¿Nucleares sí, o nucleares no?

Prudencia si, miedo no”

Durante décadas he navegado por todos los mares del mundo. He conocido temporales y algún que otro ciclón tropical, que arrancaban el aliento, mares de leva que obligaban a pensar dos veces cada orden, y noches en las que el horizonte desaparecía como si la naturaleza quisiera recordarnos quién manda realmente. “Prudencia si, miedo no”. En este punto hay que saber separar la paja del trigo, o si lo prefieres, la paja del grano, pues como bien me apuntaba mi entrañable amigo y maestro José Rodríguez Belda “Pepe Belda”, ingeniero y profesor jubilado de universidad, “hay que comenzar a eliminar prejuicios pues aún existe demasiada gente que le tiene miedo a la energía nuclear, pero “el miedo” es solo el producto de la ignorancia y dicho no en sentido peyorativo, sino del conocimiento”. Para añadir… “cuando se conocen las cosas, lo que hay que tener es precaución, que es otra cosa bien distinta. Porque ejemplo; yo no tengo miedo a conducir, y sin embargo, tengo mucha precaución; lo mismo que cuando practicaba como deporte el salto en paracaídas, no tenia miedo, pero si extremaba la prudencia.” Y lo puedo entender, porque en todas esas situaciones que se me dieron en mi vida marinera, “la prudencia” fue también mi norte, mi brújula moral y profesional. Pero jamás confundí “prudencia con miedo”. El miedo paraliza; la prudencia gobierna. El miedo abandona el barco; la prudencia lo mantiene a flote. Y hoy, cuando escucho al gobierno social comunista de Pedro Sánchez rectificar —a medias y a regañadientes— su decisión de cerrar el parque nuclear español, no puedo evitar recordar esa diferencia esencial. “Una rectificación que llega tarde y mal” Acabo de escuchar por televisión que el Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, “el lapa”, ha decidido prorrogar la vida útil de la central de Almaraz. Lo hace, según afirma, con “carácter limitado”. Es decir, como quien en el viejo chiste promete “la puntita nada más”. No es una rectificación clara, valiente ni estratégica; es un “aplazamiento agónico”; una maniobra para ganar tiempo sin asumir la realidad. En lugar de reconocer que la política energética mantenida hasta ahora era disparatada total”, se concede una prórroga de entre 19 y 31 meses, insuficiente para generar la certidumbre que necesitan los inversores en proyectos que requieren décadas para ser operativos y esa forma de actuar, es muy propia de un gobierno como el de Sánchez, que gira como una veleta cuando cambia la dirección del viento. Él lo llama “cambio de opinión” y se queda tan fresco, tal cual estuviera tumbado, tomando el Sol, en una hamaca de la residencia de la Mareta La ciencia y la ingeniería llevan años afirmando que la energía nuclear es esencial para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico. La energía verde —los molinillos y los paneles solares— es valiosa sí, pero “solo complementaria”, no sustitutiva. Confundir cambio climático con contaminación, como han hecho algunos portavoces gubernamentales “sanchistas, aficionados al “ecologismo hippie, barato y fumados demagogo”, es una simplificación tan simplista, que no resiste ni el primer examen técnico. “Y es que les guste o no, a estos “progres trasnochados y en ocasiones, hasta fumados”, la realidad se impone, y sin nucleares, España no funcionaría”, Pedro Sánchez se ha visto obligado a aceptar lo que era evidente. Sin energía nuclear, el desarrollo económico de España es inviable. Ya hay dificultades para abastecer grandes proyectos industriales y urbanísticos. Y lo que es peor: la factura de la luz sube mientras aumenta nuestra dependencia de suministradores externos poco fiables. Pero esta rectificación no nace del interés general; en mi opinión, responde a tres razones “electoralmente incómodas”; a saber: 1) El miedo a un apagón general Un apagón nacional sería letal para los intereses del PSOE. Los cortes parciales a la gran industria, en cambio, pasan desapercibidos para la mayoría de los votantes. Y siempre queda el recurso humorístico de culpar a “don Cambio Climático” o en el peor de los casos, a los tan recurridos “recortes de Rajoy”. 2) El agravio comparativo con Cataluña Cerrar Almaraz mientras se mantienen las nucleares catalanas por exigencia de los independentistas sería demasiado “cantarín”. La incoherencia sería tan visible que ni los más fieles defensores adoctrinados “sanchistas” podrían justificarla. 3) La dependencia del gas y la factura eléctrica Las importaciones de gas —para alimentar centrales más contaminantes que las nucleares— están disparando la factura de la luz. Y nos hacen depender de países cuya fiabilidad es, como poco, incierta. En este contexto se entiende el intento de recomponer relaciones con Argelia… siempre que el rey Mohamed VI lo permita y no amenace a Pedro Sánchez con hacerle públicas, filtrándolas a la prensa, las conversaciones que el servicio secreto marroquí les grabó de sus teléfonos móviles a Pedro Sánchez y a cinco de sus ministros, utilizando el sistema de espionaje Pegasus, podrían ponerlos en serio apuros. “Una cosa es la prudencia energética, y otra bien distinta es el miedo político” La prudencia exige reconocer que España necesita una combinación equilibrada de energías renovables y nucleares. El miedo, en cambio, lleva a decisiones precipitadas, ideológicas y desconectadas de la realidad técnica. Y aquí surge una reflexión inevitable…Si el Gobierno social comunista de Sánchez cede con tanta facilidad a los chantajes de Marruecos (Mohamed VI), de los independentistas catalanes o de Bildu, ¿podemos estar tranquilos en Ceuta, Melilla y Canarias ante una eventual amenaza de anexión? La prudencia aconseja reforzar nuestra seguridad estratégica. El miedo, por desgracia, suele disfrazarse de silencio. “La metáfora marinera nos dice cuando el barco necesita mando, no superstición” En la mar, jamás abandoné un barco por miedo. Lo abandonaría solo si la prudencia —la verdadera— lo exigiera. Hoy España navega en un mar energético revuelto, con temporales que no se resuelven con consignas ni con supersticiones ideológicas. Lo que necesita es de un “mando de verdad, autentico y sereno”, decisiones técnicas y visión de futuro. No miedo. No parches. No prórrogas agónicas. No cambio de opiniones cada dos por tres. Porque cuando un barco empieza a escorar, lo último que debe hacer un capitán es mirar hacia otro lado. La prudencia salva vidas. El miedo las pone en peligro. Hazme caso amigo, que de medicina y otras cosas, no entiendo mucho que digamos, pero de mar, barcos y mandar tripulaciones, creo que después de tantos años en la mar, algo he aprendido. Por lo que profetizo que este nuevo golpe de timón, a que nos tiene acostumbrado el gobierno social comunista, lo veremos repetido en el tiempo y en más ocasiones, lo que no tengo claro, es que siendo antiguos alumnos de la LOGSE, los que tendrán que tomar las decisiones en el futuro, harán caso al viejo dicho marinero, cuando nos advierte … “Si ambas luces de un vapor por la proa has avistado, debes caer a estribor, y enseñar tu encarnado”. Pues mucho me temo que, como decimos los mauros de Telde…  “El nace barrigón, ni que lo fajen de pequeñito”, y no les engaño, cuando les aseguro que, entre los sanchistas … ¡Casos se han dado! ¡Qué cosas!

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¿Nucleares sí, o nucleares no?

“Prudencia si, miedo no” Durante décadas he navegado por todos los mares del mundo. He conocido temporales y algún que otro ciclón tropical, que arrancaban el aliento, mares de leva que obligaban a pensar dos veces cada orden, y noches en las que el horizonte desaparecía como si la naturaleza quisiera recordarnos quién manda realmente. “Prudencia si, miedo no”. En este punto hay que saber separar la paja del trigo, o si lo prefieres, la paja del grano, pues como bien me apuntaba mi entrañable amigo y maestro José Rodríguez Belda “Pepe Belda”, ingeniero y profesor jubilado de universidad, “hay que comenzar a eliminar prejuicios pues aún existe demasiada gente que le tiene miedo a la energía nuclear, pero “el miedo” es solo el producto de la ignorancia y dicho no en sentido peyorativo, sino del conocimiento”. Para añadir… “cuando se conocen las cosas, lo que hay que tener es precaución, que es otra cosa bien distinta. Porque ejemplo; yo no tengo miedo a conducir, y sin embargo, tengo mucha precaución; lo mismo que cuando practicaba como deporte el salto en paracaídas, no tenia miedo, pero si extremaba la prudencia.” Y lo puedo entender, porque en todas esas situaciones que se me dieron en mi vida marinera, “la prudencia” fue también mi norte, mi brújula moral y profesional. Pero jamás confundí “prudencia con miedo”. El miedo paraliza; la prudencia gobierna. El miedo abandona el barco; la prudencia lo mantiene a flote. Y hoy, cuando escucho al gobierno social comunista de Pedro Sánchez rectificar —a medias y a regañadientes— su decisión de cerrar el parque nuclear español, no puedo evitar recordar esa diferencia esencial. “Una rectificación que llega tarde y mal” Acabo de escuchar por televisión que el Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, “el lapa”, ha decidido prorrogar la vida útil de la central de Almaraz. Lo hace, según afirma, con “carácter limitado”. Es decir, como quien en el viejo chiste promete “la puntita nada más”. No es una rectificación clara, valiente ni estratégica; es un “aplazamiento agónico”; una maniobra para ganar tiempo sin asumir la realidad. En lugar de reconocer que la política energética mantenida hasta ahora era “disparatada total”, se concede una prórroga de entre 19 y 31 meses, insuficiente para generar la certidumbre que necesitan los inversores en proyectos que requieren décadas para ser operativos y esa forma de actuar, es muy propia de un gobierno como el de Sánchez, que gira como una veleta cuando cambia la dirección del viento. Él lo llama “cambio de opinión” y se queda tan fresco, tal cual estuviera tumbado, tomando el Sol, en una hamaca de la residencia de la Mareta La ciencia y la ingeniería llevan años afirmando que la energía nuclear es esencial para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico. La energía verde —los molinillos y los paneles solares— es valiosa sí, pero “solo complementaria”, no sustitutiva. Confundir cambio climático con contaminación, como han hecho algunos portavoces gubernamentales “sanchistas”, aficionados al “ecologismo hippie, barato y fumados demagogo”, es una simplificación tan simplista, que no resiste ni el primer examen técnico. “Y es que les guste o no, a estos “progres trasnochados y en ocasiones, hasta fumados”, la realidad se impone, y sin nucleares, España no funcionaría”, Pedro Sánchez se ha visto obligado a aceptar lo que era evidente. Sin energía nuclear, el desarrollo económico de España es inviable. Ya hay dificultades para abastecer grandes proyectos industriales y urbanísticos. Y lo que es peor: la factura de la luz sube mientras aumenta nuestra dependencia de suministradores externos poco fiables. Pero esta rectificación no nace del interés general; en mi opinión, responde a tres razones “electoralmente incómodas”; a saber: 1) El miedo a un apagón general Un apagón nacional sería letal para los intereses del PSOE. Los cortes parciales a la gran industria, en cambio, pasan desapercibidos para la mayoría de los votantes. Y siempre queda el recurso humorístico de culpar a “don Cambio Climático” o en el peor de los casos, a los tan recurridos “recortes de Rajoy”. 2) El agravio comparativo con Cataluña Cerrar Almaraz mientras se mantienen las nucleares catalanas por exigencia de los independentistas sería demasiado “cantarín”. La incoherencia sería tan visible que ni los más fieles defensores adoctrinados “sanchistas” podrían justificarla. 3) La dependencia del gas y la factura eléctrica Las importaciones de gas —para alimentar centrales más contaminantes que las nucleares— están disparando la factura de la luz. Y nos hacen depender de países cuya fiabilidad es, como poco, incierta. En este contexto se entiende el intento de recomponer relaciones con Argelia… siempre que el rey Mohamed VI lo permita y no amenace a Pedro Sánchez con hacerle públicas, filtrándolas a la prensa, las conversaciones que el servicio secreto marroquí les grabó de sus teléfonos móviles a Pedro Sánchez y a cinco de sus ministros, utilizando el sistema de espionaje Pegasus, podrían ponerlos en serio apuros. “Una cosa es la prudencia energética, y otra bien distinta es el miedo político” La prudencia exige reconocer que España necesita una combinación equilibrada de energías renovables y nucleares. El miedo, en cambio, lleva a decisiones precipitadas, ideológicas y desconectadas de la realidad técnica. Y aquí surge una reflexión inevitable…Si el Gobierno social comunista de Sánchez cede con tanta facilidad a los chantajes de Marruecos (Mohamed VI), de los independentistas catalanes o de Bildu, ¿podemos estar tranquilos en Ceuta, Melilla y Canarias ante una eventual amenaza de anexión? La prudencia aconseja reforzar nuestra seguridad estratégica. El miedo, por desgracia, suele disfrazarse de silencio. “La metáfora marinera nos dice cuando el barco necesita mando, no superstición” En la mar, jamás abandoné un barco por miedo. Lo abandonaría solo si la prudencia —la verdadera— lo exigiera. Hoy España navega en un mar energético revuelto, con temporales que no se resuelven con consignas ni con supersticiones ideológicas. Lo que necesita es de un “mando de verdad, autentico y sereno”, decisiones técnicas y visión de futuro. No miedo. No parches. No prórrogas agónicas. No cambio de opiniones cada dos por tres. Porque