Hoy es Jueves Santo, una fecha de profunda significación para el mundo cristiano y, por supuesto, para mí. Por respeto a la solemnidad de estos días, he decidido hacer una pausa en mis crónicas mundanas habituales.
Sin embargo, no quisiera dejar este espacio vacío. En su lugar, me propongo compartir con ustedes los versos que, de aquí al Domingo de Resurrección, me dicte el alma. Espero de todo corazón que estos poemas encuentren un lugar en su lectura y sean de su agrado.
Jueves Santo
“El Pan y la Entrega”
En la penumbra tibia de la cena,
tiembla la luz sobre el humilde trigo;
Dios se hace gesto, se reparte entre amigo,
y en pan se vuelve amor que no se olvida.
Sus manos hablan más que las palabras,
y al partirse el misterio en lo sencillo,
un vino oscuro guarda el brillo
de un sacrificio que el tiempo labra.
Silencio denso, anuncio contenido,
miradas que presienten su partida;
la noche, en su hondura estremecida,
escucha el paso lento del ungido.
Y en el Huerto de los Olivos,
la sombra se arrodilla,
mientras el alma suda su destino,
la voluntad se inclina en lo divino,
y el miedo humano en lágrimas se derrama.
Así comienza, su entrega callada,
la historia que redime lo perdido,
Dios, en lo frágil, queda ofrecido…
Como semilla en tierra fértil sembrada.
¡Qué cosas!