Hotel Cordial Mogán Playa
Hotel Cordial Mogán Playa
Cordial: una hotelera canaria que ha convertido la cordialidad en identidad

Cuando analizo la trayectoria de Cordial —Cordial Hotels & Resorts—, veo una cadena hotelera que ha sabido construir su posicionamiento desde una idea sencilla, pero potente: la cordialidad. No como un eslogan decorativo, sino como una forma de entender la hospitalidad, el servicio y la relación con el entorno. Por eso, la frase “Nos identificamos con Cordial” resume con bastante precisión lo que transmite la marca: cercanía, calidad, trato humano y una identidad profundamente vinculada a Canarias.

Lo interesante de Cordial es que no compite únicamente por ubicación o categoría hotelera. Su propuesta se apoya en una combinación de alojamientos vacacionales, hoteles boutique, resorts, apartamentos, gastronomía de alto nivel y experiencias complementarias. Su presencia se concentra especialmente en Gran Canaria, tanto en el sur de la isla como en Las Palmas de Gran Canaria, y también cuenta con establecimiento en Lanzarote, lo que refuerza una identidad muy ligada al destino canario.

Desde mi punto de vista, esa concentración territorial es una fortaleza. Permite conocer mejor al cliente, al producto y al entorno. En lugar de dispersarse sin una narrativa clara, Cordial parece apostar por crecer desde una identidad reconocible. Esa decisión tiene valor en un mercado turístico donde muchas marcas terminan pareciéndose demasiado entre sí.

Uno de los elementos que más me llama la atención es la recurrencia de reconocimientos externos. El caso del Hotel Cordial Mogán Playa es especialmente relevante. En mayo de 2026 recibió el Quality Award 2025 de Jet2holidays, un premio basado en las valoraciones y satisfacción de los huéspedes del turoperador británico. La noticia destaca la excelencia del servicio, el cuidado por los detalles y el peso del hotel como referencia del sur de Gran Canaria.

A mi juicio, este tipo de premio tiene importancia porque no depende solo de una campaña de comunicación interna. Está vinculado a la experiencia real del cliente. Sin embargo, conviene ser críticos: un premio aislado puede ser coyuntural; una serie de reconocimientos sostenidos en el tiempo es lo que realmente construye reputación. Y ahí Cordial parece tener un argumento más sólido.

La noticia sobre los Traveller Review Award 2026 de Booking.com es quizá todavía más significativa, porque no se limita a un solo hotel. Según la propia cadena, todos sus establecimientos fueron premiados y sumaron 16 reconocimientos, con puntuaciones que van desde el 8,2 hasta el 9,4 sobre 10. Esto indica algo más amplio que el buen desempeño de un establecimiento concreto: habla de consistencia operativa. En hotelería, esa consistencia es difícil de lograr, porque cada propiedad tiene equipos, ubicaciones, segmentos de cliente y niveles de complejidad distintos.

También me parece estratégico el peso de la gastronomía dentro de la marca. El restaurante Los Guayres, ubicado en el Hotel Cordial Mogán Playa, renovó en 2026 su Sol Repsol por duodécimo año y sumaba además la renovación de su Estrella Michelin por séptimo año consecutivo, según la noticia publicada por la cadena. Esto no es un detalle menor: la gastronomía de alto nivel eleva la percepción global de una empresa hotelera, atrae a un público más exigente y permite diferenciarse más allá de la habitación, la piscina o la ubicación.

Lo valioso de Los Guayres, además, es que su propuesta se presenta vinculada al producto local y al recetario tradicional canario. En mi opinión, esa es la dirección correcta para una hotelera con raíces en Canarias: no basta con ofrecer confort; hay que ofrecer identidad. El viajero actual no busca únicamente alojamiento, sino una experiencia que le haga sentir el destino de forma auténtica.

Ahora bien, Cordial debe cuidar un riesgo evidente: cuando una marca acumula premios, puede caer en una comunicación demasiado centrada en galardones. Los reconocimientos son útiles, pero no deben sustituir al relato de valor. La cadena debería seguir reforzando mensajes sobre sostenibilidad verificable, impacto local, empleo, innovación en servicio y experiencia del cliente. Ahí está la diferencia entre una marca premiada y una marca verdaderamente admirada.

En conjunto, mi valoración de Cordial es positiva. Veo una cadena con una identidad clara, una fuerte implantación canaria, establecimientos bien valorados y una apuesta seria por la calidad. Sus noticias recientes muestran tres líneas estratégicas coherentes: satisfacción del huésped, prestigio gastronómico y reconocimiento de marca. Si mantiene esa coherencia y evita convertir su comunicación en una simple colección de premios, Cordial tiene margen para seguir consolidándose como una de las referencias hoteleras más sólidas del turismo canario.

Nos identificamos con Cordial porque representa una manera de entender la hospitalidad desde la cercanía, la profesionalidad y el orgullo por el destino. En un sector cada vez más competitivo, esa identidad no solo diferencia: también construye confianza.

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter

Recuerdos
Articulos
NGC

Carta pública al gobierno de españa

     EN RECUERDO DE LOS MARINEROS DEL “CRUZ DEL MAR”  “En primera persona, desde la rabia y la memoria de un viejo marino mercante, jubilado” A la atención del Gobierno de España: Les escribo como ciudadano, sí, pero sobre todo como “marino mercante jubilado”, como hombre que ha pasado media vida en la mar, que ha sentido su grandeza y también su crudeza. Les escribo desde un lugar que ustedes no conocen; el lugar donde solo se escucha el viento, el rumor de las olas, el motor y el propio corazón. El lugar donde uno sabe que, si algo ocurre, no hay tierra cerca, no hay ayuda inmediata, no hay más defensa que la unión entre compañeros y la protección de nuestra Virgen del Carmen, que siempre nos acompaña. Y desde ese lugar, desde esa experiencia que marca la piel y el alma, les digo que todavía hoy, “48 años después”, siento una rabia profunda cuando pienso en lo que ocurrió aquel “28 de noviembre de 1978” con los marineros del “Cruz del Mar”. Una rabia que no se apaga. Una rabia que no nace del odio, sino de la injusticia. Una rabia que brota del silencio oficial que cayó sobre ellos como una segunda condena. Aquel día, siete valientes hombres de Lanzarote —entre ellos un niño de solo “14 años”, Chanito— fueron asesinados a sangre fría mientras faenaban. Mientras trabajaban. Mientras hacían lo mismo que yo he hecho tantas veces; salir a la mar para ganarme el pan. Y ustedes asquerosos políticos, desde la distancia, desde los despachos, desde la comodidad de tierra firme, desde Madrid, calificaron entonces a aquel cobarde  acto terrorista como, un “accidente de trabajo” ¡Simplemente vergonzoso! Señores del Gobierno: ¿Accidente? ¿De verdad? ¿Un niño cosido a balazos es un accidente? ¿Siete marineros ejecutados en su propio barco son un accidente? ¿La sangre derramada en cubierta es un accidente?… ¡Me dais asco, no, lo siguiente! No. No lo fue entonces y no lo es ahora. Y esa mentira oficial, esa falta de reconocimiento, esa indiferencia histórica… Esa sí que duele. Esa sí que me enciende la rabia y rabia de verdad. Yo sé lo que ellos sintieron, porque he vivido en ese mundo. He navegado mares en calma y mares que parecían querer tragarnos. He visto amaneceres que te reconcilian con la vida y noches en las que uno reza sin saber si verá el día siguiente. He estado en cubierta con compañeros que son más que amigos; son familia. Y sé lo que es mirar alrededor y ver solo agua, solo horizonte, solo vulnerabilidad. Por eso puedo imaginar —y me duele imaginarlo— lo que sintieron esos hombres cuando vieron acercarse a los asaltantes. Puedo sentir su miedo. Puedo sentir su desconcierto. Puedo sentir su rabia impotente. Puedo escuchar sus pensamientos: “¿Por qué a nosotros?” “¿Qué hemos hecho?” “¿Qué quieren de unos simples pescadores?” Porque ellos no eran soldados. No eran enemigos de nadie. No representaban más bandera que la del trabajo honrado. Eran marineros. Eran padres, hermanos, hijos. Eran canarios conejeros, que salieron a ganarse el pan como de costumbre. Y allí, en medio del mar, estaban solos. Solos frente a la violencia. Solos frente a la injusticia. Solos frente a un destino que no merecían. Sus nombres deben ser reconocidos por el Estado Y para que no quede un solo ápice de duda diré qué los fallecidos fueron: Juan Antonio Rodríguez Rodríguez (Chanito), 14 años Antonio Rodríguez Rodríguez, capitán José María Hernández Rodríguez Manuel Rodríguez Rodríguez José Rodríguez Rodríguez Juan Antonio Rodríguez Martín Antonio Rodríguez Martín Sus nombres no pueden seguir siendo solo un recuerdo local. Deben ser memoria nacional. Deben ser reconocidos como víctimas de un acto violento, no como un “accidente laboral, porque eso es volverlos a insultar”. Lo que les pido, como marino y desde la verdad Les pido, con respeto, pero con la fuerza moral que me da mi profesión, mi uniforme y mis galones en la manga, de los que me siento muy orgulloso. Les pido “reconocimiento oficial” de la verdadera naturaleza del ataque; “revisión simbólica” del expediente que los clasificó como accidente; “acto institucional” en honor a los marineros fallecidos; “incorporación” de sus nombres en la memoria oficial de víctimas de violencia en el mar. Y sobre todo y eso que no falte nunca, “apoyo moral” a las familias y supervivientes. No pedimos privilegios. Pedimos justicia. Pedimos humanidad. Pedimos que el Estado esté a la altura de la dignidad de sus marineros.   Porque el olvido es una segunda muerte Y ellos ya sufrieron bastante con la primera. Como marino, sé que la mar guarda historias. Pero también sé que el Estado tiene la obligación de guardarlas con nosotros. De reconocerlas. De honrarlas. De impedir que se pierdan en el silencio. Los marineros del “Cruz del Mar” merecen que España entera los nombre, los recuerde y los honre. Porque fueron hijos de esta tierra y de este país. Porque su tragedia es parte de nuestra historia. Porque su memoria es un deber moral. Por ellos, por sus familias, por la verdad y por la dignidad, firmo esta carta pública con el corazón y el alma encogida y llena de salitre. Desde aquí, desde esta mar donde tanto trabajaron duro y honradamente por los suyos, yo los vuelvo a recordar colegas y les digo al mejor estilo marinero… ¡Buena guardia compañero! Ojalá algún día nos veamos y nos crucemos navegando por ese mar infinito que es la Gloria de nuestro Señor, donde nuestra querida y siempre venerada Virgen del Carmen, ejerce de nuestra capitana general y allí al cruzarme con tu barco, te daré con la bocina del mío, una pitada larga; arriaré e izaré la bandera española de la popa, en señal de respetuoso saludo, rebosante de amor, para saludarte y recordarte, que no te olvidamos. Marineros del” Cruz del Mar” … ¡PRESENTES! ¡Qué cosas!