7 abril 2026 3:46 pm
Julio Marino
Julio Marino
La mar que nos une: Crónica de un reencuentro de lobos (y una loba) de mar

Hay días que no se miden en horas, sino en la profundidad de los abrazos y la fuerza de los recuerdos. El pasado martes 31 de marzo fue uno de esos. El reloj pareció detenerse en el histórico Club Victoria, en Las Palmas de Gran Canaria, para abrir paso a una jornada donde la salitre y la nostalgia fueron las verdaderas protagonistas.

Bajo el cielo canario, nos dimos cita un grupo de antiguos «lobos de mar» —y una «loba» imprescindible—, oficiales de la Marina Mercante de las tres especialidades que dan vida a un buque: Puente, Radio y Máquinas. Éramos, en esencia, la memoria viva de la Escuela de Náutica de Santa Cruz de Tenerife de las décadas de los 80 y 90, aquella institución que nos curtió antes de lanzarnos a surcar los océanos del mundo.

Una mesa con historia y un nombre propio

Éramos 38 en total. Entre nosotros, destacaba con luz propia Mercedes Marrero, quien ostenta el orgullo de haber sido la primera mujer canaria en obtener el título de Oficial de la Marina Mercante. Su presencia en la mesa no fue solo un motivo de admiración, sino el recordatorio de una historia de superación que ya forma parte del patrimonio naval de nuestras islas.

Entre anécdotas y olas en pleamar

La jornada fue un ir y venir de carcajadas y relatos que parecían no tener fin. Hablamos de travesías imposibles, de temporales que nos pusieron a prueba y de puertos lejanos cuyos nombres hoy suenan a leyenda. No faltaron, por supuesto, las alusiones a aquellos «amores de puerto» que siempre despiertan sonrisas cómplices, ni las bromas inevitables sobre quién conservaba más pelo o quién exageraba más sus hazañas. Ya se sabe: en boca de un marino, toda historia gana un poco de «viento a favor».

Revivimos, entre brindis, la esencia de las guardias nocturnas y la hermandad silenciosa que nace en la estrechez de un camarote compartido.

“La comida no fue solo un reencuentro, sino un viaje emocional. Un recordatorio de que, aunque las rutas cambien, hay lazos inquebrantables como las viejas cartas de navegación.”

El recuerdo de la última singladura

Pero el mar también enseña respeto y silencio. Hubo momentos de recogimiento para recordar a los compañeros que ya no están, aquellos que emprendieron su última singladura. Sus nombres flotaron en el aire, seguidos de miradas perdidas en el horizonte, como si aún buscáramos sus luces de posición en la lejanía. Estuvieron allí, con nosotros, presentes en cada brindis.

Un rumbo compartido

Este encuentro, más que una simple comida, fue una celebración de la vida. De vidas intensamente vividas y mares cruzados. Nos despedimos con la certeza de que, aunque el tiempo pase, la amistad forjada en cubierta no conoce fronteras ni olvidos.

Como bien dice el refrán: «¡Quien con buen Norte navega, seguro va y contento viene!». Nos fuimos con el alma llena, sabiendo que, pase lo que pase, siempre sabremos marcar el rumbo de regreso a casa.

¡Hasta siempre, amigos! “A la mar me voy, mi obra ya te dirá quién soy”.

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter