Benigno Benítez Gordillo: un corazón de plataneras y pinos marinos en Guía
Benigno Benítez Gordillo Un Corazón De Plataneras Y Pinos Marinos En Guía
Benigno Benítez Gordillo Un Corazón De Plataneras Y Pinos Marinos En Guía

Nació en Santa María de Guía en 1934, pero su huella trasciende los años y las fronteras. Benigno Benítez Gordillo fue un hombre de trabajo incansable, cuyas manos sembraron no solo plataneras en la finca de La Pacheca, entre Guía y Gáldar, sino también sueños en los jardines y las piscinas municipales de su pueblo.

Durante décadas, Benigno fue la fuerza callada que hizo posible la magia del deporte en Guía. Sus pasos, siempre firmes, se escuchaban en cada rincón de las instalaciones deportivas. Regaba cada jardín con su cariño, cuidaba las piscinas con un ojo vigilante y procuraba que ningún niño quedara fuera del agua. Él no soportaba ver a un niño desconsolado en la puerta de las instalaciones mientras sus amigos disfrutaban de las piscinas. Por eso, muchas veces, buscaba la manera de que aquellos pequeños también pudieran disfrutar de unos días de verano, aunque no fueran socios.

Le gustaba profundamente la jardinería. Los jardines de las instalaciones deportivas eran, en buena medida, el reflejo de su dedicación y de sus manos. Los mantenía siempre cuidados, limpios e inmaculados. También fue el encargado de plantar los pinos marinos que todavía hoy se levantan junto al campo de fútbol, árboles que con el paso de los años se han convertido en parte del paisaje y que, de alguna manera, mantienen viva su memoria.

Pero la historia de Benigno estuvo estrechamente ligada al deporte de Guía. Durante una temporada llegó a presidir el equipo de lucha Ramón Jiménez, y fue también un gran colaborador del equipo de voleibol de Guía y de la UD Guía de fútbol. Su compromiso nunca buscó protagonismo. Era de esas personas que trabajaban en silencio, que estaban cuando hacían falta y que entendían que ayudar a los demás era una forma de querer a su pueblo.

También estuvo vinculado al mítico caballo El Vencedor, al que llegó a cuidar, sumando otra página más a una vida llena de historias y de vínculos con las tradiciones y el deporte de Santa María de Guía.

Benigno era una persona muy apreciada y respetada, no solamente en su municipio, sino también en toda la comarca norte de Gran Canaria. Quienes lo conocieron recuerdan a un hombre sencillo, trabajador, generoso y siempre dispuesto a echar una mano. Un hombre de los que entendían que el verdadero valor de una persona no está en lo que posee, sino en lo que deja en los demás.

Y Benigno dejó mucho.

Dejó jardines cuidados con esmero, dejó árboles que continúan creciendo, dejó piscinas en las que generaciones de niños disfrutaron de sus veranos y dejó, sobre todo, el recuerdo de un hombre que entendió el deporte como una herramienta para unir a las personas.

En 1999, el Ayuntamiento quiso reconocer públicamente toda aquella dedicación y puso su nombre al campo de fútbol 7 de Guía. Fue un homenaje merecido a quien durante tantos años había entregado parte de su vida al deporte y a las instalaciones deportivas de su municipio.

Hoy, cuando se pronuncia el nombre de Benigno Benítez Gordillo, no solo se habla de un trabajador incansable. Se habla de un hombre que marcó una época en Guía de Gran Canaria. De alguien que estuvo detrás de muchas pequeñas cosas que hicieron más grande la vida de su pueblo.

Quizás ese sea el mejor homenaje que puede recibir una persona: que los años pasen y su nombre siga pronunciándose con cariño; que quienes fueron niños recuerden al hombre que les abrió una puerta cuando más lo necesitaban; que los árboles que plantó continúen creciendo hacia el cielo y que, al contemplarlos, alguien pueda decir: “Esos pinos los plantó Benigno”.

Porque hay personas que pasan por la vida dejando fotografías, documentos o reconocimientos. Y hay otras, como Benigno, que dejan algo mucho más importante: una huella en el corazón de la gente.

Suscribete a nuestro newsletter

Eclipses Ciencia, Historia, Comportamiento Humano… Y Un Presidente Viajando Más Que Un Albatros De Lanzarote
Articulos
Redacción NorteGranCanaria

Eclipses: ciencia, historia, comportamiento humano… y un presidente viajando más que un albatros de Lanzarote

El eclipse como fenómeno científico: lo que realmente ocurre Un eclipse —ya sea solar o lunar— no es más que, en esencia, “un juego de sombras cósmicas”. La Tierra, la Luna y el Sol se alinean con una precisión que haría llorar de emoción a cualquier ingeniero naval acostumbrado a cuadrar pesos y estibas. Se le llama “Eclipse Solar,” cuando la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol, y “Eclipse lunar” cuando es la Tierra la que se interpone entre el Sol y la Luna. La mecánica es simple, pero el impacto psicológico, cultural y social es enorme. Para el pueblo llano, un ejemplo práctico: Imagínese usted, lector, que está en la cubierta de un barco y de repente el sol se apaga como si alguien hubiera cerrado la escotilla del cielo. No hay tormenta, no hay nubes, no hay aviso. Solo oscuridad repentina. ¿Quién no se inquietaría?   ¿Pero cómo interpretaron los eclipses las civilizaciones antiguas? Los eclipses a lo largo de la historia de la humanidad, han sido vistos como “mensajes divinos, malos presagios, avisos de guerra, señales de renovación o incluso batallas celestiales”. Por ejemplo, “en Mesopotamia”, los astrónomos babilonios registraron eclipses desde el siglo VIII a.C. Creían que anunciaban la muerte o caída de un rey. Tanto es así que, en ocasiones, “colocaban un “rey sustituto” temporal” para engañar al destino. En la “China antigua”, pensaban que un “dragón celestial devoraba el Sol”. La población golpeaba tambores y cacerolas para espantarlo. Curiosamente, sus registros son tan precisos que hoy sirven para estudiar variaciones en la rotación terrestre, y es que estos chinos, de siempre han sido unos “fieras mirando al cielo y las estanterías de sus tiendas”, por eso tienen los ojos, como lo tienen y la inmensa mayoría usa gafas. Jajajaja. En la “Grecia clásica”, con Tales de Mileto, que, por cierto, el tío era un sibarita, llega la primera predicción científica de un eclipse (585 a.C.). Para él, el eclipse era solo un fenómeno natural, pero también un símbolo de cambio político. Los “Mayas y aztecas”, lo interpretaban como un “desorden cósmico” que exigía rituales para restaurar el equilibrio. Para mí que, éstos fumaban cosas raras y no sabían que inventar para hacer un sacrificio humano. Jajajajaja En el antiguo “Egipto”, el eclipse era la lucha entre Ra y Apofis, la serpiente del caos. La verdad es que nunca nos enteramos quien ganó la batalla. En resumen, y ahora en serio, el “ser humano siempre ha temido lo que no comprende, y ha venerado lo que le sobrecoge”.   ¿Y Cómo reaccionamos hoy? Estudios sobre comportamiento humano La ciencia moderna ha estudiado cómo los eclipses afectan al comportamiento humano. No hablamos de magia, sino de “psicología social”. Así; podemos destacar, el “Efecto de comunidad”; pues los eclipses generan un sentimiento de unión. Millones de personas miran al cielo al mismo tiempo. Convirtiéndose en un fenómeno que refuerza la identidad colectiva. “Euforia y ansiedad” ya que, algunos estudios de la “American Psychological Association”, muestran que los eclipses pueden provocar “picos de emoción”, comparables a eventos deportivos o religiosos. “Impacto económico”, sin alejarnos demasiado en el tiempo comprobamos como en Estados Unidos, el eclipse total de 2017 generó “más de 200 millones de dólares” en desplazamientos, turismo y consumo. Es decir que un simple “eclipse puede mover más dinero que un puente festivo”. En cuanto a la “Política y percepción pública”, es cierto que, los eclipses no cambian gobiernos, pero sí pueden influir en la narrativa política. Un líder que aparece “conectado” al fenómeno puede ganar simpatías; uno que lo usa de forma ostentosa puede perderlas. Será por eso de que nuestro “figura” el Pedro Sánchez, movilizó a todo un equipo de gente y familiares incluidos, usando el Falcon, para dejar La Mareta e ir a un pueblo de la península a contemplarlo en primera línea, mientras en Ceuta, la gente seguía viviendo aterrorizada por falta de soluciones a sus problemas como consecuencia de la invasión mora de hace unos días.   En cuanto a la Fauna y flora: ¿Qué les pasa durante un eclipse? Pues los animales reaccionan como si fuera un “anochecer repentino”; pues, las aves dejan de cantar; las vacas regresan al establo; los insectos nocturnos salen; los peces cambian patrones de alimentación; los perros se inquietan; las abejas reducen su actividad casi al instante. La flora, en cambio, responde menos, pero se han observado que, cierran temporalmente los pétalos en algunas especies y experimentan cambios en la fotosíntesis por la caída brusca de luz. En resumen: “La naturaleza interpreta el eclipse como un falso atardecer”.   “Hasta aquí he querido ser lo más científico que mis humildes conocimientos y formación como “viejo lobo de mar”, me han permitido; pero en lo sucesivo, me voy a darme el gusto de hablar con la “libertad de los condenados”, como tanto me gusta”. Así que ya no hablo de ciencia. Ahora, hablaré como el “ciudadano libre y valiente”, el marino jubilado que ha visto más amaneceres que muchos ministros en horas de despacho. Y lo digo con la serenidad del que ha mandado barcos en temporales: “Lo que hizo Pedro Sánchez con el eclipse es un ejemplo perfecto de cómo un gobernante puede perder el norte”. Movilizar un Falcón, escoltas, ministros, y pedir un cordón de seguridad que bloquea un pueblo entero desde primera hora de la mañana para no tener que escuchar la canción del verano… ¡Pedro Sánchez H… de P…!  ¿Para qué? ¿Para ver un eclipse? No es ilegal. Pero es “indecente, insensible y profundamente elitista”. Mientras un pueblo amanecía “cabreado”, sin poder circular, sin poder abrir negocios, sin poder llevar a los niños al colegio, el presidente y su familia viajaban desde La Mareta como si fueran “turistas de lujo del cosmos,” escoltados por un operativo que ni en Ceuta se ha visto en los momentos más críticos de la invasión mora. Y uno, que ha navegado temporales de verdad, no puede evitar pensar: “¡Carajo!, ¿Qué clase de líder necesita