Valleseco celebra las Fiestas de Santa Rosa de Lima con una jornada de tradición, ganadería y música en Lanzarote
Feria De Ganado Rosa De Lima
Feria De Ganado Rosa De Lima

. Este domingo 23 de agosto su día grande con la tradicional Feria de Ganado, unos 3.000 euros en premios y un encuentro musical con Yeray Rodríguez y los artistas venezolanos Gustavo Colina y Ernesto da Silva

El barrio de Lanzarote, en el municipio de Valleseco, se prepara para celebrar el día grande de sus  Fiestas de Santa Rosa de Lima, estedomingo 23 de agosto, donde reunirá tradición, cultura popular, ganadería y música en una jornada pensada para el disfrute de toda la población.

Uno de los principales actos será la tradicional Feria de Ganado, que se desarrollará en el recinto ubicado en los terrenos del vecino Tito Santana. La cita congregará al sector de la ganadería de las medianías de Gran Canaria y permitirá contemplar ejemplares de ganado vacuno, caprino, ovino, equino, asnal y mular.

La feria está organizada por la Comisión de Fiestas de Lanzarote, con la colaboración del Ayuntamiento de Valleseco y el Cabildo de Gran Canaria, y nace con el propósito de respaldar al sector ganadero y poner en valor una actividad estrechamente vinculada a la identidad y las tradiciones del mundo rural de la isla.

La inscripción y entrada de los animales se realizará de 08.00 a 10.30 horas, momento en el que se procederá al cierre del recinto. A partir de las 10.30 horas, el público podrá disfrutar de la exposición de los ejemplares participantes. La feria repartirá unos 3.000 euros en premios.

Tras la celebración de la feria y la entrega de premios, los actos continuarán con la función religiosa, la procesión y el desfile del ganado galardonado, manteniendo así una de las tradiciones más arraigadas de las fiestas de Santa Rosa de Lima.

Canarias y Venezuela se encuentran a través de la décima

La programación continuará por la tarde con una destacada propuesta cultural y musical. A las 17.00 horas, la plaza del barrio de Lanzarote acogerá el encuentro “Galerón y Punto Cubano. Canarias y Venezuela”, una iniciativa que reunirá al músico y verseador canario Yeray Rodríguez junto a los artistas venezolanos Gustavo Colina y Ernesto da Silva, “El Ciclón de Margarita”.

El encuentro permitirá al público acercarse a las distintas formas de interpretar y cantar la décima, poniendo de manifiesto los vínculos culturales y musicales entre Canarias y Venezuela.

La participación de Gustavo Colina y Ernesto da Silva se enmarca en la gira que ambos artistas venezolanos realizan por Canarias, invitados por la Fundación Ochosílabas. La iniciativa recorrerá tres islas con el objetivo de acercar al público canario diferentes expresiones de la tradición musical venezolana y, especialmente, las diversas maneras de interpretar y cantar la décima.

Junto a ellos, la participación de Yeray Rodríguez, uno de los principales referentes de la décima y la tradición oral de Canarias, contribuirá a reforzar este encuentro entre ambas culturas y a poner en valor los lazos históricos y culturales que unen al Archipiélago con Venezuela.

La programación musical se completará con la actuación de la agrupación de versiones “La Chica de Ayer” que sube al escenario sobre las 15.30 horas, y concluirá a las 18.30 horas con la verbena de Colores con Son Karibe, que pondrá el broche final al día grande de las fiestas.

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Capitan Manuel Damía Guimerá
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Redacción NorteGranCanaria

Homenaje póstumo a mi amigo, colega y maestro, capitán Manuel Damía Guimerá

Ayer zarpó hacia su último puerto de destino, el Capitán Manuel Damiá Guimerá, maestro, colega, amigo y faro de mi juventud profesional, por lo que hice un paréntesis en mis artículos de opinión diario, para dedicarle a él, que tanto le gustaba escucharme y leer mis historias, ésta, que nunca le conté, pero que estoy seguro que hoy la leerá desde el Cielo con la misa ilusión y atención, que cuando se las contaba en el puente del buque Tajo, y me decía… ¡Julio esa es buena!  Tienes que incluirla en tu próximo libro que escribe “Historias de la Mar. Ahí te va, para ti Manolo, convertida en artículo de opinión y homenaje póstumo, porque “los viejos lobos de mar”, sabemos que los capitanes como tú, que no se van del todo. Se quedan en la mar que nos enseñaron a querer. ¡Grande Manolo! Esta mañana como de costumbre, me senté delante de mí portátil, dispuesto a preparar la crónica de hoy viernes, y cuando ya prácticamente la tenía acabada, recibí un WhatsApp desde Castellón de mi buena y vieja amiga Isabel, esposa del también viejo y entrañable amigo, el Capitan Manuel Damiá Guimerá, a quien conozco desde que era Oficial Alumno de Puente y hacia mis prácticas en el buque Duero de la Naviera Pinillos, donde él ejercía de primer oficial. Luego acabada las practicas, me embarqué en un buque inglés y perdimos todo contacto, hasta que regresé a España y él al enterase que estaba buscando nuevo barco, me reclamó para el suyo, donde ahora era Capitan; El Tajo, de la misma naviera donde yo había hecho buena parte de mis prácticas de mar. Con él ingresé de tercer oficial, ascendí a segundo y luego a primero, hasta que la compañía me destinó a Tierra para sustituir, provisionalmente al delegado que existía en Las Palmas, ya que éste se iba de vacaciones.  Después de esto, ya no coincidimos en ningún otro barco, pero nuestra amistad perduró, a pesar de que apenas nos veíamos. Él era un fan de mis libros y publicaciones y yo desde que acababa uno nuevo, se lo hacía llegar Llevaba unos ya 18 años jubilado y ayer me comunicó su esposa qué, mi querido y admirado “Capitán Manuel Damiá Guimerá”, maestro, colega, amigo y faro de mi juventud profesional, había   zarpado hacia su último puerto de destino.  Por lo que, automáticamente me detuve en el artículo que estaba escribiendo, para hacer uno distinto que pudiera dedicárselo a él, y en calidad de homenaje póstumo, recordando que tanto le gustaba escucharme y leer mis historias, y esta nueva, que nunca le conté, pero que estoy seguro que, hoy la leerá desde el Cielo con la misa ilusión y atención, que cuando se las leía en borrador en el puente del buque Tajo y me decía… ¡Julio esa es buena!  Tienes que incluirla en tu próximo libro que escribes de “Historias de la Mar”. Sabe bien amigo Manolo, que aquel libro, ya lo acabé y publiqué con mucho éxito, por cierto, pues ya van tres ediciones entre España y Sudamerioca.  Pero yo quiero contarte hoy otra nueva ,  que para que te entretengas mientras, en ese viaje que te llevará al Cielo junto al Todopoderoso, te entretengas una vez más leyéndome. Así que, ahí te va amigo Manolo. “El mes en que la mar me dejó varado… en el hielo” Hay recuerdos que regresan como una marea lenta: primero un olor, luego un ruido, después una imagen. Y cuando uno menos lo espera, ahí está de nuevo la juventud, llamando a la puerta como un viejo camarada que viene a tomar un café y a recordarte que la vida, pese a todo, sigue siendo hermosa. Hoy, mientras España navega entre temporales que parecen no escampar, me ha dado por rescatar una vivencia que nació en un ciclón y terminó siendo una historia cálida, casi tierna. Por ello quiero dedicarla a ti, que fuiste mi maestro, mi capitán y mi amigo, Manuel Damiá Guimerá, que ayer has emprendido tu última singladura.  “Ana: la primera vez que la muerte me miró a los ojos” Aquel viaje a Canadá comenzó con mal gesto. Nos cruzamos con el “ciclón tropical Ana” que, aunque ya venía subiendo por la costa Este de los Estados Unidos perdiendo fuelle, conservaba la “mala leche” suficiente como para recordarnos que la mar, cuando quiere, se convierte en un animal vivo. Mi barco tenía 150 metros de eslora, 30.000 toneladas, moderno, orgullos, pero se movía como si alguien lo hubiera agarrado por la quilla y lo estuviera sacudiendo para ver qué caía dentro. El viento no soplaba, “mordía como un perro de presa canario” que no quería soltarnos. Las olas no rompían: “caían como muro de piedra”. Y yo, joven tercer oficial de puente, descubrí que la muerte tiene cara… y que era “fea como el demonio”. Pero sobrevivimos. Y llegamos a nuestro destino, Canadá. Porque sabes bien que los marinos no navegamos; “resistimos”. Y porque yo llevaba en la cabeza las enseñanzas de aquel hombre que sabía leer la mar como otros leen un libro; el Capitán Guimerá. “Summer Side: cuando el océano se volvió piedra” Llegamos a “Summer Side”, en la Isla del Príncipe Eduardo, (Canadá) el 28 de diciembre. El termómetro marcaba –18 ºC, que ya es suficiente para que, a un canario como yo, se le congelaran hasta los recuerdos. Dos días después bajó a “–25 ºC”, y la bahía entera se convirtió en una lápida blanca. El barco quedó atrapado, inmóvil, prisionero del hielo como un juguete olvidado por un gigante distraído. La mar, aquella mar que días antes rugía como una fiera, ahora era un silencio absoluto. Un silencio que no se oía; se sentía. Allí estuvimos atracados “un mes entero”, sin podernos mover, esperando a que un rompehielos de la Armada canadiense viniera a rescatarnos. Un mes de frío, de rutinas suspendidas, de vida detenida… y de una sorpresa que aún hoy me hace sonreír.  Target: la flecha que