La Aldea De San Nicolas
La Aldea De San Nicolas
El latido de bronce que anuncia la vida: Cuando las presas de La Aldea rebosan

Hay sonidos que en las grandes ciudades no significan nada, pero que en el corazón de Gran Canaria son capaces de detener el tiempo. En La Aldea de San Nicolás, ese sonido no es otro que el repique de las campanas de la Iglesia de San Nicolás de Tolentino. No es un toque de misa, ni un duelo, ni una celebración de calendario; es un clamor rítmico, alegre y profundo que anuncia la noticia más esperada por un pueblo que sabe, mejor que nadie, lo que vale una gota de agua.

Cuando las nubes se abrazan a los macizos de Inagua y Tamadaba y la lluvia decide, por fin, ser generosa, los ojos de los aldeanos se vuelven hacia las cumbres. Pero la confirmación oficial no llega por redes sociales ni por bandos municipales: llega desde el campanario. El repique que avisa que las presas del municipio están llenas es una tradición que eriza la piel y que conecta a las generaciones actuales con sus antepasados.

Un lenguaje de esperanza

Para quien no conozca la historia de este valle, el sonido podría parecer una simple curiosidad. Sin embargo, para el agricultor que mira sus tomateros, para la abuela que recuerda las sequías de antaño y para el joven que entiende que su futuro depende de la tierra, esas campanas son un canto a la supervivencia.

La Aldea es un oasis de resistencia. En un entorno donde el agua ha sido históricamente un bien escaso y peleado, ver los rebosaderos de presas como la de Siberio, Caidero de la Niña o Parralillo actuar es un espectáculo natural que merece ser celebrado con la máxima solemnidad del pueblo: el bronce al aire.

Más que agua, es identidad

Este repique es un recordatorio de que, a pesar de la tecnología y el progreso, seguimos siendo hijos de la lluvia. Es un momento en el que los vecinos salen a la calle, se miran con complicidad y sonríen. «Ya están llenas», se escucha decir en las esquinas. Es una alegría colectiva que no entiende de edades; es el alivio de saber que el ciclo de la vida en el valle tiene garantizado su sustento por una temporada más.

En un mundo que corre demasiado rápido, La Aldea de San Nicolás se detiene a escuchar sus campanas. Es una tradición hermosa, sencilla y cargada de verdad. Porque en este rincón de la isla, el agua no solo llena las presas; llena el alma de un pueblo que sabe agradecer al cielo cuando la tierra, por fin, se sacia.

Que sigan sonando las campanas, porque mientras su eco recorra el valle, habrá esperanza, habrá cosecha y habrá vida.

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Valleseco bate récords y consolida la IV Feria Regional de la Sidra como el gran escaparate gastronómico de Canarias

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Uno de los aspectos más destacados de esta cuarta edición ha sido el importante papel que desempeñan las mujeres en el crecimiento, la innovación y la consolidación del sector sidrero canario. Cada vez son más las mujeres vinculadas directamente a la producción, comercialización, promoción y transformación de la sidra, liderando proyectos empresariales, impulsando nuevas líneas de innovación y aportando una visión moderna y sostenible a un producto profundamente ligado al territorio y al sector primario. La presencia de productoras, elaboradoras y emprendedoras durante toda la jornada volvió a demostrar que el futuro de la sidra en Canarias también se escribe en femenino, convirtiéndose en una pieza clave para seguir posicionando a Valleseco y al Archipiélago como referentes gastronómicos y agroalimentarios dentro y fuera de Canarias. La iniciativa ha contado con la financiación del programa Financia Dinamiza Rural, impulsado por el Gobierno de Canarias, a través de GMR Canarias y la marca Volcanic Xperience, además de la Consejería de Presidencia del Cabildo de Gran Canaria, y ha sido organizada por el Ayuntamiento de Valleseco. La jornada estuvo marcada por un ambiente festivo, familiar y multitudinario, donde la sidra, la gastronomía de kilómetro cero y las tradiciones populares fueron protagonistas absolutas. Desde primeras horas de la mañana, el recinto ferial y la Plaza de San Vicente Ferrer registraron una afluencia constante de visitantes, agotándose numerosos productos antes de las 14:00 horas. Los más de 1.500 pinchos elaborados por diferentes restaurantes y bares del municipio, y repartidos por el alumnado del IES Bañaderos, fueron consumidos en su totalidad antes de media tarde, confirmando el éxito de una feria que continúa creciendo edición tras edición. La sidra volvió a situarse en el centro de todas las miradas. Sidra Tuscany registró una demanda constante durante toda la jornada, mientras que El Lagar de Valleseco volvió a demostrar por qué es una de las grandes referencias del sector, avalada por más de 25 premios nacionales e internacionales. También despertaron una enorme expectación las innovadoras elaboraciones de Valle Secreto, el proyecto impulsado por Antón Delgado, que sorprendió al público con sidras aromatizadas de higo, kiwi o limón, apostando por la investigación, el desarrollo y nuevos formatos vinculados a la manzana canaria. Uno de los grandes fenómenos de esta edición fue el vermut elaborado a base de sidra presentado por Sidras Fierro. Las 200 botellas de “Sidermut” previstas para la feria se agotaron prácticamente durante la jornada, generando una enorme expectación entre el público asistente. José María Déniz Fierro, responsable de Sidras Fierro, destacó el impacto que ha tenido esta innovadora propuesta: “El no-vermut de Canarias, como decimos nosotros, ha sido toda una revolución. No esperábamos esta aceptación. Todo el mundo venía preguntando por él porque lo habían escuchado en radio o visto en televisión. Cada persona que lo probaba acababa reservando una botella”. Déniz Fierro aseguró además que la Feria Regional de la Sidra de Valleseco “es el mayor escaparate que tiene actualmente la sidra canaria”. “Hemos participado en muchas ferias, pero ninguna tiene esta respuesta del público. Ver a tanta gente disfrutando de nuestras sidras, incluso visitantes llegados desde Asturias o el País Vasco, es un auténtico orgullo”, añadió. La representación regional volvió a marcar esta cuarta edición con la presencia de sidras procedentes de Tenerife y La Palma, entre ellas las elaboradas por Castro & Magán y Sidra La Mirla, consolidando el carácter autonómico de una feria que continúa creciendo y posicionándose como referencia del sector sidrero en Canarias. La gastronomía local y los productos de cercanía tuvieron igualmente un papel destacado. Los quesos artesanales de Quesos Cardona sorprendieron especialmente con variedades afinadas con sabor a sidra, mientras que la miel artesanal de la marca Macaronesia volvió a conquistar al público por su calidad y autenticidad, convirtiéndose en otro de los productos más demandados de la jornada. La tradicional Fiesta del Huevo Duro volvió a reunir a miles de personas en la Plaza de San Vicente Ferrer. 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