A finales de junio se celebró una nueva edición de Artebirgua, el festival literario en la cumbre de Gáldar, que este año -entre unos actos y otros- convocó a un centenar de asistentes en los actos centrales, del jueves 25 al domingo 28. En sus diversas ediciones este encuentro ha contado con la presencia de varios Premios Canarias, así se nombra a Ángel Sánchez, especialmente valorado por ser natural de Gáldar. También han estado presentes Pepe Dámaso, Elsa López y Cecilia Domínguez, esta última es una asidua de las últimas ediciones. En esa isla vaciada de las cumbres, con caseríos, carreteras imposibles y presas ahora llenas de agua, como la de Los Pérez, se han dado cita gente de todas las islas, de distintas generaciones. Con respecto a la edición de 2025 se echó de menos al lanzaroteño Félix Hormiga.
La soledad y el silencio en las Montañas Sagradas de Risco Caído son circunstancias a las que pronto te acostumbras, igual que cuando has de conducir por las estrechas carreteras que llevan a Barranco Hondo, El Hornillo, etcétera, con sus innumerables cuestas y sus curvas. Ahora, como novedad, una pareja ha abierto un bar justo al lado de la fachada de la iglesia de Santo Domingo. En cierto modo es un local social para quienes suben los fines de semana a sus viviendas y recuerdan los años en que vivieron allí su infancia y su adolescencia.
El pasado rural y artesano quedó anclado en la historia cuando se produjo el éxodo de habitantes para vivir en la ciudad, emplearse en el cultivo del tomate y en los establecimientos hoteleros del sur. Originariamente, los agricultores se encontraban con abundancia de agua, de manera que abundaban las huertas y se producía una explotación tradicional con estanques, acequias y cantoneras. Sin embargo, con el paso del tiempo hubo una excesiva explotación con galerías, pozos y presas, que provocaron el agotamiento del acuífero. Entre los hechos que perduran está la trashumancia de los ganados, los rebaños de ovejas.
La sociedad juncalillense tradicional era rural y entró en crisis con el éxodo hacia la costa, cuando allí se requería mano de obra para el cultivo de exportación y para la atención al turismo. Actualmente cuenta con una población envejecida y con unos pocos jóvenes que han mantenido el vínculo con el pueblo.
Manuel Díaz, el poeta-panadero, y su mujer, Noelia, están al frente de todo. Movilizan un equipo hiperactivo con gente que ha de ir al aeropuerto, distribuir las habitaciones, encontrar el adecuado cobijo para los muchos que vienen de aquí y de allá. Cada vez acuden más participantes de las distintas islas, particularmente de Tenerife, y además suele venir algún invitado de la Península. Hubo muchos actos, y en alguna ocasión hasta se celebraron tres convocatorias a la misma hora.
Juncalillo es un lugar especial. Hoy en día es un muestrario de soledad y silencio. El pueblo ha dado a la Iglesia 26 clérigos y 33 religiosas, entre los cuales cabe destacar dos figuras. En primer lugar, la de Jesús Pérez Rodríguez, que fue Obispo auxiliar de Sucre desde 1985 a 1989, año en el que fue promocionado a arzobispo de Sucre, y luego arzobispo primado de Bolivia. También la de Monseñor José Rodríguez y Rodríguez, reconocido sacerdote por su labor humanitaria en Canarias por la cual le han otorgado varios reconocimientos, entre ellos el propio título de Monseñor, que Juan Pablo II le otorgó personalmente en 1993.
A más de 1.200 metros de altitud, el caserío de presenta diseminado entre barrancos. Elemento definidor es la iglesia, bien atendida y reluciente, donde en alguna de las convocatorias se han celebrado actos. También son elementos esenciales del paisaje las casas-cueva, un tipo de viviendas que es compartido con el vecino pueblo de Artenara.