Sasito García, un personaje inolvidable de Guía
Sasito García, Un Personaje Inolvidable De Guía
Sasito García, Un Personaje Inolvidable De Guía

Sasito García fue uno de esos personajes entrañables que dejaron una huella imborrable en la historia de Guía de Gran Canaria. Mantuvo una estrecha amistad con varias generaciones de jóvenes del municipio, convirtiéndose en una figura muy querida y respetada por todos.

Era hijo de Faustinito García del Pino, propietario de un conocido molino situado en el Lomo de Guillén. Poseía una personalidad sencilla y una forma de ser inocente, con una mentalidad que conservaba la espontaneidad y la ilusión de un niño. Además, padecía un problema en las piernas que dificultaba su forma de caminar, circunstancia que nunca le impidió llevar una vida cercana a sus vecinos ni cultivar innumerables amistades.

Fue un lector incansable. Le apasionaban los tebeos, las novelas del oeste y cualquier obra literaria que llegara a sus manos. También era un entusiasta coleccionista y procuraba conseguir todos los álbumes que iban apareciendo en el mercado, disfrutando de cada nueva adquisición con la misma ilusión de siempre.

Sasito fue, sin duda, una persona singular, cariñosa y profundamente leal. Era amigo de sus amigos y siempre tenía tiempo para conversar con quienes se acercaban a él. Rara era la jornada en la que los niños y jóvenes que frecuentaban la plaza no se detenían a hablar con él sobre fútbol, las últimas noticias del pueblo o cualquier anécdota cotidiana. Cuando se reunía un grupo numeroso a su alrededor, relataba historias inverosímiles con tal convicción que quienes lo escuchaban permanecían atentos, fascinados por su capacidad para entretener y despertar la imaginación.

Sentía un cariño especial por las palomas que anidaban en las torres de la iglesia. Era habitual verlo alimentándolas con esmero, procurando que nunca les faltara comida mientras él pudo hacerlo. Aquella imagen forma parte del recuerdo colectivo de quienes compartieron con él tantos momentos en la plaza.

Sasito García no fue únicamente un vecino más; fue un símbolo de cercanía, bondad y humanidad. Su recuerdo permanece vivo en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de conocerlo y compartir su amistad.

Por todo ello, desde la Asociación Cultural Movimiento Norte de Gran Canaria consideramos que Sasito García es plenamente merecedor de un reconocimiento permanente en el lugar donde transcurrió gran parte de su vida. La instalación de un busto en la plaza de Guía constituiría un justo homenaje a una persona que forma parte del patrimonio humano y sentimental de nuestro pueblo y cuyo recuerdo seguirá vivo en las generaciones presentes y futuras.

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Redacción NorteGranCanaria

Venezuela y… ¿Qué hay de lo mío?

Venezuela y… ¿Qué hay de lo mío? “Escribo este articulo con mi pluma mojada en salitre, mi amor por Venezuela; segunda patria, y el faro del corazón encendido”.   Por: Julio César González Padrón Hay países que no navegan, sobreviven. Países que avanzan como cascos agujereados, remendados con promesas rotas, empujados por un pueblo que ya no rema por esperanza, sino por pura supervivencia. Venezuela, mi Venezuela del alma, es uno de ellos. Un barco que lleva años atrapado en una tormenta que no figura en ningún atlas, una tormenta que el mundo observa desde la distancia como quien mira un naufragio ajeno y decide que no es asunto suyo. Un barco a quien tanto debemos los españoles y muy especialmente los canarios. El 3 de enero, la operación “Resolución Absoluta” del ejército estadounidense, detuvo al dictador Nicolás Maduro y a su esposa Delcy Rodríguez. El mundo entero creyó escuchar el crujido del casco chavista partiéndose en dos. Muchos venezolanos, agotados de remar contra la miseria, sintieron que por fin la tormenta cedía, que el horizonte se abría, que la historia —esa vieja capitana caprichosa— había decidido mover ficha. Pero ocho meses después, la mar —que nunca engaña— nos escupe la verdad en la cara y “el régimen chavista sigue en pie”. No solo en pie, sino que “más vivo y sano que nunca”, sostenido por intereses extranjeros, por silencios cómplices, cobardes y por mediadores que ya no meden, sino que protegen. Washington, con Donald Trump al timón, ha demostrado que la democracia venezolana le importa menos que un bidón de petróleo. La libertad del pueblo venezolano no es prioridad para “el rubio pistolero de aldea del salvaje oeste americano”. Claro, la única prioridad “son las riquezas del subsuelo de Venezuela”. Y mientras tanto, el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero continúa apareciendo en Caracas como si fuera el farero oficial del chavismo, encendiendo luces que solo iluminan a los verdugos y dejando en sombra a las víctimas. Su apoyo al régimen chavista —siempre presentado como “mediación”, “diálogo” o “puentes”— se ha convertido en un misterio que huele a humedad, a camarote cerrado demasiado tiempo. Porque mientras Venezuela se hundía, el traidor de Zapatero insistía en lavar la cara del chavismo,en defender lo indefendible, en justificar lo injustificable, en blanquear lo que ya no admitía más pintura. El traidor e impresentable “joyero” del Zapatero, bajo mi opinión, no era mediador: “era el práctico del puerto chavista”, guiando al régimen entre arrecifes diplomáticos para que no encallara. Un hombre que hablaba de diálogo, mientras ignoraba torturas, desapariciones, censura y hambre. Un hombre que parecía y parece actualmente con su discípulo aventajado Pedro Sánchez, más preocupados por salvar sus respectivas reputaciones y las del chavismo, que por salvar al hermano pueblo venezolano. Los viejos lobos de mar —los que hemos visto barcos hundirse por culpa de capitanes que juraban tenerlo todo bajo control— sabemos reconocer cuando una operación militar no es una liberación, sino un simple cambio de manos. Y eso fue desgraciadamente la operación Yankee “Resolución Absoluta; un relevo de timón, no un cambio de rumbo”. Porque el chavismo, aunque descabezado, sigue respirando. Sigue mandando. Sigue saqueando. Sigue oprimiendo. Y lo hace con la bendición de quienes deberían exigir democracia, no negociar con su ausencia. Si, lamentablemente ocho meses después, el régimen chavista sigue en pie. No solo en pie, sino, además, “reorganizado, rearmado, reoxigenado”. Como esos cascos podridos que, aunque deberían hundirse, flotan porque alguien desde fuera les sigue apuntalando las cuadernas. Los presos políticos han sido liberados a cuentagotas, con condiciones que más parecen cadenas invisibles que gestos de justicia. Por eso, la pregunta que resuena hoy en Venezuela y en los que amamos a ese gran país hermano, del cual nos sentimos parte inseparable los canarios —y en la conciencia de quienes aún conservan dignidad— es un rugido que atraviesa océanos… ¿Para cuándo la liberación total del pueblo venezolano? ¿Para cuándo el regreso a un régimen democrático que no dependa de la voluntad de un líder extranjero ni de los intereses de una potencia? ¿Para cuándo el fin de los silencios, de las excusas, de los mediadores que ya no median, de los aliados que ya no ayudan, de los enemigos que ya no asustan? Porque no nos engañemos, la libertad no llega por decreto. No llega por operaciones militares. No llega por promesas de líderes que miran más al subsuelo que a la gente, como es el caso del “pistolero rubio americano, Donal Trump”. La libertad llega cuando un pueblo decide que ya no quiere ser espectador, sino capitán de su propio destino. Cuando la comunidad internacional deja de mirar hacia otro lado. Cuando los aliados dejan de ser cómplices. Cuando los enemigos dejan de ser excusas, cuando un pueblo entero pone “sus cojones sobre la mesa” y grita… ¡Basta ya! Soy venezolano y por mis venas circula sangre española e isleña. Venezuela no necesita salvadores. Necesita “horizonte” como que el que le señaló Simón Bolívar en 1810, y ese horizonte solo llegará de nuevo, cuando la presión interna y externa coincidan en un punto; “el respeto absoluto a los derechos humanos y a la voluntad popular”. 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