Juan Mendoza
Juan Mendoza
Juan: una vida de lucha, entrega y amor por la lucha canaria

Juan Mendoza Padrón nació el 21 de julio de 1936 en La Atalaya, Santa María de Guía, y su historia está ligada a una de las épocas más auténticas y apasionantes de la lucha canaria, especialmente a los años 50 del siglo pasado. Su entrada en este mundo llegó después de salir del cuartel, cuando su vecino y gran amigo Pancho Castellano fue quien le abrió las puertas de este noble deporte que acabaría marcando su vida.

Sus primeros pasos como luchador comenzaron en los estanques de Llanos de Parra, un lugar humilde, pero lleno de ilusión y sacrificio. Allí, junto a Pancho Castellano, pasó días, semanas y meses entrenando, agarrando y aprendiendo, soñando con llegar a parecerse a los grandes luchadores de aquella época: el Pollo de Anzo, Guajiro, Cubanito II, Artillero, Manuel Marrero y tantos otros nombres que llenaban de admiración los terreros de Canarias.

Mendoza recuerda aquellos entrenamientos con una mezcla de nostalgia y orgullo. No era fácil. Las caídas sobre el duro suelo de los estanques eran dolorosas, pero las ganas de aprender y mejorar estaban por encima de cualquier dificultad. Era una época en la que el amor por la lucha podía más que cualquier sacrificio.

Un día, Pancho Castellano le dijo: “Juan, vamos a luchar en Gáldar”, y aquel momento cambió su camino. El Unión Gáldar sería su único equipo, el lugar donde creció como luchador y donde compartió vestuario con grandes compañeros como Paco Molina, Valerio, Juan Bolaños, Pepe González, Manolo Sucuruco,Antonio el de Calixto y muchos otros. En su época en el Gáldar tenían como puntal a Manolo Silva Sucuruco, un luchador magnífico que gracias a él ganaron muchas luchadas.

En aquella etapa tuvo como mandador a Vicente Román, una persona a la que guarda un cariño y respeto enorme. Para él, Vicente fue mucho más que un entrenador: fue un maestro, un hombre con grandes conocimientos de lucha y uno de los mejores mandadores que ha dado la lucha canaria. Supo sacar lo mejor de Mendoza y ayudarlo a convertirse en un luchador destacado.

También tuvo la oportunidad de entrenar con Los Guanches de Arucas, a donde llegó de la mano de Geño Estévez, magnífico luchador guiense. Aunque nunca llegó a fichar por este equipo, aquellos entrenamientos quedaron grabados en su memoria. Allí pudo compartir momentos con grandes luchadores y llegó incluso a agarrar en algún entrenamiento con el mítico Araña, mandador de Los Guanches de Arucas, al que recuerda con enorme admiración y respeto, guardando de él grandes recuerdos y al que considera uno de los grandes de su época en la lucha canaria.

Juan se emociona cuando recuerda sus mejores agarradas, los grandes momentos vividos en los terreros y aquella época en la que la lucha era esfuerzo, sacrificio y compañerismo. Recuerda con orgullo aquella luchada en la que consiguió tirar a seis adversarios, un día en el que los aficionados, sorprendidos por su actuación, le decían entre bromas: “Juan, ¿qué comiste hoy? ¿Leche de oveja?”.

Hoy sigue mirando con cariño este deporte y habla con nostalgia de una época en la que los luchadores pasaban muchas horas en el terrero, aprendiendo a base de esfuerzo y experiencia. Reconoce que la lucha ha cambiado y que ahora la preparación física tiene mucho peso, pero para él la esencia sigue estando en el agarre, en la entrega y en el respeto.

Mendoza no solo fue un luchador; fue parte de una generación que hizo grande la lucha canaria. Hoy presume orgulloso de un nieto que parece apuntar buenas maneras en este deporte y espera que disfrute y siga manteniendo viva una tradición que él lleva en el corazón.

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