Guardia Civil Seprona
Guardia Civil Seprona
Fallece perro tras ser rescatado en estado crítico pese a los esfuerzos por salvarle la vida
  • El Seprona investiga al dueño de un perro abandonado
  • El propietario de un perro en la zona de Tejeda, lo deja sin la atención debida durante 6 días, teniendo que ser rescatado al borde de la muerte por una pareja de senderistas, que finalmente no pudieron hacer nada por la vida del animal, debido a la gran debilidad con la que llegó al Centro Veterinario 

La Guardia Civil de la Comandancia de Las Palmas, investigó el pasado día 19 de febrero de 2026 a una persona, como presunto autor de un delito de abandono animal, al dejar sin cuidado alguno a su animal de compañía en los exteriores de su vivienda habitual en la zona de Tejeda. El animal, que permanecía atado con una cadena y a la intemperie, fue rescatado por dos senderistas que pasaban por la zona, percatándose que el animal, pese a parecer que yacía sin vida, tenía signos leves de estar vivo, por lo que finalmente, al no localizar al propietario, lo trasladaron a un centro veterinario, falleciendo finalmente debido a la debilidad que presentaba.

El Puesto de la Guardia Civil de Tejeda tuvo conocimiento de los hechos al recibir denuncia de los senderistas tras localizar al can, por lo que iniciaron las gestiones oportunas para identificar finalmente al propietario del animal fallecido y, realizar un traspaso de las actuaciones al SEPRONA averiguando finalmente la causa de la muerte del animal y los motivos que la provocaron.

Estos hechos ocurrieron el pasado 19 de diciembre de 2025 cuando dos senderistas descubrieron en la zona de Tejeda (Las Palmas) a un perro atado y a la intemperie, el cual creyeron inicialmente que se encontraba fallecido, pudiendo descubrir que presentaba signos leves de vida. Cabe destacar que días antes del descubrimiento del animal por parte de los senderistas, hubo un gran temporal en la isla de Gran Canaria, lo que hace presumir que el animal no tuvo las atenciones necesarias y permaneció a la intemperie, sufriendo todos los factores meteorológicos adversos que se dieron durante esos días anteriores al descubrimiento del animal.

Una vez el animal fue rescatado y trasladado a un centro veterinario de la capital, el animal terminó falleciendo debido a la extrema debilidad que presentaba, no pudiéndose hacer nada por salvarle la vida, por lo que los senderistas procedieron a presentar denuncia formal ante las Autoridades competentes.

La Guardia Civil, al tener conocimiento de los hechos, inicia una investigación que da finalmente con la identificación y localización del propietario del animal, el cual resulta ser vecino de donde fue encontrado el animal, manifestado a los Agentes del SEPRONA los motivos por los que el animal fue encontrado en la zona, por lo que se procede en ese momento a investigar al propietario del animal por un presunto delito de maltrato animal.

La Facultad de Veterinaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria realizó la necropsia del animal a petición de las Autoridades, dando como resultado que el perro había recibido una pobre atención que habría contribuido de forma significativa al deterioro del estado general del animal y finalmente su fallecimiento.

Finalmente, tanto las diligencias instruidas por la Guardia Civil, como el investigado, fueron puestos a disposición del Juzgado de Guardia de Arucas (Las Palmas).

La Guardia Civil recuerda que el abandono o la falta de atención a un animal que derive en su muerte, puede constituir un delito conforme a la legislación española, ante cualquier conocimiento o sospecha pueden ponerlo en conocimiento a través del teléfono 062 – 112.

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter

1778276763142
Articulos
NGC

Almaraz: la batalla que el Gobierno no quiere mirar de frente

Un cierre entre la política, la economía y el destino de una comarca entera En el corazón del Campo Arañuelo, donde la niebla matinal se funde con el vapor blanco de las torres de refrigeración, la central nuclear de Almaraz sigue latiendo con la fuerza de siempre, como si el tiempo no corriera en su contra. Pero lo hace. Su desmantelamiento previsto, grabado a fuego en el calendario del apagón nuclear español, ha desatado un vendaval que va mucho más allá de una simple desconexión eléctrica: es el vivo reflejo de las costuras rotas entre la política de despacho, la economía real y el abandono del territorio. Mientras Moncloa insiste en que estamos ante una transición “ordenada y responsable”, desde las instituciones europeas hasta los ingenieros y los propios vecinos se preguntan si esto obedece a criterios técnicos objetivos o si, por el contrario, nos encontramos ante un empeño puramente ideológico con un coste social incalculable. El severo tirón de orejas de Bruselas Desde mi punto de vista, este empeño por clausurar Almaraz apesta a esa política de postureo que tanto gusta a nuestro actual «gobierno social-comunista», empeñado en presumir de un ecologismo de salón que choca frontalmente con el sentido común. Y no lo digo yo; lo advierte la propia Bruselas. Que la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo se pronuncie con semejante contundencia sobre una infraestructura nacional es un hecho insólito. En su informe, los eurodiputados no se andaron con rodeos: señalaron directamente que el cierre parece responder a motivaciones políticas y dogmáticas —impulsadas sobre todo por los socios comunistas de Podemos— antes que a razones técnicas o de seguridad. El rapapolvo europeo se sostiene sobre tres pilares demoledores: Falta de rigor: España no ha presentado una evaluación de impacto integral que justifique prescindir de la central. Incoherencia comunitaria: La decisión contradice la propia taxonomía verde de la Unión Europea, que reconoce a la energía nuclear como una tecnología clave de transición. Déficit democrático: El Ejecutivo de Pedro Sánchez, haciendo gala de su habitual soberbia, ha obviado un diálogo transparente y suficiente con las administraciones regionales y locales afectadas. En Bruselas, que de tontos no tienen un pelo, tienen claro que esto es política pura y dura. Y lo más sangrante es que ocurre en un momento donde el resto de Europa, escarmentada por las recientes crisis energéticas, se aferra a la nuclear para blindar su mix energético. Pero claro, la facción de la «izquierda eco-pija» que se sienta en el Consejo de Ministros grita mucho aunque razone poco. Sospecho, de hecho, que en el ala socialista del Gobierno más de uno se echa las manos a la cabeza en privado, pero no se atreven a rechistar a sus socios de coalición. Los temen más que a Mohamed VI con las famosas grabaciones secretas obtenidas del móvil de Sánchez a través de Pegasus. ¿Es rentable cerrar Almaraz? La guerra de los despachos Si la política polariza, la economía tampoco pacifica el debate. Los informes vuelan de un lado a otro como armas arrojadizas. Por un lado, el estudio elaborado por la URJC y la UPC para Greenpeace defiende que el apagón es «económicamente racional», asegurando que el 96,4% de la producción de Almaraz podría sustituirse con renovables en los primeros compases, evitando retrasar inversiones limpias. Presentan el cierre como una supuesta oportunidad de oro. Por el otro, chocamos con la cruda realidad técnica. El Consejo General de Ingenieros Industriales y otros organismos de prestigio —gente seria, no profetas de pancarta— recuerdan que la nuclear es una fuente barata, estable y libre de emisiones de CO₂. Advierten que apagar Almaraz nos obligará a quemar más gas, disparando tanto la factura como la contaminación. Para rematar, un demoledor informe de la consultora PwC avisa de lo de siempre: la factura de esta fiesta no la pagarán las eléctricas; recaerá, euro a euro, sobre los hombros de los consumidores. Al final, la pregunta del millón no es si Almaraz es rentable, sino qué modelo energético queremos financiar y a costa de quién. El drama humano: la vida más allá del Excel Como humanista convencido, a mí lo que realmente me quita el sueño es el factor humano. Detrás de los gráficos de barras y las tablas de Excel hay vidas de carne y hueso. Almaraz sostiene, de forma directa e indirecta, más de 4.000 puestos de trabajo. Familias enteras que solo piden ganarse el pan con dignidad y mantener un nivel de vida que ya quisieran para sí esos soñadores «eco-jetas» de camiseta del Che Guevara, que tanto adoran el comunismo caribeño pero que no se van a vivir bajo la bota de la dictadura cubana ni locos; prefieren disfrutar de las bondades del «terrible capitalismo degradador». A toda esa comparsa habría que explicarles que cerrar la central dinamitará un tejido empresarial del que depende una comarca entera, cuya renta per cápita es un 12% superior a la media extremeña gracias a la planta. En los bares de Navalmoral de la Mata, en los comercios de Almaraz, la pregunta es desgarradora: «¿Y ahora qué?» ¿Irán los líderes de la izquierda progre a pagar la universidad de sus hijos o a llenarles la nevera? Los alcaldes de la zona no quieren palabras bonitas ni las típicas promesas de Pedro Sánchez que luego acaban en un «cambio de opinión». Exigen un plan de reindustrialización real. Temen, con toda la razón del mundo, que la comarca se convierta en otro erial de prejubilaciones y olvido, calcando las nefastas gestiones que ya sufrimos con el fin del carbón. En cometer semejantes pifias, este Ejecutivo es verdaderamente doctor. Hablando con amigos de la zona, la sentencia común es unánime: «Julio, esto no es una decisión energética, es una condena social». Una transición sin rumbo Prescindir de Almaraz ahora, cuando aporta cerca del 7% de la electricidad nacional, es jugar a la ruleta rusa con el suministro del país. Sin embargo, en el Consejo de Ministros prefieren mirar hacia otro lado. Mientras no se pongan de acuerdo