las Canteras, las dunas de Maspalomas y cualquier arenal que se interpusiese en la creatividad de los jóvenes talentos de la isla. Había nacido «Un fanzín llamado Camello», fruto de la inquietud de algunos talluditos amantes del cómic. Destacaba como cabeza visible, siempre en un discreto segundo plano, Rodrigo Trujillo Rivero, amante del cómic clásico, profundo conocedor del medio y en contacto con muchos profesionales de la época. Gracias a él, en las páginas de Camello los aficionados del lugar tuvieron la oportunidad de codearse con profesionales de la talla de Alberto Manrique de Lara, Perera, Comas Quesada, Azpiri, Espallardo, Das Pastoras, Juan Giménez… Algunos de aquellos aficionados tomaron este fanzín como un banco de pruebas donde adquirir rodaje y experiencia artística que, de una manera u otra, les sirviera para su futuro deambular en el medio. Cabe recordar al madrileño Ramón Armas, que empezó su carrera en el número 7 con una estupenda portada y cuatro páginas a color, y luego continuó con una prolífica carrera en el cómic erótico; a Antonio Cerpa, sí, el que les habla, que publicó en el número 1 la primera adaptación al cómic de los famosos cuentos de Pepe Monagas, obra literaria original del escritor Pancho Guerra, que seguiría publicándose en la prensa local y años más tarde en volúmenes recopilatorios; o a Pipo Hernández, amante de la ciencia ficción reconvertido en artista multifacético, y a su hermano Alberto Hernández, que nunca tuvo la oportunidad de publicar en Camello por ser muy jovencito, pero que terminaría convirtiéndose en una de las firmas más sólidas del panorama profesional. Javier Núñez supuso el impulso de la parte moderna de la publicación. Relataba que el nombre del fanzín se le ocurrió mientras echaba profundas caladas a su marca de cigarrillos preferida, Camel, y que nada tenía que ver con otro tipo de camellos dedicados a actividades delictivas. Rodrigo Trujillo puso la coletilla definitiva con aquello de «Un fanzín llamado…», haciendo un guiño a la famosa película Un hombre llamado Caballo, estrenada a principios de la década de los setenta. Y es como he dicho: Rodrigo era un amante de los clásicos. Fueron entrañables años de camaradería artística entre jóvenes cargados de ilusión; recuerdos empañados de nostalgia, a golpes de refresco, en aquellas reuniones de la desaparecida cafetería Triana, hablando de cómics, enseñando páginas y dibujos. Hasta que, un mal día, agotado por la sobrecarga de la vida, por el peso del papel impreso o, peor aún, por el amargo sabor de la tinta china, nuestro camello, con trece fatídicos números en sus corcovas, dejó de caminar y ante nosotros se abrió nuevamente la sequedad del desierto infinito. Han pasado más de cuarenta años. Rodrigo Trujillo continuó durante ese tiempo con su callada labor de estudio, recuperación y publicación artesanal de obras clásicas del cómic, una labor impagable solo valorada por quienes saben apreciar las verdaderas joyas y el trabajo bien hecho. 0En los últimos años mi relación con él era puntual y, hace poco me enteré por su hijo que, en Noviembre del pasado año 2025, Rodrigo había partido con su camello hacia las dunas preñadas de estrellas. Sentí nuevamente la tristeza del desierto profundo. Se fue como siempre vivió: caminando de puntillas y descalzo para no hacer ruido. Él, que tanto sabía de zapatos y tantos vendió a lo largo de su vida; el amante del dibujo que, sin saber trazar una línea, tantos buenos consejos sabía dar en este campo; el amigo socarrón que contaba historias como nadie y del que tanto aprendíamos todos; el hombre culto que nunca presumió de su sabiduría y que tanto nos enseñó; el jinete, el camellero sin cuya guía aquel fanzín nunca hubiese sido lo que fue. Ahora estará en algún oasis a la espera de nuevas aventuras, compartiendo anécdotas con personajes de historietas y dibujantes que partieron antes que él, hablando de acuarelas con Alberto Manrique o con Comas Quesada, o de viñetas con el gran Azpiri. Suele ocurrir. «El púgil enmascarado», como le gustaba firmar sus artículos por su amor al boxeo, disciplina de la que fue entrenador, gustaba de preparar a todos en la sombra mientras reservaba para sí el eterno anonimato. Lo fue también en su labor cultural. Llegó a tener dos librerías especializadas en cómic en Las Palmas: Cuto y Nemo, clásicos siempre, como él mismo. Rodrigo Trujillo, entregado a sus aficiones culturales y a sus amigos, quienes no deberíamos olvidar nunca a aquellos que, por humildad, escogieron el anonimato y tanto bien hicieron amaestrando camellos que nos llevaron a oasis de esperanza. Va por tu recuerdo, Rodrigo.