RUTA 21: dos hermanos, 21 municipios y más de 320 kilómetros para convertir Gran Canaria en un único desafío deportivo
Cartel Ruta 21
Cartel Ruta 21

Aythami y Josymar Navarro Pérez, tercero y cuarto de España de duatlón este año, afrontan este domingo una aventura extrema con salida y llegada en Valleseco: 322,36 kilómetros, 10.771 metros de desnivel positivo y el paso por iglesias y plazas de los 21 municipios de la isla

Lo que comenzó como la frustración de no poder disputar el Campeonato de Europa de duatlón en Banyoles se ha transformado en una de las aventuras deportivas más ambiciosas que han afrontado los hermanos Aythami y Josymar Navarro Pérez. Este domingo, 9 de agosto, a las 4:00 horas, los dos deportistas del barrio de Lanzarote, en Valleseco, pondrán en marcha Ruta 21, un desafío que les llevará a recorrer los 21 municipios de Gran Canaria para regresar, después de una jornada extrema, al mismo punto de partida: la plaza de San Vicente Ferrer, en Valleseco.

La magnitud del reto habla por sí sola: 322,36 kilómetros, 10.771 metros de desnivel positivo, 10.624 metros de desnivel negativo y una altitud máxima de 1.520 metros. Pero Ruta 21 no será únicamente una sucesión de kilómetros. Los hermanos Navarro quieren convertir el recorrido en una forma de atravesar Gran Canaria de municipio en municipio, entrando en sus núcleos urbanos y alcanzando sus iglesias y plazas principales.

De Valleseco a Valleseco. De iglesia en iglesia. De plaza en plaza. 21 municipios y un único objetivo: volver a casa.

«El mayor objetivo es terminar aquí», explica Aythami Navarro. «Podríamos haberlo terminado en cualquier sitio y serían los 21 municipios igual, pero no; el reto es terminarlo aquí».

Un reto nacido de la frustración

Ruta 21 nació de una circunstancia que, lejos de frenar a los hermanos, terminó empujándoles hacia un nuevo objetivo. Su planificación deportiva para esta temporada pasaba por participar en el Campeonato de Europa de Banyoles, en Girona, pero una lesión de Josymar y las dificultades presupuestarias hicieron imposible el desplazamiento.

«El Reto 21 nace de no poder llevar a cabo la planificación que teníamos esperada este año, que era hacer el Campeonato de Europa en Girona, en Banyoles», relata Aythami.

La respuesta fue buscar algo diferente: una aventura que no estuviera en el calendario de ninguna competición, pero que les permitiera mantener intacta la motivación.

«Necesitábamos algo que nos llenara este tramo medio-final de temporada», explica el deportista.

La idea inicial llegó a contemplar incluso una doble vuelta a la isla, pero acabó tomando forma una propuesta todavía más singular: unir los 21 municipios de Gran Canaria en un solo recorrido, con salida y llegada en Valleseco.

Dos hermanos preparados para la hazaña

La aventura no parte de cero. Aythami y Josymar llegan a Ruta 21 después de una temporada en la que han demostrado su nivel competitivo. Este año han sido tercero y cuarto de España en sus respectivas categorías de duatlón, un resultado que confirma la experiencia y preparación con la que afrontarán el desafío.

«Este año hemos sido tercero y cuarto de España en respectivas categorías en duatlón, intentando hacerlo lo mejor que hemos podido», señala Aythami.

A esa experiencia se suma otro desafío de larga distancia completado durante la temporada: la vuelta a la isla de La Palma, de unos 170 kilómetros y aproximadamente 4.000 metros de desnivel. Los hermanos también han completado una vuelta a Gran Canaria, experiencias que ahora elevan el listón con Ruta 21.

Esta vez, sin embargo, no se trata de competir contra otros deportistas. La carrera será contra la distancia, el desnivel, el cansancio, el calor y las horas sobre la bicicleta.

De municipio en municipio, de iglesia en iglesia

El propósito de los hermanos Navarro Pérez no será simplemente atravesar los diferentes términos municipales. Uno de los elementos fundamentales del proyecto será adentrarse en cada municipio y llegar hasta sus iglesias y plazas principales, algunos de los espacios más representativos de cada localidad.

De esta manera, cada municipio tendrá su propio protagonismo dentro del recorrido y cada paso permitirá dejar constancia del vínculo de los deportistas con distintos puntos de referencia de la isla.

La intención es convertir el desafío en una experiencia que combine deporte, territorio e identidad. Las iglesias y las plazas serán, por tanto, hitos de una ruta que busca que el paso por cada municipio no se limite a circular por sus carreteras, sino que permita a los hermanos entrar en sus núcleos principales y alcanzar lugares vinculados a la historia y a la vida cotidiana de sus vecinos.

La ruta partirá de Valleseco y continuará por Artenara, Tejeda, San Mateo, Santa Brígida, Las Palmas de Gran Canaria, Telde, Valsequillo, Ingenio, Agüimes, Santa Lucía, San Bartolomé, Mogán, La Aldea, Agaete, Gáldar, Guía, Moya, Firgas, Arucas y Teror, antes de emprender el regreso hasta Valleseco.

El recorrido combinará diferentes paisajes y perfiles de la isla, desde las zonas de montaña y medianías hasta las áreas próximas a la costa, con continuos cambios de altitud y un esfuerzo prolongado durante toda la jornada.

La salida, prevista para las 4:00 horas del domingo 9 de agosto, será también parte del desafío. Desde Valleseco, Aythami y Josymar comenzarán una jornada en la que tendrán que gestionar el esfuerzo, el calor y las horas de recorrido con un objetivo muy claro: completar los 21 municipios y conseguir regresar a su punto de partida.

Este domingo, Valleseco será el escenario de partida de una aventura que llevará a los hermanos Navarro Pérez a recorrer Gran Canaria de municipio en municipio, de iglesia en iglesia y de plaza en plaza, con el sueño de regresar a casa después de completar uno de los retos deportivos más exigentes de su trayectoria.

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Redacción NorteGranCanaria

Democracia en tierra sureñas de alisios; el voto en blanco como acto de rebeldía cívica

“En las próximas elecciones municipales de Telde, mi voto será en blanco” La democracia nació en Grecia, pero su sentido más profundo se entiende mejor en lugares como Canarias, donde la vida siempre ha sido una negociación constante con la naturaleza, con la distancia y con el poder. Aquí, donde cada decisión colectiva puede cambiar la vida de un valle, un barrio o una isla entera, la democracia no es un concepto académico: “es una herramienta de supervivencia” Por eso, “votar no es solo un derecho; es un deber moral.” Es presentarse ante la comunidad y decir: “Aquí estoy, no cedo mi voz, no entrego mi responsabilidad”. La abstención voluntaria —salvo causa mayor— es una retirada. Un abandono del puesto de guardia, una falta absoluta de civismo. Un “que decidan otros; lo que en democracia equivale a renunciar a la propia dignidad política.  “El voto en blanco o la bofetada elegante” En estas islas, y muy especialmente en mi ciudad de Telde, a la que va dirigida mi artículo de hoy, donde la política se vive con cercanía y donde la ciudadanía sabe distinguir lo auténtico de lo impostado, “el voto en blanco es una herramienta de resistencia democrática”. No es apatía. No es indiferencia. No es desinterés. Y desde luego, “no es lo mismo que no ir a votar, ni que provocar un voto nulo”, que se pierde como una botella sin mensaje arrojada al mar. “El voto en blanco”,  es un voto “válido”, registrado, que dice con claridad: “Estoy aquí, cumplo con mi deber democrático, pero no me trago lo que me ofrecen, porque yo pienso y hablo con la libertad de los condenados” Es una bofetada elegante. Un portazo silencioso. Un “no” rotundo sin necesidad de gritar. Es la forma más fina —y más dura— de recordarle a los partidos que la ciudadanía no es un rebaño, que no se conforma, que no se vende y que no se deja seducir por discursos vacíos. Y en mi caso —como ciudadano de Telde que ha visto, escuchado y vivido demasiadas cosas, demasiadas promesas incumplida y demasiadas traiciones personales por los políticos que hoy nos representen en su Ayuntamiento— el voto en blanco será mi forma de decirles en las próximas elecciones municipales a todos los partidos, que después de tres años y medio,  “me han decepcionado,  me han traicionado y que  algunos ni siquiera entran en mi horizonte moral”, porque están en las antípodas de mis convicciones. Mi voto en blanco será, firme, limpio y sin estridencias; “una forma de estar presente sin regalar mi confianza a quien no la merece” como es el caso con los actuales partidos políticos, que nos gobiernan actualmente en Telde. “Un voto que exige cuentas, que desnudas carencias” El voto en blanco no destruye, pero incomoda. No insulta, pero señala. No divide, pero evidencia. Es un voto que obliga a los partidos a preguntarse, por qué una parte de la ciudadanía no se siente representada. Y esa pregunta, cuando se formula desde las urnas, pesa más que mil discursos. El voto en blanco mantiene intacta la “Participación activa” — El votante en blanco no se esconde; se planta. La “Exigencia política”— Es un examen suspendido, un no han hecho los deberes. La “Neutralidad responsable” — No favorece a nadie, pero deja claro que nadie ha convencido y, “la madurez democrática” — Participar incluso sin elegir demuestra más compromiso que votar por inercia. “Abstención y voto nulo, son dos formas de rendirse” “Confundir el voto en blanco con la abstención o el voto nulo”, es un error que conviene desmontar. La abstención voluntaria es una retirada. Es dejar el timón en manos de otros. Es renunciar a influir en el rumbo de la comunidad. El voto nulo, cuando es intencionado, es un gesto impulsivo que no deja huella. Ninguno de los dos construye. Ninguno exige. Ninguno mejora la democracia. Solo manifiesta una cobardía de quien se enconde tras él. “El voto en blanco”, en cambio, sí lo hace. Es un aviso. Un toque de atención. Un recordatorio de que la ciudadanía está presente, pero no satisfecha. Es el equivalente democrático a decir: “Estoy aquí, sigo aquí, pero no me volverán a engañan”.  “Un voto que pide más, que pide mejor, que no se conforma” En un archipiélago donde cada isla tiene su personalidad, donde la gente sabe distinguir lo auténtico de lo impostado, el voto en blanco es una herramienta poderosa. No destruye. No divide. No insulta. Pero sí exige. Y exige con fuerza. Es un voto que dice: “Sigo aquí. Sigo creyendo en la democracia. Pero quiero propuestas a la altura de esta tierra y no un nuevo manojo de machangadas” Cuando pienso en el voto en blanco para Telde, lo imagino como una luz encendida en mitad del océano: una señal de vigilancia, no de abandono. Una luz que dice que la travesía continúa, pero que el rumbo debe revisarse. Que la democracia necesita manos firmes, ojos atentos y ciudadanos que no se rindan. El voto en blanco es, en definitiva; es “la forma más civilizada de la rebeldía democrática”. Una rebeldía que no rompe, pero corrige. Que no destruye, pero exige. Que no calla, aunque parezca silenciosa y si hoy me he decidido a escribir este artículo sobre las próximas elecciones en mi Ciudad de Telde, diciendo públicamente, sin complejos, ni miedos lo que pienso, es porque, ya son muchos los lectores habituales de mis artículos de opinión o que me escuchan a través de mis muchas participaciones en radios locales, los que me han hecho esta pregunta. Soy consientes, que algunos, lo hacen desde la maldad, por verme como me escapo del   compromiso y contestarles con evasivas ¡Pobres pardillos! Se olvidaron que yo soy un mauro de Telde sí, pero hombre de dignidad, honestidad, recto proceder y honor, fuera de toda duda, como corresponde a los “auténticos lobos de mar, orgulloso de sus galones” y que han visto mucho mundo, para asustarse ahora ante las cosas mundanas y mucho