Heladería El Tucán Arguineguín: sabor artesanal, trato cercano y un lugar donde todos son bienvenidos
Portada El Tucan
Portada El Tucan

En pleno corazón de Arguineguín, en la Calle Miguel Marrero Rodríguez, 55B, se encuentra Heladería El Tucán, un establecimiento que ha sabido ganarse un lugar especial entre vecinos, visitantes y amantes de los buenos momentos. Situada en el municipio de Mogán, al sur de Gran Canaria, esta heladería combina el encanto del producto artesanal con una atención cercana, amable y muy profesional.

El Tucán es mucho más que una heladería. Es uno de esos lugares donde apetece entrar sin prisas, elegir algo dulce y disfrutarlo en un ambiente cómodo y familiar. Su propuesta se basa en helados artesanales de estilo italiano, elaborados con mimo y con una clara apuesta por el sabor, la calidad y la variedad. A ellos se suman otras opciones pensadas para distintos gustos y ocasiones, como crepes, pancakes, postres, tartas personalizadas y propuestas especiales para eventos.

En nuestra visita probamos un helado de chocolate con almendras y otro de chocolate blanco con pistachos tostados y frutos rojos, ambos acompañados de unas galletas de barquillo con el logo de la heladería. La combinación fue todo un acierto: sabores bien equilibrados, buena presentación y una textura cremosa que confirma el cuidado que ponen en el producto. Sencillamente, delicioso.

Uno de los detalles que diferencia a Heladería El Tucán es el trato humano que ofrecen Quiara y Diego, siempre atentos tanto a los clientes de dos patas como a los de cuatro. Su forma de atender transmite cercanía sin perder profesionalidad: reciben, aconsejan y cuidan cada visita con naturalidad, haciendo que quienes entran se sientan bienvenidos desde el primer momento.

Y esa bienvenida también alcanza a las mascotas. En El Tucán no solo se permite la entrada de animales de compañía; se les recibe con cariño y respeto. De hecho, uno de los detalles que más agradecen quienes acuden con sus compañeros de cuatro patas es que les ofrecen un cacharro con agua y hielo, para que puedan estar cómodos, fresquitos y bien atendidos durante la visita. Para muchas personas, viajar, pasear o vivir con sus mascotas forma parte de su día a día, y encontrar un local donde puedan compartir ese momento sin incomodidades es algo que se agradece de verdad. Aquí, los compañeros de cuatro patas también tienen su sitio.

La heladería cuenta además con servicios pensados para celebraciones y eventos, entre ellos su conocido formato tipo “Heladotruck”, una propuesta original para cumpleaños, reuniones familiares, encuentros privados o celebraciones especiales. Es una forma diferente de llevar el sabor artesanal de El Tucán más allá del local y convertir cualquier evento en una experiencia más dulce y personalizada.

Su horario permite disfrutar de sus productos durante buena parte del día. De lunes a viernes abre de 10:00 a 21:00, mientras que los sábados y domingos amplía su jornada hasta las 21:30. Esto la convierte en una parada cómoda tanto para quienes buscan un postre después de comer como para quienes prefieren terminar la tarde con un buen helado.

Desde Norte Gran Canaria, recomendamos Heladería El Tucán a quienes se encuentren por Arguineguín, ya sea de vacaciones, de paso o viviendo en el sur de la isla. Es un lugar agradable, bien atendido y con una propuesta que une producto artesanal, variedad y sensibilidad hacia quienes disfrutan acompañados de sus mascotas.

Heladería El Tucán Arguineguín representa algo sencillo, pero cada vez más valioso: un espacio donde se cuida el producto, se cuida al cliente y se entiende que los animales también forman parte de la familia. Un lugar para volver, compartir y disfrutar con calma.

Contacto y redes

Dirección: C. Miguel Marrero Rodríguez, 55B, 35120 Arguineguín, Las Palmas
Teléfono: +34 676 67 19 88
Web: heladeriaeltucan.com
Instagram: @el_tucan_arguineguin
TikTok: @eltucandearguineguin

 

Suscribete a nuestro newsletter

¿Nucleares sí, o nucleares no?

“Prudencia si, miedo no” Durante décadas he navegado por todos los mares del mundo. He conocido temporales y algún que otro ciclón tropical, que arrancaban el aliento, mares de leva que obligaban a pensar dos veces cada orden, y noches en las que el horizonte desaparecía como si la naturaleza quisiera recordarnos quién manda realmente. “Prudencia si, miedo no”. En este punto hay que saber separar la paja del trigo, o si lo prefieres, la paja del grano, pues como bien me apuntaba mi entrañable amigo y maestro José Rodríguez Belda “Pepe Belda”, ingeniero y profesor jubilado de universidad, “hay que comenzar a eliminar prejuicios pues aún existe demasiada gente que le tiene miedo a la energía nuclear, pero “el miedo” es solo el producto de la ignorancia y dicho no en sentido peyorativo, sino del conocimiento”. Para añadir… “cuando se conocen las cosas, lo que hay que tener es precaución, que es otra cosa bien distinta. Porque ejemplo; yo no tengo miedo a conducir, y sin embargo, tengo mucha precaución; lo mismo que cuando practicaba como deporte el salto en paracaídas, no tenia miedo, pero si extremaba la prudencia.” Y lo puedo entender, porque en todas esas situaciones que se me dieron en mi vida marinera, “la prudencia” fue también mi norte, mi brújula moral y profesional. Pero jamás confundí “prudencia con miedo”. El miedo paraliza; la prudencia gobierna. El miedo abandona el barco; la prudencia lo mantiene a flote. Y hoy, cuando escucho al gobierno social comunista de Pedro Sánchez rectificar —a medias y a regañadientes— su decisión de cerrar el parque nuclear español, no puedo evitar recordar esa diferencia esencial. “Una rectificación que llega tarde y mal” Acabo de escuchar por televisión que el Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, “el lapa”, ha decidido prorrogar la vida útil de la central de Almaraz. Lo hace, según afirma, con “carácter limitado”. Es decir, como quien en el viejo chiste promete “la puntita nada más”. No es una rectificación clara, valiente ni estratégica; es un “aplazamiento agónico”; una maniobra para ganar tiempo sin asumir la realidad. En lugar de reconocer que la política energética mantenida hasta ahora era “disparatada total”, se concede una prórroga de entre 19 y 31 meses, insuficiente para generar la certidumbre que necesitan los inversores en proyectos que requieren décadas para ser operativos y esa forma de actuar, es muy propia de un gobierno como el de Sánchez, que gira como una veleta cuando cambia la dirección del viento. Él lo llama “cambio de opinión” y se queda tan fresco, tal cual estuviera tumbado, tomando el Sol, en una hamaca de la residencia de la Mareta La ciencia y la ingeniería llevan años afirmando que la energía nuclear es esencial para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico. La energía verde —los molinillos y los paneles solares— es valiosa sí, pero “solo complementaria”, no sustitutiva. Confundir cambio climático con contaminación, como han hecho algunos portavoces gubernamentales “sanchistas”, aficionados al “ecologismo hippie, barato y fumados demagogo”, es una simplificación tan simplista, que no resiste ni el primer examen técnico. “Y es que les guste o no, a estos “progres trasnochados y en ocasiones, hasta fumados”, la realidad se impone, y sin nucleares, España no funcionaría”, Pedro Sánchez se ha visto obligado a aceptar lo que era evidente. Sin energía nuclear, el desarrollo económico de España es inviable. Ya hay dificultades para abastecer grandes proyectos industriales y urbanísticos. Y lo que es peor: la factura de la luz sube mientras aumenta nuestra dependencia de suministradores externos poco fiables. Pero esta rectificación no nace del interés general; en mi opinión, responde a tres razones “electoralmente incómodas”; a saber: 1) El miedo a un apagón general Un apagón nacional sería letal para los intereses del PSOE. Los cortes parciales a la gran industria, en cambio, pasan desapercibidos para la mayoría de los votantes. Y siempre queda el recurso humorístico de culpar a “don Cambio Climático” o en el peor de los casos, a los tan recurridos “recortes de Rajoy”. 2) El agravio comparativo con Cataluña Cerrar Almaraz mientras se mantienen las nucleares catalanas por exigencia de los independentistas sería demasiado “cantarín”. La incoherencia sería tan visible que ni los más fieles defensores adoctrinados “sanchistas” podrían justificarla. 3) La dependencia del gas y la factura eléctrica Las importaciones de gas —para alimentar centrales más contaminantes que las nucleares— están disparando la factura de la luz. Y nos hacen depender de países cuya fiabilidad es, como poco, incierta. En este contexto se entiende el intento de recomponer relaciones con Argelia… siempre que el rey Mohamed VI lo permita y no amenace a Pedro Sánchez con hacerle públicas, filtrándolas a la prensa, las conversaciones que el servicio secreto marroquí les grabó de sus teléfonos móviles a Pedro Sánchez y a cinco de sus ministros, utilizando el sistema de espionaje Pegasus, podrían ponerlos en serio apuros. “Una cosa es la prudencia energética, y otra bien distinta es el miedo político” La prudencia exige reconocer que España necesita una combinación equilibrada de energías renovables y nucleares. El miedo, en cambio, lleva a decisiones precipitadas, ideológicas y desconectadas de la realidad técnica. Y aquí surge una reflexión inevitable…Si el Gobierno social comunista de Sánchez cede con tanta facilidad a los chantajes de Marruecos (Mohamed VI), de los independentistas catalanes o de Bildu, ¿podemos estar tranquilos en Ceuta, Melilla y Canarias ante una eventual amenaza de anexión? La prudencia aconseja reforzar nuestra seguridad estratégica. El miedo, por desgracia, suele disfrazarse de silencio. “La metáfora marinera nos dice cuando el barco necesita mando, no superstición” En la mar, jamás abandoné un barco por miedo. Lo abandonaría solo si la prudencia —la verdadera— lo exigiera. Hoy España navega en un mar energético revuelto, con temporales que no se resuelven con consignas ni con supersticiones ideológicas. Lo que necesita es de un “mando de verdad, autentico y sereno”, decisiones técnicas y visión de futuro. No miedo. No parches. No prórrogas agónicas. No cambio de opiniones cada dos por tres. Porque