15 marzo 2026 10:03 am
Canarias y el turismo: cuando las cifras récord no llenan la nevera

No hace tanto que pasear por nuestros aeropuertos daba escalofríos. Durante lo peor de la pandemia, ver las terminales desiertas y los hoteles con el cierre echado nos puso frente a un espejo bastante incómodo: nos dimos cuenta, de golpe y porrazo, de lo mucho que dependemos de que otros quieran venir a vernos. Fue una época de ERTEs, de incertidumbre y de preguntarnos qué pasaría si el motor de las islas no volvía a arrancar.

Pero el motor no solo arrancó, sino que se puso a mil revoluciones. Entre 2023 y 2025 hemos visto una recuperación que ni los más optimistas se atrevían a firmar. Los turistas han vuelto en masa, el gasto por visitante ha subido y, si miramos solo los gráficos de los despachos, parece que vivimos una época dorada. A esto se le suma que ahora todo es más caro: dormir, comer fuera o alquilar un coche cuesta bastante más que hace cinco años. En teoría, el negocio va viento en popa.

Incluso cuando algunos pensaban que después del subidón vendría una calma natural, la carambola de la geopolítica ha vuelto a jugar a nuestro favor. La inestabilidad en Oriente Medio y otros puntos del Mediterráneo ha hecho que Europa vuelva a mirar a Canarias como ese refugio seguro de siempre. Vamos, que este año tiene toda la pinta de que volveremos a romper el termómetro de las estadísticas.

Ahora bien, aquí es donde toca hacerse la pregunta que a muchos les escuece: ¿quién se está quedando con el trozo grande de la tarta?

Porque la sensación en la calle es muy distinta a la de los grandes titulares. Está muy bien que los hoteles estén llenos, pero si los salarios de quienes limpian las habitaciones o sirven las cañas siguen por los suelos, algo no cuadra. ¿Cómo es posible que generemos riqueza a niveles históricos y que, a la vez, a una familia canaria le resulte imposible alquilar un piso en su propio municipio?

La paradoja del paraíso tensionado

No se trata de ir contra el turismo, faltaría más. Sería de locos negar que este sector es el que nos da de comer y el que ha permitido que las islas se modernicen. El problema no es que vengan turistas; el problema es cómo se reparte lo que dejan. Hoy por hoy, la vivienda en las zonas turísticas es un lujo prohibido para el residente local, expulsado por la presión del alquiler vacacional y unos precios que están pensados para el bolsillo del que viene de fuera, no para el que trabaja aquí.

Al final, queda esa sensación agridulce de que el gran negocio beneficia a las cuatro cadenas de siempre y a los turoperadores de turno, mientras que el bienestar de la gente de aquí gotea muy despacio, si es que llega a caer algo. ¿Es sostenible un modelo donde el éxito se mide solo por cuántas maletas bajan de un avión?

  • Salarios que no suben: A pesar del aumento de ingresos en el sector.

  • Vivienda inaccesible: El trabajador local ya no puede vivir donde trabaja.

  • Desequilibrio social: Una brecha que cada vez se nota más en el día a día.

Una reflexión necesaria

El éxito real de Canarias no debería ser batir el récord de pernoctaciones cada diciembre. El éxito de verdad sería que un joven canario no tuviera que hacer malabares para llegar a fin de mes trabajando en el sector más potente de su tierra. Tenemos una oportunidad de oro para debatir esto sin fanatismos, con la cabeza fría, pero con la firmeza de quien sabe que las cosas pueden hacerse mejor.

Porque no nos engañemos, cristiano, no podemos conformarnos con ser solo un decorado bonito. Un destino es realmente puntero cuando quienes lo mantienen en pie con su esfuerzo diario pueden vivir con dignidad y estabilidad. Lo entendería hasta el alumno más despistado de la LOGSE: de nada sirve presumir de facturación millonaria si tu gente sigue mirando el escaparate desde fuera.

Como decimos por aquí, no se me haga ahora el inglés, que en Canarias todos sabemos de qué pie cojeamos. Para una cabra partida, mejor un macho «colcovado» que seguir esperando a que la prosperidad baje del cielo por arte de magia. Toca asegurar que la riqueza se quede, de verdad, en esta tierra.

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