La corrupción está presente en todos los partidos políticos que han disfrutado etapas de poder. Por ahora de los escándalos por aprovechamiento económico solo parece librarse Vox, será porque todavía no ha tocado la oportunidad de gobernar en mayoría. Está claro que la codicia es inherente al ser humano, y a los políticos -a quienes se les debe suponer un código estricto de decencia y capacidad de servir a la ciudadanía antes que a sus parientes- se les llena la boca denunciando las malas artes de sus competidores, mientras tratan de esconder la suya propia.
Había siete pecados capitales que tuvimos que aprender en las clases de Religión. Eran soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. La avaricia está bien colocada, en el pelotón de cabeza. Tengo para mí que es el pecado con mayor nivel ya que hay otros como la lujuria, la gula, la envidia y la pereza con los cuales hay que tener cierta condescendencia, porque no somos de piedra sino que estamos sometidos a las tentaciones. Y la soberbia y la ira a fin de cuentas son pecadillos consustanciales a la condición humana. ¿Quién no se enfada de manera acalorada cuando cree tener la razón? ¿A quién no le gusta un poco de vagancia perezosa, el dolce far niente?
Al no existir aquí una adecuada regulación de la financiación de los partidos políticos, observamos que, mande quien mande, funcionan a destajo las provechosas comisiones que cualquier gobernante puede obtener tras el anuncio de grandes obras públicas. Pablo Casado, del PP, denunció que el edificio donde se alberga la sede del PP en la calle Génova había sido construido en base a las mordidas que se obtienen de las convocatorias importantes. Por esta razón duró en el poder lo mismo que un caramelo a la puerta de un colegio. La inefable Isabel Díaz Ayuso tuvo un grave enfrentamiento con él, y fue sustituido por el señor Feijóo. La lucha fratricida se impone. Cosas de la condición humana.
En el PSOE están saliendo a la luz unos graves escándalos que en poco ayudan a mantener la famosa Marca España, y que tan mal hablan del país. El PSOE ha estado bastante en el poder, y desde los tiempos de Felipe González existen malas referencias, porque Juan Guerra, el hermanísimo de Alfonso Guerra, fue un auténtico aprovechado con malos modos para hacer dinero.
Felipe González ganó cuatro elecciones seguidas y en las dos últimas ya había muchas referencias a la podredumbre. Con Zapatero la cosa ha ido mucho peor, por sus frecuentes viajes a Venezuela y su amistad con Delcy y con Maduro, su intervención en el rescate de la aerolínea Plus Ultra, el papel de sus hijas en sus múltiples negocios. Etcétera.
El señor Aznar gobernó dos legislaturas, la primera transcurrió de la mejor manera pero cuando llegó la segunda también se originaron casos de aprovechamiento del poder de manera tramposa. Los escándalos salían en la prensa, el ambiente estaba enrarecido y, cuando llegó su turno, el discreto registrador de la propiedad señor Rajoy cayó con una moción de censura que trajo al poder al señor Sánchez. Una legislatura tras otra hasta llegar a este fatídico momento en que salen a la luz asuntos que dejan en mal lugar a la clase política socialista. Socialistas y peperos practican las mismas maniobras que tanto enfadan a los ciudadanos de a pie.
No basta con pronunciar aquella frase de: ¡y tú más!
¿Van a cambiar las cosas cuando gobierne el señor Feijóo? Parece poco probable que el panorama varíe de manera drástica. También la señora presidenta de la comunidad de Madrid tiene varios casos a través de su pareja, del mismo modo que doña Begoña Gómez ha podido ser igualmente señalada. Nadie se libra de las acusaciones de fraude, malversación, nepotismo, etcétera. Vaya país.
