@cced€ Vegueta
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Entrevista: «Accede» proyecto «Conecta», realizada a la Asociación Socio-Cultural «Fuera de la Portada»

 “Hola, soy el periodista José Antonio Cabrera de la Agencia de Noticias ASSOPRESS y nos encontramos en la sede del Centro Cívico Suárez Naranjo de Las Palmas de Gran Canaria.

El motivo de esta visita, de esta entrevista, es que están dando unos talleres para cerrar, acercar la brecha digital tan importante que hay entre la administración y los ciudadanos. Cualquier persona que necesite hacer un trámite administrativo con cualquier ayuntamiento, cabildo o Gobierno de Canarias, se encuentra con una barrera muy grande que es difícil de superar.

 Entonces ha surgido una asociación que se llama «Conecta», que te facilita el acceso a poder solventar estos trámites administrativos, facilitando que el ciudadano normal y corriente, sin necesidad de tener grandes conocimientos de informática, porque además aún teniendo conocimientos de informática a veces es imposible acceder; esta asociación con unos expertos en esta materia a través de asociaciones vecinales, ayuda, forma, resuelve y cierra esta brecha digital, como dicen ellos, entre el ciudadano y la administración.

Entonces hoy tenemos con nosotros a tres personas que están en esta tarea tan interesante de ayuda para resolver estos problemas de acceso a la administración. Ellos se van a presentar y van a decir lo que hacen dentro de la asociación”. “Sí, buenos días, yo soy Manuel Vega, soy el presidente de la asociación Accede Acceso a la Administración, que como bien dice José Antonio, con este proyecto Conecta tratamos de ayudar a todas las personas a sus trámites telemáticos a través de las sedes electrónicas de las distintas administraciones públicas y organismos.

 En este caso nos acompaña Leticia Quintana, que es una de las personas que dan la asistencia a los afectados y a los usuarios que necesitan todo este tipo de apoyo para resolver la documentación que exige la administración pública. Y también está David Ruzafa”.

 “Pues sí, al final nosotros somos como el intermediario entre la persona y el trámite administrativo, es decir, la persona viene y nos dice qué trámite necesita y nosotros lo hacemos por él. Entonces sí, es verdad que vemos que realmente es una acción que se necesita. Las personas están perdidas con respecto a cómo abrir los trámites, cómo iniciarse. Algunas ni siquiera saben cómo tramitar el certificado electrónico, qué es, qué es la clave PIN, cómo se solicita una ayuda. Entonces pues estamos por un lado para informar y por el otro lado directamente para hacerlo y junto con ellos pues que aprendan y que sientan esa seguridad de que no están solos en cualquier trámite a través de lo digital”.

 “Y ya no sólo el poder ayudarles y facilitarles todos estos trámites, porque hay muchas personas que vienen ya desesperadas al no poder realizarlos, no poder tener esa funcionalidad con la administración, con la sede electrónica de la administración, ya que todos son trabas por dichas páginas web.

No hay forma de que una persona que tenga esta brecha digital o que no tenga recursos para poder quitarse esta brecha digital pueda solicitar los accesos a las subvenciones, ayudas o becas que puedan ser necesarias para tener una forma de vida ya no sólo digna, sino tener una ayuda económica en alguna situación de exclusión social.

Aparte de que el ver a las personas en las tres semanas, un mes que llevamos con este proyecto a cabo, vemos como todos los asistentes que vienen salen contentos o por lo menos de una forma pueden salir más aliviados viendo que el problema que ellos llevan a lo mejor meses intentando solucionarlo, gracias a nosotros hemos dado un paso que para ellos es una gran ambición, por así decirlo, ya que es un paso que antes no podían y ahora están viendo cómo hay luz al final de ese túnel en el que se veían que estaban encerrados”.

Jose Antonio Cabrera: “Bueno, el tema está bastante claro y solamente saber si hay algún apoyo oficial a este proyecto tan interesante y tan merecedor de ese apoyo”.

 Manuel Vega: “Sí, efectivamente esto fue un proyecto que se diseñó por la Junta Directiva de la Asociación ACCEDE y lo presentamos al Cabildo de Gran Canaria, el cual nos ha, digamos, apoyado con una subvención para realizar este proyecto piloto, digamos, durante dos meses con la perspectiva de ampliarlo a todo el año si es posible y si llegan los fondos necesarios”.

Jose Antonio Cabrera: “Bueno, pues la cosa queda bastante clara y solo nos resta desearle mucho éxito a esta asociación sin ánimo de lucro que es ACCEDE y que esta idea, este proyecto Conecta salga para adelante y que dure mucho tiempo porque hace mucha falta. Es todo”.  

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Julio Y Pujol
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El Caso Pujol: Doce años para enterrar la justicia bajo la alfombra de la impunidad

Doce años. Se dice pronto, pero es una cifra que pesa. Doce años han transcurrido desde aquel 2014 en el que una denuncia por cohecho, tráfico de influencias y blanqueo de capitales prometía sacudir los cimientos de la clase política. Doce años de titulares, de solemnes promesas parlamentarias de “llegar hasta el fondo” y de una instrucción que parecía eterna. Y ahora, en este 2026, el final ha llegado. Pero no ha llegado para hacer justicia, sino para certificar su defunción. El número doce tiene algo de bíblico, de solemne, de piedra grabada en mármol. Sin embargo, en el Caso Pujol, el doce solo simboliza la incapacidad —o la falta de voluntad— de un sistema para concluir lo que empezó. Tras una década de investigar, revisar, aplazar y volver a revisar, el proceso se archiva. Ha durado tanto que el propio Código Penal habría tenido tiempo de jubilarse por años de servicio. El milagro médico de la «oportuna» amnesia La causa se cierra y se guarda en un cajón con la delicadeza con la que se oculta un jarrón roto que nadie se atreve a tirar para no dar explicaciones. La razón oficial esgrime que el principal investigado ya no posee las «condiciones cognitivas» necesarias para afrontar un juicio. ¡Qué precisión suiza! ¡Qué milagro médico tan puntual! Resulta asombroso cómo la memoria, esa facultad tan humana, decide volverse frágil como el cristal justo cuando el calendario aprieta. Como ciudadano, y especialmente como contribuyente, uno no puede evitar sentir esto como un insulto a la inteligencia. ¿De verdad pretenden que creamos que doce años son suficientes para olvidar dónde se guardó lo ajeno? Ni en doce años ni en cien. La indignación que recorre las calles no es un arrebato emocional; es una conclusión racional frente a un patrón que se repite: cuando ciertos apellidos entran en el juzgado, el tiempo deja de ser un problema para convertirse en el mejor abogado defensor. Una justicia de dos velocidades Mientras el ciudadano corriente —ese «ser humano de a pie» que paga sus impuestos religiosamente y teme la llegada de una carta de Hacienda con tono amenazante— es perseguido hasta el último céntimo, observamos cómo una estirpe entera justifica fortunas en el extranjero apelando a la «herencia del abuelo». Un abuelo que, no lo olvidemos, ya protagonizó episodios oscuros como la quiebra de Banca Catalana, dejando a miles de familias en la ruina mientras los responsables salían indemnes. «La justicia en España no es lenta; es selectiva. El calendario no es un instrumento neutro, es un aliado para quienes saben manejar los hilos del poder.» Es vergonzoso que, en una democracia que presume de modernidad, se repita la historia: un caso de enorme relevancia pública se cierra sin juicio, sin responsabilidades y sin la devolución del dinero presuntamente defraudado. Ni el patriarca, ni la esposa, ni los hijos han tenido que responder ante un tribunal. Es la constatación de que existen dos velocidades: una para el administrado y otra, pausada y comprensiva, para los privilegiados. El espejo incómodo de una nación El mensaje que se envía a la sociedad es devastador: hay quienes nunca pagan. Vivimos en un ecosistema donde la ley parece flexible para unos y un muro infranqueable para otros. El archivo del Caso Pujol no es solo el fin de un procedimiento judicial; es un espejo incómodo que nos muestra una herida abierta en la credibilidad de nuestras instituciones. Como «viejo lobo de mar» y maúro de Telde, no puedo evitar sentir que esto es una bofetada a la confianza de quienes aún creíamos en el rigor del sistema. Doce años después, no nos queda una resolución, nos queda una sátira involuntaria; una tragedia con tintes de comedia que termina siendo una patada en el orgullo de los españoles de bien. Me quedo con el amargor de quien ve cómo la impunidad se convierte en costumbre. Y para aquellos que en la península puedan malinterpretar mis palabras o mi léxico, les invito a distinguir entre un «peninsular» y lo que aquí llamamos, con toda la carga de la palabra, un «godo». Porque hay comportamientos que no entienden de geografía, sino de una prepotencia que ya va siendo hora de señalar por su nombre. Doce años después, lo que queda no es justicia. Es una vergüenza nacional que no estamos dispuestos a olvidar.